jueves, 8 de mayo de 2014

Experiencias negativas.


En la vida vas obligándote a olvidar muchas cosas pero a veces algo te hace recordar un espacio enterrado. Esta tarde le ocurrió eso a mi amiga Marga, encontró una fotografía… apenas llevábamos cinco minutos de conversación y de las páginas del libro que había sobre la mesa la extrae y me dice:

- ¿Te conté alguna vez esta historia?

- No. Contesté sin darle importancia.

- Entonces era muy joven… y él apareció en mi vida como un relámpago y las cosas me superaron.

- No te entristezcas, el pasado no regresa. Era una frase hecha, no quería que me contara cosas tristes, pero mi amiga tenía ganas de soltar el lastre e insistió.

- Ni te imaginas lo fuerte que fui para lo jovencita que era…

Marga se sirvió una cerveza, encendió un cigarrillo y el silencio se apoderó de la sala de estar. Era como si hubiera entrado una ráfaga de viento helado de esas que en otoño desnudan de hojas los árboles y las palabras empezaron a surgir a borbotones…

- Desde que lo conocí falseó la realidad, durante casi dos años hizo creer a todos, incluso a sus padres que era lo que no era… engañaba para sentirse el triunfador que nunca había sido. Yo era una adolescente que quería un novio formal igual que muchas de mis amigas. ¡ No te rías!, en aquel entonces las cosas funcionaban así; tus padres tenían que darle el visto bueno, te visitaba en casa y presumías de novio en las fiestas familiares. El era perfecto: alto, guapo, trabajaba para pagarse la carrera y tenía un auto último modelo.
Llegamos a prometernos casamiento, cuando sus padres iban hacer mi petición de mano, tuvo que decir la primera verdad, no vivía donde decía…
Tenía tal fuerza de persuasión que logré disculparle e incluso mis padres aparentemente no le dieron importancia. Todo salió perfecto, sus padres y los míos se agradaron mutuamente y aquello parecía un cuento de hadas. En mi mano lucía un hermoso brillante y ya teníamos más libertad para salir al cine o a bailar juntos. Sin embargo seguía siendo demasiado frío y correcto, sus besos castos y se disculpaba diciendo que debíamos ir vírgenes a la noche de bodas. 
Con el tiempo, a pesar de que había intentado pasar por alto errores e incluso con miedo a ver la verdad porque las consecuencias serían el derrumbamiento de mi castillo de princesa. Llego un momento que maduré de golpe y empecé a deshacer la madeja para encontrar la punta del ovillo; apenas iba desenmarañando y las cosas me sobrepasaban, hablé con mis padres y sus dudas y las mías lograron una seguridad aplastante. Nos encontrábamos en pleno dilema cuando el empujón vino de un alma caritativa:

–“ Visita desde hace mucho tiempo en mi barrio a una viuda mayor que él, ella le paga todos los lujos”.

Me sentía humillada, aquella noche nadie durmió, no sé como logré que mi padre me dejara tomar las riendas del asunto, la ira era tan fuerte que no quiso empeorar una situación ya de por sí difícil, dentro de aquel laberinto sólo sabía que para encontrarme tenía que plantarle cara al problema.
Al día siguiente por la tarde, guardé el solitario de diamante en su caja, llamé por teléfono a su madre y le pregunté si podía visitarla. Su mamá que adoraba a su perfecto hijo debió ponerlo al corriente de mi visita inesperada, cuando llegué estaba en casa escoltado hasta por la abuela. Después de los saludos de rigor me senté, abrí el bolso y puse la cajita sobre la mesa: - "Espero me perdonen pero no voy a casarme con Ramón".

Todos empezaron hablar a la vez, yo muy seria y callada… no se cuantos minutos trascurrieron, me parecía estar viendo una película donde no era arte y parte, era espectadora, eso cada vez me hacía sentir mejor, más dueña de mi, había domado la frustración. Me levanté y dirigiéndome a la puerta, sin mirarle a él dije:
“ No voy a dar razones, si les interesan las averiguan ustedes, simplemente yo no quiero a su hijo, si he venido aquí es porque no tienen la culpa de nada y yo doy la cara”. Abrí la puerta y me fui… nunca más supe de ellos.

El cenicero lleno de colillas y tres botellas de cerveza en la mesa eran testigos de aquella conversación. Rompí el silencio agobiante que se creara de nuevo y pregunté:

- ¿Cuántos años tenías entonces?

- Recién cumplidos los dieciocho, contestó con la mirada perdida en la ventana abierta.

Levanté el vaso de zumo, lo choqué contra su botella para traerla a la realidad y sonriendo dije:

- ¡Enhorabuena amiga! entraste a la mayoría de edad por la puerta grande.

13 comentarios:

  1. Una historia para llevarla a la pantalla con un argumento que engancha. A veces, muchas veces la realidad supera toda ficción-.
    Seguro que tu amiga maduró antes de tiempo, y con no pocos sufrimientos.
    Me gustó como solucionó esos avatares tan duros..
    Besos.
    André

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  2. Muy buen relato..atrapa...Pregunta indiscreta ¿Esta conversación es real?...Es que está tan bien hecha...No lo tomes a mal, a mí también me preguntan eso cuando leen uno de mis cuentos

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  3. Que valor!
    Las cosas no serían fáciles hoy, pero imaginarlo entonces...un mundo.

    Besos

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  4. Cuántas historias en esta vida..
    Besos

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  5. Hola Alondra, soy Mikel, como has podido observar, tengo olvidado el blog, pero me ha gustado tu visita por la que fue mi casa, y sobre todo el mensaje de animo. Ya veo que tú sigues en tu línea y proactiva, como siempre. Un besazo y hasta cuando gustes.

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  6. Que te puedo decir? ja .... que al menos logro saberlo a tiempo y tuvo el valor de enfrentarlo, sabes añoro tener una amiga como tú sentarme y contarlo todo desbordarme después de tanto silencio besos

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  7. Hermoso blog Alondra, fué una alegría encontrarlo.
    Cariños desde Argentina.

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  8. El enfrentamiento es dolorosamente necesario. Bien parido el post.

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  9. La verdad es que ha madurado de golpe y ha sabido liberarse a tiempo.
    Ciertas frustraciones en la vida, te enseñan a sacar fuerzas de no sé dónde y es más, hasta se sale fortalecido de ellas.
    Felicitaciones a esa amiga.
    Te dejo mis cariños en un fuerte abrazo.
    kasioles

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  10. Un relato bien logrado que te engancha.

    Me gustó mucho. Felicitaciones.

    P.D. Agradezco tu visita. Tu blog me encantó y me agrada haber venido a conocerte.

    Te sigo.

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  11. Hay algo en tu texto que me toca muy personalmente, tal vez algún día te lo cuente, pero me llegó.
    Por cierto, de vez en cuando me brindo el placer de venir a visitarte.
    Un beso.
    HD

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  12. Qué bello texto, como tú dices, hay cosas que regresan pero luego todo queda en el tiempo, gracias por pasar por mi blog.
    Besos

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  13. Por los pelos, pero lo consiguió por eso puede brindar y sonreír a la vida y contarlo como una anécdota para reír.
    Las historias reales normalmente se descubren cuando ya se está de vuelta.
    Un beso

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