martes, 9 de febrero de 2016

Rincones lucenses en la noche.





























Soy una viajera de distancias cortas porque las horas en casa se hacen eternas. Cada ciudad es un enigma, en la mía, la noches de los fines de semana rebosa vida; la zona de la Calle de la Cruz y la Rúa Nova, la de los vinos y tapas, es una fábrica de euforia que se extiende por todo el centro amurallado.



















En en el día a día, cuando cierran los comercios el centro se queda vacío. La noche ofrece un encanto especial y la luz le da un toque mágico a las piedras.


La vida se nos ha vuelto del revés y hemos dejado atrás otros tiempos más tranquilos donde el pasear era entretenimiento oficial. Los cambios laborales, familiares y personales hace que la gente vaya de casa al trabajo y siempre corriendo. 




Pasear las calles despacito, viendo con tranquilidad los rincones de la ciudad histórica es uno de los placeres que últimamente tengo. No soy buena fotógrafa pero hoy quiero compartir con vosotros. También sois compañeros de la noche.







Las farolas de hierro forjado, nostalgia de tiempos pasados, embellece con sutileza los viejos edificios y la luz se refleja en el agua que moja las calles con esa lluvia menuda del invierno. Escuchando las campanas de la catedral, que marcan el ritmo de los cuartos de hora sigo caminando con mi amiga peluda...

Hay noches que te ofrecen momentos que dieron luz a tu vida.