martes, 24 de mayo de 2016

Hablando de lo que me gusta.

La luz tiene un desposorio con las artes, acepta ser manejada, no dominada… El arte es como un líquido que adquiere la forma del recipiente en que se vierte. Esa creación tomará el aspecto de escultura, música, literatura, según su dominación se ejerza sobre el volumen o el tiempo, el ritmo, la palabra o el color. La luz no se deja domesticar, sino que reta al que la mira e impone su infinita monarquía. (Palabras de Antonio Gala en el prólogo del libro La Luz en la Pintura)

En una de las obras de Ramón Pérez de Ayala, escritor y periodista español. Ponía en la boca de un pintor aficionado: “Todo el aquel de ser pintor consiste en distinguir la luz de cada día de la semana, más que en distinguir los colores. ¿Quién no distingue el rojo del azul y del amarillo? Pero hay muy pocos que distingan la luz del domingo de la del viernes o el miércoles… Las cosas son como son, sólo que los hombres tardamos en verlas. El sol de entre semana tiene una luz que alumbra, y aun calienta; pero no anima…”

Para esta alondra el dibujo y la pintura era  un don para expresar sentimientos, emociones o ideas, mediante imágenes del mundo exterior o interior.  Los aficionados, como yo, a veces trabajamos deprisa, te equivocas, rectificas, y al final incluso no plasmas la idea que tenías… Allí estaba la mañana luminosa y el anciano con el perro paseando por la playa, tu querías describir esa sensación de quietud, de soledad, de paz… y al final tu estado de ánimo te llevó a pintar un atardecer; cuando el sol se oculta, cuando la luz es más fría, con el aroma de la tierra mojada y tus pies pisando sobre hojas caídas, un regreso a casa con el suave rumor del río y el sonido de los pájaros que buscan también su nido.

Nunca hablo de lo que representa lo que pinté, demasiado íntimo para exponerlo a los demás. Puede no representar nada especial o puede representar un todo del instante de armonía en que lo creé. Es como un gran amante, siempre está dispuesto a dar amor y no le preocupa si se lo devuelven o no.

Cuando vamos a un museo o una exposición intentamos preguntarnos qué quiso decir el autor. Y no estoy en contra de intentar explicar una obra de arte, es una forma de educar la sensibilidad artística. Ayuda al que observa a penetrar en ella. Pero no siempre debe ser así, hay comentarios que desmerecen la obra. Un cuadro es una ventana a la imaginación, cada cual puede hacer su propia lectura.

Los pintores del Renacimiento fueron los primeros en desarrollar la técnica del óleo, les permitía utilizar una amplia gama de colores y matices para alcanzar el realismo que les caracteriza. Muchos son retratos de personas, al no existir la fotografía quisieron plasmarse para la posteridad y encargaban al pintor la obra.



Los desnudos de ciertos autores no sólo representan la vanidad o la lujuria, un cuerpo desnudo es lo más natural del ser humano, sin artificios que escondan. Yo soy negada para ello, se me resisten, los pocos bocetos que hice a carboncillo, los guardo para mejorar y nunca encuentro el momento. Personalmente, el mejor desnudo de la historia del arte es “La Venus del Espejo” de Diego Velázquez, aún hoy las obras de este español producen una mezcla de incredulidad y asombro por su realismo. Este cuadro se encuentra en el Museo Nacional Gallery de Londres.

Como ven no es un desnudo provocativo, bueno, según los ojos que lo miren. La mujer se encuentra de espaldas al espectador contemplándose en el espejo. Tal parece que esa Venus que engaña a Vulcano no tiene atención ni para Cupido, su hijo, quien le sujeta el espejo, sólo mira su rostro. La armonía de colores: blanco, gris, carmesí que acompañan la piel, refleja una luz de belleza, verdad y engaño. En fin, supongo que las sombras las crea nuestra mente. (Por cierto es el primer desnudo integral de la pintura española)


Publicado por primera vez  el viernes, 31 de julio de 2009 en "un puente de palabras"

miércoles, 11 de mayo de 2016

A vosotros...




Nunca  imaginé que se pudieran vivir momentos tan bellos compartiendo palabras a través de esta ventana. ¡Gracias!  por seguir mis fantasías y mis realidades, mis sueños y mis temores. Ah!!! sobre todo por alegrarme cada vez que llego y encuentro vuestro afecto.