martes, 7 de mayo de 2013

Tenebrosa historia.

Marlene se asomaba a la ventana enrejada de noche, cuando los ruidos de la ciudad se calmaban, la luna brillante, el cielo lleno de estrellas… A los 16 años el deseo empezaba arañar su piel y soñaba con un galán de telenovela.

-¡Marlene apaga la luz, es tarde! Gritaba su madre desde la otra habitación.

Ella cerraba la ventana, miraba debajo de la cama no hubiera entrado alguna asquerosa cucaracha voladora, colocaba el uniforme en la silla, los libros en la mochila y se acostaba.

En la mañana con la bendición, su madre siempre le decía lo mismo:  -“No se meta en zaperocos mijita”

Marlene descubrió un día que el transporte del colegio se había negado a recogerla porque vivía en un barrio pobre, esto era sinónimo de violencia e inseguridad y por eso su papá la llevaba todos los días al este de la ciudad, a un colegio privado religioso que le costaba sus buenos “bolos” como le gritaba cuando las notas no subían del notable.

Carla era su mejor amiga, dentro de una semana al finalizar el curso se iba a Italia, sus padres no le habían preguntado si quería irse y estaba muy triste, pensaba que sería una extraña en la nueva tierra y el día que regresara, también en la suya… Los padres de Marlene se quedarían con el traspaso del apartamento de los padres de Carla en una urbanización con vigilancia privada. Ellas, todavía creían que era ridículo no vivir la ciudad completa, la intolerancia viene igual de una calle llena de basura que de otra con autos lujosos,  los adultos no quieren una ciudad para todos y sienten que hay dos que acaparan unos cuantos.

Aquel día era el escogido, habían preparado la escapada precisamente porque llevaban chándal, a primera hora había gimnasia; debajo se habían puesto unos shorts vaqueros y un top, habían roto sus huchas y aprovecharían que sus padres hablaban de la mudanza  y se mezclarían entre los demás estudiantes del transporte escolar. Disfrutarían de un día fuera de la sociedad burbuja.

Se bajaron del metro en una estación cualquiera, de la mano reían y miraban con curiosidad la explosión de vida de una mañana calurosa; corrieron al sonido de la campanilla del heladero, entraron en un cine de sesión continua con una bolsa gigante de palomitas de maíz  y vieron películas prohibidas. Al salir fueron a comer hamburguesas al centro comercial con unos chicos que conocieron en el cine, las invitaron a sus primeras cervezas...

Eso es lo último que recordaron con nitidez de aquel día. Cuando volvieron en sí, descubrieron que estaban en una mugrienta habitación, sus ropas por el suelo... Como a muchas otras jóvenes, las drogaron con burundanga.

Mientras ambas se miraban aterrorizadas y doloridas escuchaban  el sonido de sirenas, luces azules se reflejaban en un espejo del techo. El ruido de balazos fuera y dentro les llevó a ovillarse en la cama como animales heridos, el olor a pólvora el último suspiro cuando sus cuerpos quedaron como muñecas rotas llenas de plomo.

Al día siguiente para la sociedad una noticia más en la página de sucesos: "redada  contra el narcotráfico y prostitución."  Para sus padres quedaría el profundo dolor y un manojo de frustración personal sin explicación coherente del por qué sus niñas estaban en aquel lugar.

6 comentarios:

  1. Me amarró la narración.
    Pido más
    de momento quedo satisfecho!

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  2. Nunca estamos solos
    cuando sabemos
    que ocupamos
    un lugar, en el
    corazón del amigo.


    Quisiera que la belleza
    de esta tarde del miércoles,
    conquistará una sonrisa
    en la cornisa del viento
    para ti!!


    Un abrazo de violetas
    y un beso de poetas.

    Atte.
    María Del Carmen



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  3. Que lindo cuento Alondra, seguro que Uru desde el cielo te sigue leyendo. Gracias por tu comentario, a penas puedo escribir algo más, pero ya no visita nadie el blog, la sacaron de sus lista de blogs, pero seguiré escribiendo como ella quería. Fuerza, Alondra!!!, eres tan luchadora como ella lo fué. Un abrazo.

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  4. Lo que empezó con la ingenuidad de la adolescencia de descubrir la vida, ¡cómo terminó!
    Feliz fin de semana Alondra.

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  5. ¡Qué desastre! Es terrible vivir en una sociedad tan enferma. Es decir, que lo que hicieron de un modo inocente, terminó de un modo brutal y con ellas y su libertad para siempre. Luego vendrán las explicaciones pero ¿quién cree en la inocencia de las mujeres? Siempre quedará el poso de la incomprensión.
    Es una historia terrible, sin duda.

    Un abrazo. Franziska

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