martes, 3 de marzo de 2015

La casa grande



Érase una vez, a las afueras del pueblo, siguiendo el camino que hoy lleva al río, donde sobresalen unas rocas entre la maleza, existió una casa blasonada con una pantera negra y habitada por una elegante anciana; pelo blanco siempre en un recogido impecable, vestida de negro y con una voz tan dulce que era capaz de hipnotizar un pájaro.

Vivía con un mayordomo encorvado y mal humorado que llegaba cada viernes al pueblo a comprar y siempre llevaba un saco de harina y otro de azúcar; en invierno y en verano. No hablaba con nadie, cargaba los dos sacos en la carretilla y acompañado de un perro flaco, regresaba desandando el camino.

La anciana en verano, se sentaba bajo el emparrado a la entrada de la casa, en una mecedora que chirriaba al moverse. En invierno, desde el camino se veía su cabeza a través de la ventana balanceándose arriba y abajo. Los niños con su imaginación desbordada le llamaban la bruja de la casa grande.

Margarita y Paco tenían que pasar todos los días frente a la casa para ir al colegio, vivían al otro lado del río, cruzando el puente. Siempre les llamaba la atención el aroma dulce y embriagador que venía desde la casa. Aquella tarde de Mayo los días habían crecido mucho, dentro de poco darían las vacaciones, y Margarita le dijo a Paco:
_ Te atreves y vamos a ver la casa grande?

Paco presumiendo de valiente, no se hizo de rogar, atravesando el campo de trigo que estaba lo suficientemente alto para caminar sin que los vieran se acercaron a la ventana trasera. La elegante dama, con un mandil blanco sobre su vestido negro daba vueltas en una enorme vasija con un cucharón. Mientras el mayordomo sacaba del horno unas enormes placas de hierro llenas de rosquillas.

El olor a vainilla y anís hizo que sus papilas gustativas se revolucionaran y un hilillo de baba comenzó a caer por la comisura de la boca de Margarita y Paco. Tan ensimismados estaban mirando para las rosquillas que no se dieron cuenta que la anciana se acercaba a la ventana. Quisieron echar a correr pero ya era tarde, la voz dulce los había atrapado…

– ¡Pasar!, la puerta está abierta, ¿no os dijeron que es de mala educación mirar a escondidas?

Margarita no necesitó más para bajar de la piedra donde se habían subido y dirigirse a la puerta de entrada a la cocina.

_ ¿Queréis probar una?
_ ¡Siiiiiii! Contestaron los dos a la vez

Entonces doña Filomena, como le llamó el mayordomo, cogió dos rosquillas calientes y las echó en la vasija que tenía sobre la mesa, a continuación con un hierro largo las sacó chorreando un líquido brillante y las puso en un plato frente a los niños.

_Esperar un poco, no os queméis.

Mientras ellos no dejaban de mirar las rosquillas que desprendían el olor dulzón que llegaba al camino, el ladrido del perro puso en alerta al mayordomo que se dirigió a la entrada principal de la casa. Ya estaban disfrutando de dulce tan delicioso cuando llegó un hombre alto y con una barriga grande, las mejillas coloradas y un vozarrón que hizo escapar al gato que dormitaba junto al fuego.

Empezó a cargar en la carreta ensillada a un burro color ceniza, cuatro grandes canastos de rosquillas. Luego, más rojo todavía por el esfuerzo realizado, regresó; bebió un vaso de vino que la anciana puso a su lado y él sin más, dejó una bolsa llena de dinero sobre la mesa.

Desde aquel día Margarita y Paco parecían los nietos adoptados de Dña. Filomena, incluso Federico, que así se llamaba el mayordomo resultó ser muy amigable. Durante las vacaciones de verano todas las mañanas le ayudaban en el gallinero recogiendo huevos, mientras Federico mugía las vacas y Dña. Filomena preparaba lo necesario para hornear sus deliciosas rosquillas.

Pasó el tiempo y cuando ya Margarita y Paco eran novios murió Dña. Filomena. Federico recogió sus pertenencias, vendió lo que había en la casa y cuando ya les daba el último abrazo en la estación del tren les dijo:

_ Esto es para vosotros…

Y fue así, querida nieta, como tu abuelo y yo en vez de seguir la tradición y ser labriegos nos convertimos en artesanos pasteleros. Federico nos regaló la receta con el secreto de las rosquillas y ahora comprenderás el nombre de la pastelería: “ La Casa Grande ”

23 comentarios:

  1. Es una baonit historias para vivir, sentir, transmitir... Y creo que también para degustar esas rosquillas y lo que las envuelve.

    Un abrazo de luz

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  2. Lindo relato me recordó a Hansel y Gretel.

    Un gusto Leerte Alondra. Me encantó el relato.

    Saludos.

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  3. Que hermosa y "dulce" historia
    me encantó
    Besos

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  4. Un placer llegar a tu blog! Te enlazo al mío y te sigo!
    Yo quiero una casa así!

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  5. Hermoso y tierno y su lectura engancha como lo hacen las buenas narraciones.
    ¡Gracias!
    André

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  6. Que historia más dulce y bonita, Casi se pueden oler las rosquillas.
    Es una preciosidad, llena de ternura.
    Felicidades Alondra.

    Una lluvia de besos

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  7. Un relato para degustar suavemente ,un abrazo

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  8. Erase una vez un lector de cuentos. Los admiraba por tener una sensibilidad capaz de volverlo niño y vivir intensamente las emociones del escritor...Disfrutaba enormemente por recordar pasados de niñez que eran capaces de hacerle llorar...
    El lector de cuentos viajaba con la imaginación jugando con la realidad pero, ¿qué es la realidad cuando se enriquece nuestro presente a través de lo que no existió?. Supuso que la realidad jamás nos abandona aunque se viva en un pasado y presente como en un cuento de Alondra....Escuchaba de la gente decir Carpe Diem una y otra vez pero, el lector de cuentos amaba los cuentos de siglos pasados o futuros muy lejanos para vivirlos en su presente donde la realidad a veces es fría e insolubre. Lloraba, reía, se enojaba, discutía o se hacía amigo de alguien pero sobre todo, aprendía de la vida a traves de los cuentos...
    El lector de cuentos un día se cansó. Ya estaba casi viejo entre cientos de cuentos leidos pero no conocía el amor. Era tal su riqueza que se olvidó sentir en sus manos la piel de una mujer y eso lo hizo tremendamente desgraciado. Lloró años enteros de soledad por no sentir el amor de una mujer...
    De sus palabras nacían las cosas más bellas que jamas se escucharon. Iba al supermercado, a la frutería, a la panadería, al peluquero o al taller o a tomarse una cerveza y de su bondad, se hacía la palabra que embelesaba a cualquier persona. Miles de mujeres estaban dispuestas a amarlo y el no conocía el amor hasta que un día, una mujer le dió un beso furtivo casi a escondidas. El, como alondra voladora, voló hasta el cielo porque desde la tierra, sólo se vían piedras muy lejos del alma de una mujer. Ella tenía el valor y la nobleza capaz de traspasar el alma de un hombre por saber cosas que no se enseñan sino, que están en la naturaleza como si vinieran de un cuento...

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  9. Me ha encantado el cuento, que bien leerte tan de seguido.
    Un beso

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  10. ¡Qué historia tan dulce y hermosa, mi estimada Alondra!
    Leí tu anterior escrito, muy bonitas las mimosas y muy duro el camino que te ha tocado transitar; espero que mi Dios te conceda la salud, al menos veo que tienes una voluntad invencible.
    Que la fuerza te acompañe para seguir volando dulcemente.
    Un fuerte abrazo de luz y pensamientos positivos

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  11. Dioooooos, ¡¡¡¡¡¡Como me has recordado las rosquillas que hacia mi abuela!!!!!
    Al igual que estas, llenaban toda la calle de de aroma a anis y limón.
    Jamás he probado dulce tan selecto porque ahora todo es manteca tratada con conservantes y se acabó.
    Un precioso y mágico relato querida amiga. EStamos muy necesitados de historias como estas para humanizarnos y transmitirlas a nuestros descendientes. Y como no de rosquillas caseras también.
    Besotes grandes.

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  12. Querida amiga, es un cuento precioso el que nos has dejado aquí. Me ha recordado mucho a Hansel y Grettel, y el final, es para chuparse los dedos, pero del corazón.
    Un abrazo de los de estrujar costillas!

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  13. Hoy tu entrada me ha hecho rejuvenecer.
    ¡Qué buen rato me he pasado leyendo este cuento!
    Tengo que reconocer que aún debe quedar en mí una parcelita de niña pequeña.
    Me ha encantado que hayas buscado un final feliz para el cuento.
    Cuando le tenga que contar alguno a mis nietos, no olvidaré el de la CASA GRANDE, se van a sorprender.
    Cariños y buena semana.
    kasioles

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  14. Pasé a saludar! Fue un gusto visitar tu espacio.
    Yeli❤

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  15. Un cuento encantador contado paso a paso, como debe ser, con un final feliz, la Casa Grande, que bonito nombre, así llamamos a una casa que tenemos en el casco antiguo de la ciudad en la que nacimos y crecimos todos los hermanos.
    Gracias por tu palabras de ánimo, de hecho estoy un poco mejor, estoy saliendo a pasear, aunque me cuesta hacerlo, espero luchar contra todo esto y vencer, es insoportable sufrirlo sin saber el por qué de su motivo.
    Besos, te agradezco tu apoyo.

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  16. Es muy buen relato, y en el final esta lo mejor.
    Muchos besitos.

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  17. Que cuento más guapo, y es que así deben ser todos engullirte en su historia y acabar con un final feliz, y sobre todo con esa receta de las rosquillas, para chuparse los dedos ejejje
    Besotesssssssssssssssss

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  18. Alondra he disfrutado su lectura tu relato atrapa muy dulce precioso no es fácil hacer estos cuentos y que atrapen de principio a fin Enhorabuena , besos desde mi brillo del mar

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  19. Hola
    Estoy ausente pero tal como prometí, paso desde tu propio comentario para agradecer, tus mimos, cariño y amistad, aún no sé cuándo, pero volveré tan pronto me sea posible.
    Aprovecho este instante para disfrutar de tus letras, maravilloso tu relato, me ha tenido enzarzada de principio a final, cuantos cuaentos e historias contaban y contamos las abuelas.
    Un muy feliz día de la mujer trabajadora te deseo en el día de hoy.
    Un abrazo
    Ambar

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  20. ¡Gracias a todas/os! después del escrito anterior creí necesario dejaros un saborcito dulce jejejejej
    Amigos de palabras compartidas ¡sois maravillosos! tenéis un lugar muy especial en mi vida.

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  21. ¿Què dulce y lleno de ternura es tu entrada, Alondra, es un relato que acaricia el alma y te metes en él creyendo que eres tú quién se está comiendo las deliciosas rosquillas.

    Mi felicitación y mi abrazo por tan lindo relato.
    Ángeles.

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  22. Que lindo cuento, y yo que pensé que doña Filo era una bruja.


    Un beso

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  23. Que relato tan bonito, a medida que leía me imaginaba que iba a terminar mal para los niños pero no ha sido así.Besicos

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