martes, 18 de febrero de 2014

En el andén.

El tren empieza su marcha despacio, Rocío sigue con la nariz pegada a la ventanilla, Hugo sigue con la mano levantada mientras por su rostro empiezan a caer unas gruesas lágrimas...

Hace tiempo que el tren se fue, nadie queda en el andén y él sigue allí, las manos en los bolsillos del abrigo y la mirada perdida...
Aquella historia nunca debió empezar estaba hecha de palabras y sueños...

Rocío cada día llenaba las páginas en blanco de su vida con letras que le invitaban a jugar, se convirtió en un polizón en sus sueños, imaginaba como el viento jugaba con su pelo igual que él haría con sus manos, incluso había comprado su perfume para aspirar su aroma y deseaba comer a besos aquella piel morena.

Hugo reconocía que primero le abrió sus malos pensamientos, luego su corazón, era la estrella que se escondía detrás de las nubes cada noche y fuente de agua fresca que manaba y no calmaba la sed...

Un mes antes del encuentro pintó su casa, no era lujosa pero quería que se encontrara cómoda. Incluso compró un colchón nuevo y contrató una agencia para que hiciera una buena limpieza, guardó las viejas fotos y llenó la nevera con exquisiteces.

El día que fue a recibirla a la estación pensó que físicamente llamaría la atención a su lado, él no era muy alto y ella tenía un cuerpo de formas abundantes que realzaba con un vestido blanco de estampado rojo y unos altísimos zapatos de tacón.

La primera semana fue como una luna de miel, el tiempo que tenían libre después de  fogosos encuentros, paseaban por la ciudad; compraron cortinas para el salón, plantas, cuadros, joyas, la complacía en todo; hasta logró que él pensara  que también necesitaba un cambio y de su ropa antigua apenas quedaba el abrigo y un par de corbatas en el armario.

Era como un cuento, pero de un día al otro la historia se torció con la velocidad de una montaña rusa. Rocío empezó a decirle que había perdido la ilusión, había cometido el error de creer su  idea de amor perfecto, quiso pensar que era el hombre que siempre esperó e intentó hacer la vida que había soñado, pero se había equivocado; le aburría su poca iniciativa, que dijera si a todo; detestaba su piel peluda y sus manos sudorosas, le agobiaba que quisiera estar siempre pegado a ella y le aburría la pequeña ciudad siempre viendo a las mismas personas con una vida monótona.  ¡No quiero seguir contigo!

Hugo escuchó en silencio y no dijo nada para que se quedara, en realidad no volvió hablar, esperó que hiciera su maleta, la acompañó a la estación, le compró el billete de tren y allí seguía mirando las vías, el corazón hundido y en su cabeza sólo resonaban aquellas palabras viperinas.


10 comentarios:

  1. Una triste historia que no podía tener otro final, nunca debemos depende de otro y centrar nuestra vida en otra persona. Primero debemos estar felices con nosotros mismos y después sí poder integrar a otro en nuestras vidas.
    Muy bueno!!!
    Cariños….

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  2. Maravilloso por su realismo, por su tristeza, por la verdad que conlleva y sobre todo por tu manera de contarlo y de irnos metiendo en la historia hasta hacerla nuestra,
    Un beso

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  3. Es realmente triste darlo todo y perdelo en un instante. Espero que cuando reemprenda el camino a casa, sea capaz de encontrar un camino en el que no tenga que perderse para tenerse.

    Un abrazo

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  4. Una pena para Hugo, su carácter apocado no merecía a esa mujer.


    Un saludo

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  5. Qué historia más triste de rechazo, Alondra, pero qué bien contada.
    Un beso.
    HD

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  6. Como me gustan los animales me fijé en tu icono y nombre y vine a visitarte. Hola, me ha gustado tu relato, bastante real, pero con poesía en la primera parte.
    Voy a darme una vuelta por tu blog,pues me gusta la gente sensible y tus escritos lo son.
    Saludos.

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  7. Que pena entrar profundamente a una relación sin meditarlo, dejando luego un dolor tremendo en ambos corazones
    Besos

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  8. Mantén los ojos fijos en las estrellas
    y la esperanza floreciendo en el corazón,
    mientras los sueños que persigues
    se adhieren al seno de la ilusión…

    Te envío un abrazo desde la distancia
    con la mano puesta en los sentimientos,
    para desearte un magnifico miércoles!!

    Atte.
    María Del Carmen


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  9. Estoy todavía sintiendo un nudo en la garganta por el fracaso de alguien que se ha entregado completamente y que se ve rechazado. A mi me parece que el problema nace por la forma y el modo en que deciden conocerse. Llegan demasiado lejos, sin ningún tiempo para conocerse. Termina siendo una relación de "prueba" como si los sentimientos de la otra persona fueran un artículo de consumo. Claro que el amor tiene que fluir y sentirse en las dos direcciones porque es cosa de dos, pero el terrible error es lanzarse a la piscina sin haber comprobado que había agua.

    Te felicito por el relato escrito con delicadeza y ternura. Es muy bueno. Un abrazo. Franziska

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  10. Yo que él, me quedaba en la estación. Los trenes no solo se llevan fracasos, también traen ilusiones. O, al menos, periódicos gratis.
    Abrazos, siempre

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