lunes, 23 de abril de 2018

Porque éramos jóvenes...

Hoy es el día del libro, uno de los pocos días que me gusta celebrar. Espero animarme y salir como los libros a la calle...

Para celebrarlo quiero dejar este libro de JOSEFINA ALDECOA "Porque eramos jovenes". La historia de un hombre muerto cuya personalidad y vacilaciones se desvelan a través de tres personas: su mujer, un amigo y un antiguo amor. La historia se contempla desde los tres puntos de vista, un enfrentamiento presente entre el amigo del protagonista y su viuda; una indagación a través de momentos clave del pasado del muerto y las cartas del amor perdido.

Conservo un artículo de El Cultural-El mundo escrito por Gusi Bejer y voy a copiaros algo:

“Éramos alegres porque éramos jóvenes”, dice Julián. En 1957, David, la francesa Annick y el propio Julián pasaron unos días de verano en Ibiza. David y Annick vivieron, bajo la atenta mirada del amigo, el espejismo de un amor que podía atravesar los años y fundar una vida basada en la libertad y la alegría, que opondrían a la mustia realidad de la sombría España franquista. Pero esa vida en común, que forzosamente debía hacerse realidad en otro país, sólo existió como utopía. Desde Nueva York, donde se ha instalado para desarrollar su carrera como psicóloga, Annick escribe a David invitándole a reunirse con ella. Desde 1958 hasta 1974, sus cartas encierran el recuerdo de Ibiza, infundiéndole una luz que terminará por apagarse. La melancolía da paso a la amargura según comprende que David nunca se decidirá por la opción idealista; que el rebelde encierra a un pragmático fascinado por la riqueza y el triunfo social. En Madrid, firmemente amarrado a su matrimonio con la desdeñosa, rica y gélida Genoveva, alcanza sus metas, a costa de un vaciamiento sin vuelta atrás. Annick se resigna a ser la mala y buena conciencia que en vano protesta por tanta claudicación.

La prosa de Josefina R. Aldecoa se caracteriza por una exactitud que atrapa los hechos y motivaciones; escrita en 1985, años de yuppies y arribismos, toda la novela está traspasada por una melancolía que parece encontrar su justificación en un tiempo que no dejó sombra de las ilusiones juveniles. 

Reflexión personal:

Cuando volví a releer este libro ya no era tan joven y comprendí que si entonces no volamos lo suficiente fue por ese miedo que nos inculcaron al que dirán, al menos en mi caso. Con los años las alas se fueron oxidando y los vuelos se hicieron cortos aunque ya conocemos la vida demasiado bien y sabemos que el tiempo perdido no puede recuperarse. 
Cuando éramos jóvenes las personas de mi edad me parecían viejas y resulta que si, es verdad que nuestra cara es un mapa, y no sabemos cuando empezó la cuenta atrás. Ahora sólo cuento días y mi mente no se ve reflejada en esa imagen que devuelve el espejo.


13 comentarios:

  1. Pero a Dios gracias tenemos salud ¿no te parece?

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  2. Esta escritora me encanta. Hace años lei un libro que se titula La maestra y tengo muy buenos recuerdos.

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  3. Espero que pasaras un buen día. Un beso.

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  4. Bonito homenaje en el dia del libro.Conozco a la autora desde el bachillerato y me gusta.
    Besucos

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  5. Que no te veas reflajada en esa imagen que te devuelve el espejo, es el mejor síntoma de la realidad que te embarga hoy... ¡La única que hay/tienes! ¡¡Vívela!!

    (Yo de hecho no me miro ni la espejo jajajajajaja)

    Fuerte abrazo.

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  6. Hola paso para dejarte un saludo y todo mi cariño.

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  7. ¡Qué buena reflexión has hecho, Alondra! "Porque éramos jóvenes" es el título del libro y ahora ya no lo somos, pero toda esa imaginación, los sueños y la necesidad de desgranar sentimientos a través de las palabras, de contar historias, es algo transversal en la personas y lo que hace que interiormente sigamos unidas a la niña que fuimos y no nos reconozcamos en la imagen del espejo.
    Un abrazo, Alondra. Me gusta como planea tu vuelo.

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  8. Me atrae ese tipo de técnica de recordar a partir de la memoria del muerto, siendo éste el protagonista con en este texto de Aldecoa. Me hizo recordar la pieza de teatroi, Guadalupe años sin cuenta. Y la reflexión memorable: hay que volar cuando estamos a tiempo, sin temor, así nos digan como en la canción de Alberto Cortez..."pobre idiota". UN abrazo grande. Carlos

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  9. Ayy,Alondra!!
    Mi mente tampoco se ve reflejada ,pero cómo han pasado los años!!
    En un pestañeo!
    Pero bueno,mejor cumplirlos que no.
    me parece que el libro tiene una forma de presentar a la persona que ya no existe,muy peculiar,pero por otro lado,cuánto vale el testimonio de los que le conocieron(mientras fuera de verdad)
    Y eso es lo que tenemos que dejar aquí ,huellas blancas ,llenas de cariño.
    Me gusta que escribas sobre este tema
    Besucos

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  10. Es muy cierto Alondra, nuestras alas se oxidaron y no pudimos volar tan alto como nos hubiera gustado, pero hoy aún, podemos hacerlo, aunque tengamos alguna limitación por la edad, pero no debemos renunciar a los sueños que un día eran rayos de sol en nuestras vidas.

    Un abrazo con cariño.
    Ángeles

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  11. la verdad quise volver a leer lo que escribí y no lo vi mas ,no se si entró o no .
    buenos días .
    perdona pero me quedé mal...
    abrazos

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  12. Bueno en el anterior te daba las gracias por tu visita cariñosa a mi blog y a la vez te decía que me gustó mucho tu comentario ...
    Besos

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