martes, 20 de enero de 2015

Carlos Pelikan Rotter (Perot)


No sé cómo se llama este cuadro, y la persona que lo tiene colgado (en fotografía) en su salón, sólo me proporcionó el nombre del autor: Carlos Pelikan Rotter, conocido en los medios plásticos chilenos como Perot.
Ante este paisaje me siento como esos escritores que utilizan el mar como inspiración sin haber navegado nunca y los sucesos de sus obras los ambientan en la orilla, en los tranquilos pueblos pesqueros refugio de esas barcas esperadas al atardecer y tan frágiles cuando enfilan la proa cortando las aguas del mar. Y recuerdo los versos de Gabriela Mistral, que siendo de tierra adentro mece sus amores en la orilla marina…
"Al costado de la barca / mi corazón he apegado, /al costado de la barca, / lávalo, mar, con sal eterna; / lávalo, mar, lávalo mar, / que la Tierra es para la lucha / y tú eres para consolar. / En la proa poderosa / mi corazón he clavado. / ...Sobre la nave toda puse / mi vida como derramada!...y yo te pido olvidar!"
Buscando información sobre este artista (Revista Escaner Cultural) me encuentro a un hombre que desde niño sintió la llamada de los mares, estimulado por los viajes en barco que realizó entre Europa y Sudamérica. Perot, plasmó su obra amando el mar. No sólo lo conoció desde la costa, sino que se impregnó con la experiencia acumulada durante más de sesenta años de viajes por el Cabo de Hornos, las bravías aguas del indómito Golfo de Penas y de navegar bañado por la blanca espuma entre las mil y una islas del archipiélago austral del Sur de Chile. Su sensibilidad le permitió plasmar la sinfonía del agua y el viento. En una entrevista de María Soledad Mansilla Clavel, el pintor cuenta que su atracción la empezó a sentir a medida que se encontraba con más y más dificultades para dominar las olas y vivió un sentimiento parecido al del jinete que trata de domar un potro desbocado.


Esta pintura de altas olas golpeando contra las rocas me recuerda a Pablo Neruda que pintó con las palabras imágenes llenas de luz y logró conmovernos con la aventura de sus sueños…Es que el mar es misterio, peligro, desafío. Cambia en función de los vientos y el clima. Puede ser vida y muerte…
La ola viene del fondo,
con raíces hijas del firmamento sumergido.
Su elástica invasión fue levantada
por la potencia pura del océano:
su eternidad apareció inundando
y cada ser le dio su resistencia,
desgranó fuego frío en su cintura
hasta que de las ramas de la fuerza
despegó su nevado poderío...

Perot trabaja bien el dibujo; se nota en las líneas paralelas al horizonte, dando amplitud, y las perpendiculares que dan profundidad. El pincel lo domina, usa las aguadas, capas superpuestas de color para sugerir las transparencias propias del agua, rompiendo la monotonía de su superficie y haciendo que ésta se vea de varios tonos. Con la espátula no sólo mezcla, deja trazos gruesos, impasto, para crear textura sobre todo en las rocas. El magnífico espectáculo de fuerza al romper la ola, esa que irá convirtiendo la piedra en arena blanquecina que luego lame y se funde en ella... 
Esa mezcla de tonos fríos en la distancia y calientes en los relieves y cercanías, nos llega con fuerza del paisaje y nos regala un momento de profundidad interior. 
Indudablemente después de analizar alguno de sus cuadros, aunque sea virtualmente, ha crecido en mí la sensación de concordia y armonía de la que hablaba al iniciar esta muestra.


En estos días de temporal recordé este artículo que dejé en otro blog, lo recupero para esta ventana.
Hay cosas que no deben perderse: la luz, y el brillo de mirar, aún sabiendo que muchas cosas que vemos en ocasiones llenan de lágrimas los ojos.

martes, 13 de enero de 2015

Sentimientos reflejados en las palabras de otros...


Gabriela Alejandra Garbezza de Tanios


Hoy no puedo morirme.
Lo siento, más no tengo
tiempo para perder con tus pequeñas cosas.


He dejado inconclusas
mil emociones nuevas que no admiten demora,
ilusiones tardías que buscan en el alma
rincones donde asirse,
recuerdos que he logrado
rescatar ayer mismo de la esquiva memoria.

Aún debo mis disculpas
a varios conocidos a los que sin quererlo
herí con la torpeza de mi arrogancia altiva,
con el gesto iracundo
o la injusta palabra.

Aún debo aclarar cosas que a menudo me inquietan,
como si Dios existe
o la verdad es eterna,
si fue feliz mi vida, si mereció la pena
tribulaciones, llantos,
tanta renuncia expresa que atrás fuimos dejando.

¡Que no puedo morirme!
¡Me da igual si te empeñas!, tengo fechas pendientes.

Quiero ver como un día trepa la verde hiedra
que sembré la otra tarde a la sombra del patio.
Quiero saber si el nido del árbol de la plaza
que despobló el invierno,
se llena de gorriones allá por primavera.

Y tengo que decirle a mi hombre ¡te quiero!
más de doscientas veces,
todas las que el silencio de una manera absurda
me congeló en los labios;
y decirle a mis hijos
que es el amor quien dicta cada paso que he dado,
y saberlos felices en un mundo que luce
fanal de desencantos.

Tengo varios poemas a falta de unos versos,
un corazón que siente,
una mente que piensa,
y unos viejos oídos que esperan derretirse
cuando oigan la dulzura de la palabra abuela.

Así que ya ves, muerte, no es el mejor momento.
¡Marcha! y vuelve otro día,
cuando pase algún tiempo,
cuando me sienta inútil
y tenga el alma toda repleta de silencios.


Autor: Mario Martínez 

martes, 6 de enero de 2015

Caracas y Lugo

Cierras los ojos y la memoria nos devuelve recuerdos, las imágenes flotan y hablan de otro tiempo y otro lugar, pero habla de nosotros... ¿Cómo evitar que a veces duela la nostalgia? Hace frío, el invierno es duro y las noches demasiado largas. Hoy, la luna luce en todo su esplendor en un cielo limpio y estrellado, con la cara pegada al cristal vuelo a la caricia del sol caraqueño.

Venezuela era un país muy próspero y en donde se presentaban los mejores espectáculos, en el aeropuerto de Maiquetía se recibían aviones del tipo Concord, los más grandes del mundo. Iban bandas famosas como Queen, que hacían excelentes conciertos en los que todo el pueblo se hacía presente masívamente. Sus paisajes naturales permanecen, la solidaridad del venezolano también, la integración de los extranjeros formó familias... Pero la ciudad ya no es la misma, se habla de revolución y mientras esa palabra no se transforme en un instrumento que solucione los problemas cotidianos de la gente, sólo será un espejismo. Hay muchas formas de construir muros, algunos son de concreto armado y otros simplemente ideológicos; ambos causan daños, separan, dividen a la sociedad entre buenos y malos, leales y sospechosos.

En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver... ¿cómo tratar de regresar a donde ya todo se perdió, donde todo fue arrasado por violentos vientos?... Es mejor quedarse con el recuerdo que tratar de rescatarlo. El país y yo hemos cambiado, regresar sería como emigrar de nuevo.  Los recuerdos sólo son fotos en blanco y negro...


.


Ha llegado la hora de dejar el espíritu desnudo,
la hora de quemar los días finitos y agotados,
el vano consuelo de las cosas que ya se han ido:
allí no hay sino esperanzas desarraigadas,
deseos infructuosos; dejemoslos ir al fuego,
sin mirar nunca hacia atrás.
El mundo que era nuestro es un mundo que ya no nos pertenece.

(La quema de las hojas, Laurence Binyon)











Poema de: Alalba

Busco un atajo para el olvido
doblo la esquina, intento esquivarlo
y su sombra me persigue. 
...No es que no te quiera olvido 
solo quiero recordarte y que no duela...





Cuando llegué a España tenía 22 años y, sinceramente, me costó mucho adaptarme. Al igual que la canción de Sabina (peces de ciudad) ...Y desafiando el oleaje, sin timón ni timonel por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje, luciendo los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer...  Si, me quedé con la tranquilidad del pez en acuario.
Fue al construir mi nido en esta hermosa ciudad y empezar a nacer mis pajaritos, cuando valoré lo hermoso de vivir sin prisas; los días transcurren plácidamente, el automóvil puede quedar en casa, la gente te saluda por la calle...
Reconozco que mi niñez y adolescencia trascurrió con los tiempos controlados: transporte, colegio, casa, televisión y sólo los sábados y domingos escapadas paterno-filiales al campo o al mar. Mis hijos pudieron ir caminando solos al colegio, jugar en la calle...

Lugo tiene 2.000 años de historia. Fundada por Paulo Fabio Máximo en el año 14 a.de C., de entonces datan sus murallas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, con un perímetro de más de 2.266 metros de circunferencia. Sus diez puertas unen los límites de la ciudad entre la parte vieja y la nueva. Su adarve, con una anchura de cuatro metros es una calle más de la ciudad (la ruta diaria del colesterol) y un mirador del casco antiguo; de noche, un poético paseo.


Compite con cualquiera otra ciudad desarrollada, con una significativa industria agro alimentaria y un campus universitario pujante, con una marcada oferta dirigida hacia las ingenierías agrarias y forestales, destacando la facultad de veterinaria. Con ofertas también en arte, humanidades, ciencias de la salud y sociales.

La vida nocturna es muy animada y de ambientes variados, como corresponde a una ciudad con una proporción notable de universitarios.


Dentro de las murallas se hace la vida como en cualquier ciudad, hay una zona comercial, oficinas y, sobre todo bares y restaurantes, donde practicamos un deporte muy particular: "el tapeo" es algo más que una tradición, es una forma de vida, una buena costumbre que favorece las relaciones sociales. En una zona medieval con muchas casas todavía de esa época, hoy rehabilitadas; los vinos de la Ribeira Sacra, las tapas, pinchos diversos y gratuitos en cada consumición, hace que el tiempo pase y la lengua se desate.
El centro histórico es peatonal, el tiempo parece haberse detenido y contiene los principales monumentos, entre los que destaca la Catedral que tiene el privilegio de la exposición continua del Santísimo, por cuya razón se conoce a Lugo como la "Ciudad del Sacramento" La construcción duro más de un siglo, siendo este el motivo por el cual tiene esa gran mezcla de estilos: románico, gótico, barroco, renacentista y neoclásico. El maestro Raimundo de Monforte inició unas obras que duraron desde el año 1129 al 1273.


La fachada principal, corresponde a un proyecto en estilo neoclasicista de finales del siglo XVIII, realizada por Julián Sánchez Bort


Salimos de la Muralla y nos encontramos con el Lugo moderno de camino al Parque Rosalía de Castro, con su frondosa arboleda y el mirador, desde la pérgola.


Allí abajo, en el valle, el río Miño serpentea atravesado por el puente romano.


El río es fundamental en nuestra vida, con sus orillas recuperadas y acondicionadas para pasear y hacer todo tipo de deportes: piragüismo, vela, nadar... si, todavía podemos nadar en el río.





En esta noche especial donde los niños creen en los Reyes Magos, miro la calle todavía con la iluminación festiva, y pienso, que tengo el corazón dividido para siempre en dos trocitos, cada uno añorando los afectos de uno y otro lado del charco.