lunes, 30 de septiembre de 2013

Mi pequeña peluda...




Ella también vive aquí.
Si no quieres pelos en la ropa, no te acerques.
Si le haces daño a mi perrita me lo haces a mí.
Para ti es sólo un animal para mi es parte de mi familia.
Ella será siempre fiel hasta el último latido de su corazón... ¿Puedes decir lo mismo?

sábado, 28 de septiembre de 2013

Y ahora... abuela

Llevo unos días deseando escribir sobre el tema y sinceramente no sabía como exponerlo, por eso sin adornarlo demasiado ahí va: ¡Voy a ser abuela!...

Desde que mi hijo mayor se casó una de las preguntas más recurrentes de las amigas era: -¿aún no te hacen abuela? Sinceramente ni lo pensaba, era algo que un día ocurriría pero ni mi mente, ni mi corazón, sentían la necesidad de ser abuela. Además, hoy las parejas programan los hijos en función de la estabilidad profesional, y alargan la paternidad para disfrutar un poco más sin obligaciones y veía lejana la noticia.

Pero todo en la vida tiene su momento y según parece fue buscado y deseado; los futuros papás están muy contentos y la familia acogimos la noticia con gran alegría. ¡Y aquí estoy!, emocionada, orgullosa y seguramente se me harán largos los meses hasta la primavera... ¿Niño o niña? me da igual, como se dice siempre: lo importante es que venga sanito.

A mi nuera le dije que se cuidara mucho y disfrutara del embarazo; a mi hijo le recomendé paciencia y que la mimara, ella es ahora la protagonista.

Os confieso que no voy a ser de las que tejen patucos, o cosen vestiditos, aunque seguro disfrutaré mucho cuando me dejen de vez en cuando al bebé e imagino la ternura que sentiré. Supongo que la idea no es sentirme vieja porque voy a ser abuela, sino qué tipo de abuela quiero ser, y sinceramente, disfruté tanto de mis pajaritos que no tengo ninguna asignatura pendiente

En fin, una nueva etapa en mi vida y espero poder seguir al pie de la letra algo que leí en una ocasión: "estar, sin aconsejar; decir, sin criticar; sugerir, sin ordenar y sobre todo QUERER"


jueves, 19 de septiembre de 2013

Sr. Presidente...

El mes de agosto mientras usted disfrutaba del descanso del guerrero yo viví en la incertidumbre, vi pasar los días con preocupación; además, estaba dolida y enfadada: cuando el pueblo pasa necesidades las ideologías se marchitan... Ahora, ya tengo la sentencia, emocionalmente intento pensar en las palabras de mi madre: "cuando las cosas pasan es porque algo mejor te espera..." bueno, ella es muy positiva, pero también resuenan las de mi padre: "hija estudia que otra herencia no puedo dejarte"...

¿Por qué le escribo?, le explico: desde el lunes voy a engordar la interminable lista de desempleados de este país, ¡vamos! que soy un número más para esa estadística que mes tras mes le destroza las previsiones del gobierno. Pero no, no soy un número, tengo un rostro, una historia y planes...(aunque por el momento me conformaría con seguir pagando el alquiler del apartamento de 30mts.cuadrados y lograr una estabilidad que me permitiera tener algún hijo antes de que se me pase el arroz)

Aquello de "tu presente y futuro está en tus manos", no es cierto, desde hace cinco años estoy a lo que salga, depende siempre de las circunstancias y por el momento no han sido favorables. Mientras no surge la oportunidad de ejercer mi carrera, cualquier empleo, en cualquier sector, es un salvavidas, ¿y sabe?,  para eso también impera la ley de la oferta y la demanda: empresarios y agencias de trabajo temporal para las que un "demasiado preparado" no es rentable, eres más conocedor de tus derechos y hoy se busca beneficio al menor costo, y piensan que si tienes menos estudios, o menos expectativas, serás un trabajador más estable. 

Sr. Presidente voy agarrarme aunque sea a un hierro ardiendo e intentar creer en sus palabras: “hay una mejora en la tendencia del desempleo"... Necesito aferrarme a la ilusión de que un mundo mejor es posible sin emigrar, cuando lo hicieron mis abuelos sobraba gente en España pero hacía falta en otra parte y hoy no es así... Tampoco me venda la excusa del idioma, ante el futuro incierto y para tener un trabajo precario, prefiero luchar aquí  y no porque me crea su discurso ("para salir de ésta todos tenemos que empujar y trabajar mucho" Sr. Presidente, eso es lo que hacemos, cuando logramos trabajo, trabajar mucho a cambio de menos sueldo, menos derechos y desanimados... Así que, por el momento me quedo, al menos en mi país tengo la barricada protectora de mi familia y mis amigos.

Dicen de usted que es  reflexivo, austero y sencillo, si es así, imagino que primero obrará y luego hablará... A ver si en el próximo discurso nos da la alegría de que los sacrificios no nos pasen factura a los de siempre. Sería bueno que los políticos no acumularan dietas y se prohibieran los cargos de libre designación en los cuales familiares, afines a los partidos y demás comensales se nutren a costa del erario público. También se podría ahorrar, sin tocar las pensiones, si los partidos políticos y los sindicatos estuvieran financiados por sus afiliados y benefactores, al menos no robarían el presupuesto del estado.

En fin, ¡que no cunda el pánico!, intentaré pasar página de este nuevo revés lo antes posible para poder afrontar con fuerza la nueva etapa.

Atentamente, Sara


jueves, 12 de septiembre de 2013

Abrela

Tenía muchas ilusiones puestas en el verano, ya se sabe, las cosas no son como uno quiere, son como vienen... Total, me llegan los dedos de una mano para contar los días que puse rumbo al mar. Eso si, la climatología fue mi aliada y esos días espaciados a lo largo de Julio y Agosto fueron perfectos.

El número seis lo contabilicé ayer, imagino que la despedida del verano... La mañana  amaneció perfecta, decidí no pensarlo mucho, escaparme, y nada mejor que rodearme de naturaleza y paz para dar un descanso a la mente, al cuerpo y a las circunstancias...


Ahora, cuando salgo de casa me acompaña el espíritu aventurero y así conocí esta playa cercana a la ciudad de Viveiro, en la costa lucense. Para llegar debemos dejar la carretera general y seguir una flecha con el nombre de Abrela,  nos encontramos una vía estrecha y llena de curvas, de esas que parece  te llevan al fin del mundo, pero en apenas diez minutos llegas a un oasis donde se combina el bosque y el mar.



Decía Borges: Me gusta tanto Buenos Aires que no me gusta que le guste a otros... A esta Alondra le ocurre lo mismo, es tan maravillosa, recogida y salvaje, que tengo terror a ir un domingo y pierda su encanto... El agua es trasparente, la arena finísima.


 


En la mochila llevaba un par de sandwiches, fruta y agua, al final sirvieron de merienda porque todavía estaba abierto el chiringuito que tiene precios asequibles y un trato amable. La comida es sencilla pero cuidan con esmero no sólo la calidad también la presentación, algo que te sorprende gratamente en un lugar donde las mesas se visten con manteles de papel.



Antes que el sueño (o el terror) tejiera

mitologías y cosmogonías,

antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, el siempre mar, ya estaba y era. (Borges)