domingo, 31 de agosto de 2014

Hablando en silencio...

Este verano sólo pisé la playa una vez, cuando llegué era casi mediodía. Pasee por la orilla del mar pisando la arena suave de las playas lucenses mientras las olas mojaban mis pies. Después nos fuimos a comer y todavía no llegara el postre cuando el sol se empezó a ocultar. Al terminar, la niebla cubría el paisaje y casi no se veía el mar... Fue un día diferente, de paseo, esperando que el sol se abriera paso; a media tarde ya estábamos de regreso a casa con  la ilusión de: ¡otro día será!... Ese día no llegó, en fin, puede que septiembre me sorprenda.


La vida sigue, hay  días en los que te levantas y ya sabes que va a pasar, en cambio, hay otros que sólo dejas que pasen. Hay días en los que sabes que vas a tener que tomar una decisión, y tiene que ser hoy: ni mañana, ni pasado, ni al otro... y sigues sin hacer nada, sólo esperas a que todo se solucione como por arte de magia. Quizás no sea lo correcto, quizás no sea lo mejor, pero sigues con tu asqueroso día de melancolía, esperando a que tu ángel protector baje del cielo y te toque con su varita mágica, y convierta toda la miseria que tienes alrededor en oro. Pero el ángel no llega... (creo que estoy plagiando a alguien, no logro recordar donde leí algo similar o igual es que a veces me aprendo párrafos enteros de memoria, esa es la razón de la cursiva)

Hoy en la mañana entré en la cafetería, por lo general siempre es acogedora y te parece que el tiempo no ha pasado, que eres una más de las que madrugan para subir al autobús, casi siempre lleno y con algún aprovechado que espera los frenazos para sobarte. Recuerdo una vez:  el tipejo siempre era el mismo y decidí llevar un alfiler y justo se lo clavé cuando él emprendía la acción; se puso pálido, no dijo ni mú pero santo remedio… 

Con el cafecito caliente haciendo reaccionar mi cuerpo y, sonriendo al recordar esta anécdota me sentí mejor… Hoy tuve la sensación de estar haciendo turismo por la ciudad, y pensaba en lo rutinarios que somos, siempre bajando en la parada adecuada. 

Tengo que darme cuenta de que las cosas son como son, que nada hay escrito entre líneas, y las miradas son pensamientos no compartidos. Me siento extraña, demasiados cambios en mi vida; no me censuro, ni me prohíbo, para otros puede que no sea un ejemplo a seguir, pero es su problema, no cambio nada… quizás este "dejar pasar" es el mejor premio de consolación que pueda tener ahora mismo. 

De todas formas, siempre he preferido la rebeldía al conformismo,  pienso que no estar satisfecho del mundo en el que se vive y querer cambiarlo es algo digno de alabanza. Pero la rebeldía, que es necesaria, debe reunir ciertas condiciones, y quizá la primera sea saber contra qué nos rebelamos. Ahora hay demasiados rebeldes de pacotilla; el discurso gastado de tanta repetición no se lo creen ni ellos, más que rebeldía son ganas de incordiar. He vivido historias de rebeldes que cuando llegaron al poder se volvieron burgueses. Y de rebeldes que, al fracasar, se convirtieron en resentidos que sólo sabían hacer crítica destructiva.

Como siempre la sonrisa de Simón, el camarero, al decir: ¡hasta mañana! es como el calorcito del sol en mi cara... En mi mente guardo muchas imágenes pero sólo yo decidiré cuales volveré a mirar.

domingo, 24 de agosto de 2014

Tánger, otra mirada...



Foto: Miguel NuñezTánger es una ciudad puente entre África y Europa, de cultura europea y fuerte tradición islámica; los contrastes del marroquí instruido, políglota y viajero y el que se las tiene que ingeniar para sobrevivir dentro de unas costumbres que se observan a rajatabla y unos recursos económicos ínfimos.
Desde lo alto de una árida colina se divisa el puerto. Noura pronto cumplirá dieciocho años, trabaja allí, sus dedos soportan quince horas pelando gambas desde los once años.  Está obligada a producir entre cinco y seis quilos diarios, de no ser así, debe permanecer en su trabajo hasta aproximarse a la cantidad establecida por la cadena de producción.

Las puestas de sol en Tánger son mágicas, un espectáculo que difícilmente puede disfrutar Noura; duerme por la tarde ya que entra en su lugar de trabajo cuando el resto de los mortales comienzan a conciliar el sueño, las dos de la madrugada.
Hace frío en el galpón, la materia prima procede de grandes congeladores a decenas de grados bajo cero. Cada kilo pelado se convierte en 12 dirhams, 1€, a final de mes su salario es de 110€ que la joven entrega a su familia.
Noura muchas veces está tan agotada que se acuesta sin llevar nada a su estómago, su imaginación la lleva a otros mundos donde no se sienta como una esclava, donde existan fuerzas sindicales que luchen por jornadas dignas… Un sueño, como el ejemplo utópico e inalcanzable del modelo de mujer que vive apenas a 18 Km.

Historia basada en: “La supervivencia entre los dedos” (Revista AGARESO  reporteros gallegos solidarios)

jueves, 21 de agosto de 2014

Angustia...


El Grito, cuadro pintado por Eduard Munch en 1893 


Suena el despertador a las 7:00 a.m., mi costilla que sabe de mi mal despertar, me da un beso y dice: -¡levántate!, no te vayas a quedar dormida.
Por costumbre empecé arrastrar mis pasos hacia la cocina para poner la cafetera, a mitad del pasillo recordé que hoy me está prohibido ese pequeño placer mañanero. Regreso a darme la ducha sabiendo que al salir, el aroma de mi droga no perfumaría mi casa.
Las 8:15, empujo la puerta del hospital, miles de olores, y no a hierba recién cortada… Me pongo en la fila de entregas, diez minutos después busco un lugar donde sentarme, ¡imposible! Cómo puede haber tanta gente enferma, decido no moverme y quedo apoyada en la columna. 8:40 sale mi número en la pantalla, todo mi gozo en un pozo; primer contratiempo… La doctora se había olvidado de marcar en el papel blanco y rojo lo que tenía que pedir en la analítica (¿?)
Empiezo la peregrinación: a la consulta, a planta, etc., etc., por fin en hematología me dicen que espere, ya me atiende... ¡9:30 a.m., y tengo otra prueba a las diez! La doctora pide disculpas, se agradece, y tiene la amabilidad de llamar a una enfermera para no tener que volver por donde vine. Bien, no me entero del pinchazo, sonrisa y manos de ángel. Le entrego los informes para la prueba siguiente, - ¿no tienes pegatinas?… recorro de nuevo el hospital hasta consultas externas. ¡Menos mal!, solucionado y para la próxima prueba no tengo que estar en ayunas.
Paso cerca de la cafetería, el olor a café levanta mi ánimo, sentada en la barra  pido: -uno grande con mucho café y poca leche, ¡ah!, y tres churros. Se esfumó el mal humor, subo por la escalera al segundo piso, todavía quedan muchas horas por delante en el interior de la ballena.
Sentada en una silla de color madera, miro al techo, no quiero que mis ojos se detengan en nadie; no quiero hablar, siempre me oculto detrás de un libro, hoy también hay uno en mi bolso; no tengo ganas de leer.
Son las 11:30 y ya superé dos pruebas más, nada que decir: el instrumental impecable, el personal eficiente. Queda la última prueba y esa es dolorosa, muy dolorosa, aunque te pongan anestesia. Nada más llegar escucho mi nombre… tumbada en la camilla intento ocupar mi mente y volar a lugares hermosos, no puedo, ¡maldita imaginación!, ahora que te necesito… Le devuelvo la sonrisa a la enfermera y parezco tranquila,¡no!, tengo pánico, y soy espectadora del techo. Mientras me hace efecto la anestesia pienso que después de todo lo que observé por mi paseo hospitalario, estoy entre los afortunados y no tengo derecho a quejarme. Llega el doctor, pone los guantes y mientras trabaja yo muerdo los labios, aprieto la camilla con fuerza y sigo mirando al techo tan blanco, ¡lástima!, sería un buen lugar para que los artistas callejeros plasmaran sus obras…- ¡Ya está!, ahora esperar un poco… -Bien, todo bien,  y ya sabe, puede tomar un calmante, nos vemos a finales de mes para los resultados.
Cuando voy a empujar la puerta de salida el reloj marca la 1:45 p.m. En el jardín me siento en un banco, necesito sentir el viento en mi cara. Vuelvo a ser yo, dentro de ese lugar eres un número de historia clínica, no lo digo como queja, no vayan a pensar... hay amabilidad, las atenciones médicas son de primera y el tratamiento está dando buenos resultados, una de las mejores cosas que tiene este bendito país es la Seguridad Social. Respiro profundamente, me desdoblo en dos:  la enferma se queda en algún laberinto de ese enorme hospital y la persona vuelve a casa.
Esta historia se repite, con suerte, cada tres meses; mañana empiezo un nuevo tratamiento, más novedoso, mejor no pensar en los efectos secundarios.  Sinceramente: la inquietud me consume.

lunes, 18 de agosto de 2014

Leyendo, pensando, sintiendo...


Ese pájaro azul que quieres que te cante, está en tu propia jaula...
Esa vela, ese amarre, esos remos, ese timón y esa brújula, que tanto buscas, están en tu propio barco...
Esas antenas con que quieres sintonizar el mundo y oírlo palpitar, están en tu propio nido...
Ese jardín florecido que tanto deseas para respirar está en tu propio huerto...
Ese viaje lejano que tanto aspiras para descansar, está en tu propio pensamiento...
Esa perla blanca y nacarada que tanto te gustaría tener, está en tus propios ideales...
Ese recuerdo que añoras y te hace vivir, está en tu propio cofre...
Esa ilusión gigante, ese lucero que te parece inalcanzable, está en tu propio cielo...
¡Nada más allá de ti! ¡Toda la luz la llevas dentro!


Zenaida Bacardí de Argamasilla
Libro: Ramilletede Estrellas

jueves, 7 de agosto de 2014

Inolvidables

El amor une, el miedo separa, el amor es gratis, espontáneo y cuanto más se da más se tiene. Si, tengo deudas de amor, como todos, pero intenté que no me robaran mi futuro.
Existen enemigos invisibles: el miedo, la cobardía. Hay sorpresas inciertas que no podemos evitar, pero las ideas deben madurarse a fuego lento aunque reconozco que yo me dejo llevar por el corazón.



Hemos amado, dejándonos el alma en un suspiro.
Hemos luchado, dejándonos la piel en el camino.
Hemos llorado, un adíos con sabor a despedida
y hemos probado, el sabor agridulce de la vida...
(verso de la canción)