sábado, 12 de abril de 2014

La chispa de la vida...


Rogelio cada día caía un poco más en el vacío, la nada absoluta. Aquella tarde miraba resbalar las gotas de lluvia por el cristal de la ventana y se preguntaba cómo había llegado aquella situación y qué podía hacer para superarla...

Empezó por la primera pregunta, siempre había echado la culpa a los demás, ahora sabía que no, la culpa es que no eligió el camino adecuado ¿la razón? vuelve al principio, no, no fue por culpa de otros, simplemente no tuvo agallas de afrontar las cosas...

De acuerdo que su madre era autoritaria y poco dada a demostrar afecto, quizás por esa razón siempre se dejó llevar por quien se lo daba, pero tampoco así era feliz, llegaba a su cama asqueado y diciendo: ¡nunca más! hasta la siguiente piedra.

Cuando conoció a Elisa su mundo se iluminó, ya no pensaba, vivía... Tanto vivía que olvidó sus planes de ascender en el trabajo. Hasta que ella entró en su vida quería ser como sus compañeros y estudiaba ingeniería por la universidad a distancia. Sabía que ellos lo invitaban porque con él las conquistas estaban aseguradas, pero no era tonto y comprendía sus carencias, a la hora de la verdad la chica se iba con el mejor pretendiente y por lo general hasta el seboso de Lucas con su auto último modelo y su carrera de medicina  resultaba mejor partido.

Elisa era una ganadora nata y él un hermoso adorno, ya lo sabía pero vivía por y para ella. Fue un año loco, incluso tonteó con drogas blandas y aprendió a moverse en sociedad como un pez en el agua. Aquel día Elisa había insistido en que él llevara la moto, toda la pandilla pasaba el fin de semana en la casa de la playa, de ella por supuesto, e hicieron una excursión, él era el único que iba de paquete y Elisa le pidió que les demostrara quién era el mejor; la juventud y la inexperiencia te hace audaz y empezaron a bajar las curvas...

Desde el principio supo que no es lo mismo ir sólo que con un pasajero atrás pero no iba a reconocer que no era lo suficientemente bueno para protegerse de los imprevistos... Nadie supo exactamente qué ocurrió, cómo fue el accidente o a qué velocidad circulaba cuando perdíó el control de la moto, bueno, si lo sabían, pero todos callaron...

Dos semanas más tarde en la habitación del hospital leí la noticia:
Según fuentes cercanas a la familia la moto en la que circulaba la Señorita E. Vargas se salió de la vía y a consecuencia del impacto y no llevar casco, ha fallecido, también resultó herido de gravedad su acompañante R.A.D

El tiempo voló, se volvió sensato como quería su madre, se caso con una buena mujer, tuvo hijos y una vida de trabajo y ejemplo en su barrio. Simplemente uno más, la chispa de la vida se quedó encerrada bajo candado y ahora era tarde, demasiado tarde, no había tiempo ni ganas de empezar de nuevo. Cerró los ojos con fuerza y se alejó de la ventana, era tal el vacío interior que si no fuera tan cobarde abriría la ventana y volaría por un instante, un breve instante hasta caer al asfalto.


5 comentarios:

  1. Comprendo que en la juventud se pueden hacer muchas locuras, pero nunca he entendido la satisfacción que puede aportar una carrera desenfrenada en la que se puedan poner en peligro vidas.
    También estoy convencida de que nadie escarmienta en cabeza ajena.
    Lo ocurrido, le tuvo que servir de lección para que valore lo que actualmente tiene.
    Te deseo una feliz semana ¡cuidado si tienes que conducir!
    Cariños en el corazón.
    Kasioles

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  2. Cuanto dolor escurriendo en esos cristales, cuanta vida perdida, ojalá al volverse cruce sus ojos con la serena mirada de quien sigue a su lado.

    Un abrazo

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  3. nada se pierde
    de todo se aprende
    lo importante 'es seguir bien y vivo
    y ser mejor con el mundo que antes

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  4. Muy, muy bueno el relato. Me ha mantenido muy atenta. Comprendo al protagonista... A veces uno se llega a sentir así, y no, no hay que culpar a otros...

    Todos los actos llevan sus consecuencias, buenas o malas.

    Muchos besos.

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