martes, 13 de mayo de 2014

Ordenadores conectados.

Foto: desmotivaciones.es


Incierto es: desconocido, ignorado, nebuloso…

De esta forma nació el amante de horas inciertas, era simplemente una frase, con ella Laura entraba en la tierra de los sueños. Hasta que un día en las sombras de la noche, en la luz de una luna llena, en un tiempo impreciso, semanas, meses… Laura, compartió una aventura improbable en compañía de un halcón peregrino.

Es hermoso contar historias, soñar el aroma de una piel, anhelar una mirada, una simple mirada anclada en un cuerpo… Con las palabras, no podemos visualizar nada más y Laura cayó en la trampa de creer que el corazón se puede revelar con palabras. ¡Deja ya de engañarte!, se decía, la necesidad de creer es tu propia necesidad, no eres perfecta, tienes debilidades y carencias, deja de ser un títere de las circunstancias…

Para tener presente la realidad utilizaba una frase: “cuando quieras y cuando puedas”, ese era su lema a la hora de jugar con las palabras y el encuentro era vulgar o grandioso. En sus duermevelas había unas manos que acariciaban como ella deseaba, una boca acaparadora, un cuerpo reclamando espada en alto como jugador de esgrima. Aquella seducción era como la nube que se deja llevar por el viento, como el ancla que se encalla en las rocas, el oasis en el desierto… Su halcón peregrino tallaba hermosas filigranas en sus sueños y ambos eran uno en las sombras: lejanos e incorpóreos…

Les hizo mucho bien aquella loca fantasía... les dejaba las palabras que precisaban escuchar, les creaba sensaciones que en ese preciso instante necesitaban sentir. Sin buscarlo, ni él ni ella, el destino los cruzó con palabras y se encontraron abriendo cajones cerrados de ilusiones perdidas o añoradas.

Era una relación del alma, de esas que duran poco en tiempo y espacio, pero acompañaban pequeños vacíos de su ordenada vida. Ambos, volaban en el ciberespacio con un complemento hecho de fantasía que les hacía sentir plenos. Sin darse cuenta, ni él ni ella, se convirtieron en ese apoyo necesario para volar lejos, para sentirse libres y planear en el viento; dos aves unidas, gemelas del alma que se buscaban al anochecer con sabor a verano, con tacto de terciopelo, planeando montañas, vagando despacito por valles y colinas, perdiéndose en ellos… Luego, aterrizaban cada uno en una esquina del mar, en sus nidos confortables, pero con el corazón pleno y esperando el nuevo encuentro...

Laura fue una protagonista como muchas otras de este mundo virtual, guarda un recuerdo dulce de aquel amante de horas inciertas porque las letras son leales en el momento que las viertes y los deseos fueron presente que se entrelazó en el espacio.

4 comentarios:

  1. Creo que al fin y al cabo ni nuestro cerebro ni nuestro espíritu pueden crear un sentimiento amoroso virtual que no toque las mismas constelaciones neuronales y la fibra espiritual del enamoramiento real.
    Una bonita entrada!!!
    Cariños...

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  2. Y sentir que eres pájaro, que no surcas solo el cielo , remontar juntos alturas contemplar las olas , el cielo y los embates del mar , luego solo en tu nido cual Laura , sabiendo que estás solo , empiezas a soñar con el día y el anhelo del futuro día aleja la soledad
    Precioso
    Besos
    André

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  3. Desaparece el comentario
    En la soledad del nido cual Laura , pensando en el nuevo día , es menor la soledad

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