viernes, 27 de marzo de 2015

Continuación... de las palabras a la piel




Esta noche será la última, la semana pasó volando, dices que nos soñaremos y así suprimiremos la distancia, yo voy añorarte, a solas, tu recuerdo compartirá fantasías y llantos, ya no sé lo que está bien o está mal; en fin, como bien dices, esto es como un cuento, sólo un cuento compartido.

Hace frío, la chimenea encendida, olor a leña aquí en la cabaña de nuestros encuentros. En la mano la botella de vino tinto, el zumo de esas uvas de las viñas de tus antepasados que a lo lejos ya tienen el color del otoño. Quiero darte la sorpresa cuando llegues, en la mañana, al despertar ya no estabas en la cama. Recuerdo un beso en la modorra, un agradable olor a café dándome los buenos días y sobre la mesa de la cocina margaritas en un vaso de agua.

Visto la mesa con un antiguo mantel de tu abuela, coloco las copas de cristal fino de los días especiales. ¿Por qué será esa manía de las mujeres de guardar cosas para días especiales? si a lo mejor nunca llegan… En la vida todo cambia en un parpadeo.

Nuestra conexión no me deja pensar en la locura de nuestra situación. Por arte de magia llegaste desde una ciudad que nunca hubiera pensado visitar y descargaste un impulso capaz de descontrolar a la persona más prudente y equilibrada. En este momento  no pienso, no razono, simplemente sueño que nuevamente mi piel navegará en la tuya.

Cada vez que escucho el sonido de un auto me acerco a la ventana... con la mano dibujo un corazón en el vaho del cristal y pienso en la certeza de que los polos opuestos se atraen. ¿Me parezco en algo a ti? Tienes una visión amplia de las cosas; práctico más que especulativo, reservado e independiente y desde luego, me demostraste que si quieres algo, vences cualquier obstáculo. No obstante, aunque intentas esconderlo para que no te hieran, ¡qué tierno eres! y esa sensualidad… Ya ves, soy como cera en el fuego de tus manos, eres el dueño de la parte impulsiva sin frenos y sin complejos de esta cobarde, cuyas decisiones están marcadas por unas pautas impuestas por la sociedad donde vivo y sobre todo por unas circunstancias que yo creé y a las que no voy a renunciar.

El Land Rover enfila ya el sendero a la cabaña, el sol se fundió en el horizonte. Seco apresuradamente  las lágrimas que pelean por salir, esta noche no, esta noche todavía es nuestra. Quiero que vuelvas a repetirme: “contigo huelo el pan recién sacado del horno”… esa frase me sabe a hogar, no a besos que se llevará el aire.

Epílogo:

Han pasado cuatro años y a veces para Hm...

Vuelven vagos recuerdos,
de ayeres olvidados.
Crepúsculos vividos,
en tiempos ya pasados.
 
(Ebelím)

lunes, 23 de marzo de 2015

De las palabras a la piel...

El sueño ya era realidad. Se levantó el telón de nuestro teatro particular y la obra la fuimos improvisando. Una batalla de voluntades donde el ganador seríamos los dos porque la derrota seria dulce.
¿Quién fue el seducido y quién el seductor?... Lo intento y no logro recordar como empezó esa hermosa historia en donde encontré la fantasía perdida.
El lugar una casa alejada de la ciudad, y con tus palabras primero y con los hechos después, lograste que yaciera desnuda sobre una mullida alfombra frente a la chimenea encendida. Cuántas veces me describiste como recorrerías mi cuerpo con la yema de los dedos siguiendo las caprichosas formas que dibujara el fuego... Tú, lejano, inalcanzable, pero dueño de fantasías en que todo lo vivíamos y todo lo probamos…
Me quitaste la gabardina mojada por la lluvia al salir del auto y cruzar corriendo hacia la puerta, lo hiciste con gesto lento, mirándome a los ojos con una sonrisa franca que hizo desaparecer todas mis dudas.
Había escogido cuidadosamente la ropa, y te di el pañuelo que llevaba al cuello mientras me sentaba en el sillón orejero de mimbre que crujió rompiendo el silencio.
Estabas en terreno propio y te movías con seguridad, cuando te volviste para abrir una botella de vino y llenar las copas, desabroché furtivamente un botón de la blusa, casi asomaba el encaje del sujetador blanco que cubría mi pecho. Mis labios llevaban algo de brillo, y al cruzar las piernas la falda subió convenientemente hasta casi la mitad del muslo.
Cuando acercaste la copa, no diste la menor señal de haber advertido ninguna de mis ingenuas maniobras de seducción y te sentaste en el otro sillón, los dos frente a frente…
La conversación surgió con facilidad, era el encuentro tantas veces esperado; palabras cálidas y miradas volando sin control; hacia los cuerpos, a las bocas, a las manos...
Crecía el deseo de ese primer beso y no lograba vencer la timidez, dónde estaba la mujer desenvuelta que él conocía tanto.
¡Dios mío! ¡qué agonía! … Creo que mis respuestas empezaron a ser incoherentes porque me preguntaste:
- ¿Estás bien? Pareces distraída.
Mi voz sonó casi ronca cuando te contesté:
- Perdona, no suelo tomar vino, creo que estoy un poco mareada
Te acercaste a mí y sentándote en el brazo del sillón me cogiste la mano.
- ¡Estás helada!, dijiste sorprendido. ¿Tienes frío? Ven, acércate al fuego.
Nos sentamos en la alfombra, me rodeaste con tus brazos y mi corazón golpeaba a un ritmo más loco. No lograba controlarme. No era así como había imaginado la tarde. En mi mente, los días previos, habían rondado imágenes de lenta seducción por tu parte, mientras yo, jugaría contigo como el gato y el ratón, hasta que viera en tus ojos un deseo imposible de contener. Sin embargo, nada se estaba desarrollando como había previsto, el que llevaba el control eras tú y yo era la que escondía la mirada para que no vieras en ella el deseo. Me fastidiaba enormemente que leyeras en mí con facilidad, mientras parecías divertido con el rubor de colegiala a estas alturas de la vida.
- ¿Sabes lo que más me gusta de ti?  El tono de tu voz había cambiado, era peligrosamente suave. Tu boca rozando mi pelo seguía murmurando…
- Lo que más me gusta de ti es esa mezcla de timidez y audacia, es esa dulzura y picardía de tus palabras.
No me atrevía a moverme, miraba insistentemente las llamas, sentía la cálida caricia de tu aliento, el corazón parecía que fuera a saltar del pecho; la humedad de tus labios paseándose por la comisura de mi boca; las manos suaves en mi cintura, en mi espalda... Cerré los ojos para concentrarme en las miles de sensaciones que en mi cuerpo se producían, en ese momento sólo deseaba sentir...
- No vamos hacer nada que tú no quieras. Tomaremos el vino y disfrutaremos de la mutua presencia. ¿Me tienes miedo?
El ¡no! apenas fue un susurro… Intenté relajarme, estaba en un entorno ideal, con un hombre que me excitaba, no quería perderme lo que iba a suceder. ¿Por qué no podía sencillamente dejarme llevar?
Te acercaste nuevamente y entonces cerré los ojos, ya no luché más contra mi misma, simplemente me inundaron las sensaciones... Deseaba que me encontraras hermosa en ese momento a la luz del fuego.
- ¿Te fías de mí?
-¡No!, lo dije sin pensar, sin embargo respondía a la verdad. Físicamente éramos dos desconocidos.
Me rozaste suavemente los labios y ya no quise perder la oportunidad tantas veces anhelada. Me dejé embargar por tu aliento cálido y el contacto húmedo y suave de unos labios que hacían círculos y describían espirales alrededor de mis pechos, que recorrían la piel centímetro a centímetro, suavidad acariciante que a la vez me provocaba un estado de auténtico frenesí.
En ese instante volví a recordar que el deseo duele, duele y quema... y el cuerpo se arquea buscando alivio.
- ¡Por favor! ¡Te lo suplico! ¡No puedo mas!...
Cuantas veces escritas esas palabras, hoy los dos saciaríamos el hambre de piel.

Dedicado a mi amiga Hm. La auténtica protagonista de la historia.

domingo, 22 de marzo de 2015

"Aquellas pequeñas cosas": Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat

Canturrear para alejar fantasmas, ser como un pájaro salvaje. Seguir siendo yo misma por mucho que pienso que he cambiado...
Escuchando esta canción te comparo a esas pequeñas cosas. Si existieras, si algún día te acordaras de mi, donde quiera que estuvieras, quizás recordaras la luz de esa luna llena que nos cobijó a los dos...
A veces, la melancolía despeja la niebla y uno vuelve a los lugares donde despertó a la vida, a ese amor fugaz que se convirtió en eterno.
Dicen que los escritos más hermosos surgen en tiempos de oscuridad pero también se pierden momentos únicos cuando las lágrimas no te dejan ver el sol. 


.

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve...

jueves, 19 de marzo de 2015

Para Aly



Esta canción habla de que en algún momento de nuestra vida, debemos tomar decisiones importantes.



Querida hija:
Naciste el día de San José y día del padre. Te recibimos como un hermoso regalo de amor y con toda la ilusión del mundo.
Hoy, es un día especial para ti y para toda nuestra familia ¡tu cumpleaños! Deseo que el largo camino de la vida no borre tu hermosa sonrisa, que consigas los logros que te propongas, anheles y desees. Disfruta cada paso, cada nuevo amanecer ...




Hoy no podré abrazarte personalmente, pero sabes que el amor de tu madre lo tendrás siempre. ¡Vuela!




Feliz cumple TQs.M.!!!!!








domingo, 15 de marzo de 2015

Por el sendero...

¡Por fin un descanso en la pesadilla! Atardecía y paseábamos al lado del río hablando de lo divino y lo humano. Al llegar a la presa nos sentamos en el tronco de un árbol caído y sin la presión del reloj recordamos cómo nos conocimos, nuestros inicios y mucho de lo vivido hasta el día de hoy.

Viendo la fuerza del agua comparamos nuestra historia como ir en una canoa. El río estuvo lleno de desafíos, sueños, esperas, despedidas, incluso algún titubeo, pero ambos remamos a la vez y logramos bajar la corriente. 

La noche llegó recordando instantes vividos y silencios no compartidos. De regreso, la luna apareció espléndida en un cielo despejado y lleno de estrellas. El viento del norte soplaba con fuerza y me puse la bufanda, por el sendero pensaba que quizás esa era la clave: aportar luz, sin deslumbrar, al servicio de una empresa común. Aunque, quizás, puse mi vida en pausa para dedicarme a tiempo completo a esa empresa y no construí suficientes muros de contención... 

Sin duda hicimos un largo recorrido ... miro hacia atrás y no sabría a ciencia cierta decir cómo ni de qué forma he llegado hasta aquí, pero aprendí, que hasta el más fuerte necesita de la fuerza de otra persona con la que alimentar la esperanza.


miércoles, 11 de marzo de 2015

Entretejiendo...

Cuatro deliciosos días de sol que calentó los huesos que crujían después de tanta humedad.



Y si la vida se nos vuelve gris a golpes de agua 
sabemos que el cielo al aclarar 
la volverá a pintar mañana...(R.Esmoris)


Últimamente no tengo secretos. Los que tuve son joyas guardadas en el cofre de mis tesoros. A veces, en el cerebro hay espacios inmutables donde se quedan los fantasmas como sombras, un día te das cuenta que se fueron diluyendo... No recuerdas el sabor de la piel, tu cuerpo ya no sería la justa medida del suyo, ya no te asalta el deseo en las noches insomnes. El fuego se convirtió en ceniza.

Seguirán naciendo cada día miles de preguntas sin respuesta, mil promesas sin cumplir, mil sueños sin ser realizados, mil besos para entregar pero como decía el escritor venezolano Uslar Pietri: “no hay nada mas maravilloso que la palabra que te permite llevar a los otros lo mejor de tu propio ser.”

Estos días son primavera y esta alondra no pierde el tiempo siendo espectadora de su vida, soy autora y protagonista.


martes, 3 de marzo de 2015

La casa grande



Érase una vez, a las afueras del pueblo, siguiendo el camino que hoy lleva al río, donde sobresalen unas rocas entre la maleza, existió una casa blasonada con una pantera negra y habitada por una elegante anciana; pelo blanco siempre en un recogido impecable, vestida de negro y con una voz tan dulce que era capaz de hipnotizar un pájaro.

Vivía con un mayordomo encorvado y mal humorado que llegaba cada viernes al pueblo a comprar y siempre llevaba un saco de harina y otro de azúcar; en invierno y en verano. No hablaba con nadie, cargaba los dos sacos en la carretilla y acompañado de un perro flaco, regresaba desandando el camino.

La anciana en verano, se sentaba bajo el emparrado a la entrada de la casa, en una mecedora que chirriaba al moverse. En invierno, desde el camino se veía su cabeza a través de la ventana balanceándose arriba y abajo. Los niños con su imaginación desbordada le llamaban la bruja de la casa grande.

Margarita y Paco tenían que pasar todos los días frente a la casa para ir al colegio, vivían al otro lado del río, cruzando el puente. Siempre les llamaba la atención el aroma dulce y embriagador que venía desde la casa. Aquella tarde de Mayo los días habían crecido mucho, dentro de poco darían las vacaciones, y Margarita le dijo a Paco:
_ Te atreves y vamos a ver la casa grande?

Paco presumiendo de valiente, no se hizo de rogar, atravesando el campo de trigo que estaba lo suficientemente alto para caminar sin que los vieran se acercaron a la ventana trasera. La elegante dama, con un mandil blanco sobre su vestido negro daba vueltas en una enorme vasija con un cucharón. Mientras el mayordomo sacaba del horno unas enormes placas de hierro llenas de rosquillas.

El olor a vainilla y anís hizo que sus papilas gustativas se revolucionaran y un hilillo de baba comenzó a caer por la comisura de la boca de Margarita y Paco. Tan ensimismados estaban mirando para las rosquillas que no se dieron cuenta que la anciana se acercaba a la ventana. Quisieron echar a correr pero ya era tarde, la voz dulce los había atrapado…

– ¡Pasar!, la puerta está abierta, ¿no os dijeron que es de mala educación mirar a escondidas?

Margarita no necesitó más para bajar de la piedra donde se habían subido y dirigirse a la puerta de entrada a la cocina.

_ ¿Queréis probar una?
_ ¡Siiiiiii! Contestaron los dos a la vez

Entonces doña Filomena, como le llamó el mayordomo, cogió dos rosquillas calientes y las echó en la vasija que tenía sobre la mesa, a continuación con un hierro largo las sacó chorreando un líquido brillante y las puso en un plato frente a los niños.

_Esperar un poco, no os queméis.

Mientras ellos no dejaban de mirar las rosquillas que desprendían el olor dulzón que llegaba al camino, el ladrido del perro puso en alerta al mayordomo que se dirigió a la entrada principal de la casa. Ya estaban disfrutando de dulce tan delicioso cuando llegó un hombre alto y con una barriga grande, las mejillas coloradas y un vozarrón que hizo escapar al gato que dormitaba junto al fuego.

Empezó a cargar en la carreta ensillada a un burro color ceniza, cuatro grandes canastos de rosquillas. Luego, más rojo todavía por el esfuerzo realizado, regresó; bebió un vaso de vino que la anciana puso a su lado y él sin más, dejó una bolsa llena de dinero sobre la mesa.

Desde aquel día Margarita y Paco parecían los nietos adoptados de Dña. Filomena, incluso Federico, que así se llamaba el mayordomo resultó ser muy amigable. Durante las vacaciones de verano todas las mañanas le ayudaban en el gallinero recogiendo huevos, mientras Federico mugía las vacas y Dña. Filomena preparaba lo necesario para hornear sus deliciosas rosquillas.

Pasó el tiempo y cuando ya Margarita y Paco eran novios murió Dña. Filomena. Federico recogió sus pertenencias, vendió lo que había en la casa y cuando ya les daba el último abrazo en la estación del tren les dijo:

_ Esto es para vosotros…

Y fue así, querida nieta, como tu abuelo y yo en vez de seguir la tradición y ser labriegos nos convertimos en artesanos pasteleros. Federico nos regaló la receta con el secreto de las rosquillas y ahora comprenderás el nombre de la pastelería: “ La Casa Grande ”