martes, 2 de diciembre de 2014

Verano solidario


El lugar me parecía extraño y conocido a la vez. El aire que respiraba quemaba mis pulmones, los pocos campesinos del poblado también se sofocaban en la miseria. En el solitario camino un ruido en la hojarasca hizo que me volviera a mirar. Tenía un aspecto feroz y venía armado. El primer impulso fue echarme a correr. ¿A donde iría?... Si pensaba matarme no por correr dejaría de hacerlo, además, en aquella tierra desértica había poco donde esconderse. Caminé lentamente; él pasó a mi lado, sonrió con una dentadura perfecta, ¡era tan joven! Apenas un chiquillo alto y flaco armado para infundir terror...

Al llegar a las primeras chozas me quedé observando, no había jóvenes; hombre y mujeres de edad avanzada con la piel pegada a los huesos, y niños con el vientre hinchado rodeaban al chiquillo armado. Las guerras por conflictos étnicos que surgen en algunas zonas, siguen siendo máquinas de fabricar miseria dentro de la pobreza más absoluta. Su vida es un martirio, un tormento que soportan tenazmente y con un ánimo asombroso.

Esa no era el África que mostraban los guías turísticos. Había ido a Jartum, la capital de Sudán en misión humanitaria, mañana debía regresar. Nazin me había acogido en su casa, sin lujos pero nada que ver con los asentamientos que cruzamos. Debido al toque de queda existente no había muchas posibilidades de diversión nocturna, añadiendo la prohibición de beber alcohol. Me había prometido una sorpresa para la despedida y allí estaba, dispuesto a ponerme en sus manos, nunca mejor dicho porque me propuso un baño.

Entramos en un cubículo con el suelo de madera recubierto de azulejos y dos grifos bajos, él se quedó con una toalla atada a la cadera dispuesto a mostrarme el placer de la saludable costumbre del baño. Me senté en el suelo sobre una esterilla de plástico que sacó de un envoltorio sellado, y lo miré en el ritual de envolver sus manos en mitones de tela semejante a la de las toallas turcas, y suficientemente anchos como para permitir el desembarazado movimiento de los dedos.

Me estremezco cuando vuelca el primer cubo de agua caliente, muy caliente y después otro y otro, dice que es lo mejor para defenderse del calor. Después me enjabona a conciencia, pronto mi cuerpo está cubierto de espuma con un olor dulzón. No deja ningún lugar: detrás de las orejas, el cuello, las axilas, los genitales, incluso por entre los dedos de los pies. Me aclara con abundante agua caliente y me iba a levantar cuando me dice que todavía no terminamos. Ahora me frota enérgicamente con una piedra pómez finísima, para eliminar las toxinas muertas que empiezan aparecer como gusanos por mi piel.

Nazin me sonríe y dice: –Ves como no sabéis lavaros. Admito que tiene razón, como podía llevar tanta porquería encima si me había duchado ayer. Más agua caliente… y mi particular Kiyassa vuelve ahora con las manos a enjabonarme de nuevo y, agua, más agua… (el agua significa en el islán la sabiduría profunda) Lo increíble era la calma, la sensación de libertad.
Para terminar, me embadurna con un aceite de almendra y pasa una toalla recia y grande para envolverme todo, luego dijo que le esperara en una sala de relajación con temperatura más fresca, mientras él se daba una ducha en otra estancia de la casa.

Cuando ya vestido con la última ropa limpia que había en mi mochila nos dirigimos a cenar, sentía que el aire podía pasar a través de mi cuerpo. Todavía veo los ojos brillantes de Nazin cuando tomando el té con hierbabuena tal pareciera que el agradecido era él. La semana había terminado pero me llevaba la vivencia de un pueblo amable con una visión relajada y optimista. Y yo, presumido occidental, pensando que iba a llevar ayuda y lo que hice fue aprender sobre la vida una hora tras otra…

Este cuento se supone que lo escribió una persona que salió del armario, es muy especial para mi, hoy confieso que Félix, el autor, era un seudónimo pero le puse todo mi corazón.

12 comentarios:

  1. Interesante relato y esa deliciosa sensación de que el aire pasaba por su cuerpo. Esa sensación la he tenido yo en mis pies cuando voy a la pedicura te los limpian también que cuando sales sientes que te han quitado libras de pesadez de los pies. Creo que es algo así como esa sensación de que el viento pasa por tu cuerpo.

    Me gustó mucho.

    Saludos.

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  2. A veces ocurre. Pensamos que en el camino de la ayuda llevamos la mochila repleta de sabiduría, y suele ocurrir que aprendemos más que enseñamos. El texto respira libertad y realidad a partes iguales. Solemos identificar lugares con escenas repetidas, pero es sabido que las moradas que median en desiertos son tesoros esplendidos llenos de gente hospitalaria.
    Un gran relato, abrazos.

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  3. Muy buena la reflexión que se desprende de esta historia. Pero ¿De dónde la sacaste?
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    Gracias por el dato de los "comederos" madrileños (como dice cirto periodista venezolano) Me quedo con el primero, el de la carrera de San Jerónimo

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  4. La aclaración final me hizo entender el relato. Es muy interesante la observación. En este mundo occidental nuestro llegamos a creer que somos superiores y que lo sabemos todo...Buena lección y buen relato.

    Un abrazo.

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  5. Un relato tan real que cualquier parecido con esa realidad no es coincidencia.......Cuando te entregas a una acción en favor de los demás es algo que nos enriquece porque siempre recibimos mucho más de lo que damos.Besicos

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  6. Qué buena lección de vida. He llegado a sentir el agua caliente en mi piel.
    Besos

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  7. Hola, Alondra.

    Buf, es precioso. La entrega a los más necesitados es algo que se vuelve contra uno, pero en positivo.

    Un abrazo muy grande.

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  8. Es bueno y real este cuento, ademas lleno de cosas que entiendo perfectamente.
    Muchos besos

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  9. Definitivamente no sabemos bañarnos. Me encantó el post. UN abrazo. Carlos

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  10. De aquellos que menos tienen, son los que más capacitados están para darnos lecciones de vida.
    En cuanto al baño... ¡qué delicia! Yo me apuntaba a uno así.
    Cariños en abrazos.
    kasioles

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  11. Muy buena historia, querida Alondra, y con ese aire reflexivo que duplica su valor.
    Te dejo un fuerte abrazo.
    HD

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