viernes, 19 de mayo de 2017

Decisiones.


Los que saben de lo que hablan dicen que vivir es complicado, pero resistir el vaivén de nuestro barco en alta mar lo es aún más... Y en mi pequeño cuaderno algún día anoté: todo sucede por algún motivo: primero, el derecho a elegir; segundo, la responsabilidad de elegir; y tercero, los resultados de elegir.

¿A qué viene toda esta palabrería? Últimamente estoy en uno de esos momentos en que simplemente dejas la vida pasar pero mi cabeza se niega, y me hace pensar aunque sea mirando al techo porque sigo teniendo sueños y deseos por realizar, el problema es como tomo la decisión y me lanzo al agua.

Ya sé que debemos ser nosotros los que llevemos las riendas de nuestra vida y no al revés que la vida pase ante nosotros como una película en la que los protagonistas son otros. También es verdad que hay decisiones que ponen tu vida del revés pero aunque esas decisiones no se puedan deshacer siempre podrás decidir de nuevo. Claro que debemos intentar pensar en los riesgos que podemos tolerar y las ventajas que puedan llenar nuestra vida interior. Ninguna decisión es totalmente correcta y tampoco podemos predecir sus consecuencias pero la vida es más corta de lo que pensamos así que ¿por qué no caminar hacia lo que anhelamos?

En fin, últimamente no sigo los consejos que doy y sinceramente tampoco me gusta darlos, pero si me preguntáis algo os aseguro que seré realista, si yo haría o hice determinada cosa te puedo contar como me fue. Las decisiones hay que tomar cada uno las suyas así lucharás por ellas y si no sale bien, tendrás el valor de soltar amarras y no culpar a nadie. Eso si, es tan difícil colocar los trozos rotos de nuestra decisión fallida y recomponer el amor propio para no perder la dignidad...

¡Qué cosas! estoy perdiendo el tiempo pensando en los problemas y aquí sigo, sin afrontarlos.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Día de las letras gallegas.

Imagen y parte de su biografía extraída de http://fundacioncarloscasares.org/biografia/


Hoy es el día en que se hace un homenaje a escritores en lengua gallega. Este año es Carlos Casares el elegido por la Real Academia Gallega.
 
Nació en Orense el 24 de agosto de 1941. En los años 60 se marcho a Santiago de Compostela a estudiar Filosofía y Letras. Allí entra en contacto con un grupo de estudiantes galleguistas y participó en actividades culturales que contestaban el oficialismo franquista.
En su primer trabajo Casares es acusado de “comunista” por pretender que los niños pobres del pueblo pudieran acceder gratuitamente a los servicios del comedor escolar por ello, fue expedientado e inhabilitado para impartir la docencia en todo el territorio gallego. En 1982, Casares es elegido diputado al Parlamento de Galicia se presentó como galleguista independiente en las listas del PSdeG-PSOE, fue la época en que se aprobó por unanimidad la Lei de Normalización Lingüística, en sus debates y redacción Casares jugó un importante papel. Es para destacar que tenía 60 años y en compañía de ochenta escritores europeos mucho más jóvenes que él, recorrieron en tren durante mes y medio Europa desde Lisboa a San Petersburgo. Murió el 9 de marzo de 2002.

Casares fue un hombre leal a sus principios, a sus amigos. Abrió la puerta de su universo fantástico: reyes, caballeros normandos, espíritus, alquimistas, obispos, falsos santos y gente normal sale al encuentro del asombrado lector. Es un autor capaz de hilvanar historias de temática y estilo diverso y, si te acercas a su libro Juegos de la guerra, demuestra un profundo conocimiento de la psicología humana.
El día anterior a su muerte entregó a la editorial Galaxia la versión definitiva de O sol do verán.

Voy a la estantería de autores gallegos, abro el libro y copio un pequeño fragmento que recrea la memoria de la infancia y juventud desde un presente de amor y muerte que tiñe de nostalgia y melancolía el paraíso del ayer perdido.


...nin siquera o sonriso franco desde a solaina serviu para suavizar aquela sensación que eu tiña de estar vivindo fora do tempo, como se tratase inutilmente de apreixar entre as mans a auga transparente daquel río que tantas veces tiñamos contemplado xuntos desde a solaina, como un soño, nas cálidas noites de tantos veráns.