viernes, 14 de diciembre de 2012

La memoria te da identidad… o te la quita

...Las piernas no me obedecen, a veces tengo la lengua estropajosa, les escucho pero no contesto cuando tratan de convencerme de que use el bastón, el andador. Estoy a merced de lo que quieran hacer conmigo, dicen que tengo la cabeza perdidita que no soy razonable, pero es que no me dejan hacer las cosas a mi manera y todos quieren gobernarme, se empeñan en ponerme como dios me trajo al mundo y bañarme sentada, a mi me da vergüenza que me vean en cueros... La gata de mi vecina se meó en mis zapatillas y quieren ponerme pañales, eso ni hablar, que le lleven la gata a mi vecina, pero el Manolo insiste que en casa no hay ningún animal, mi hija trajo la escoba y  yo la espanté de debajo del sillón. No se porque las piernas no me obedecen y tengo que caminar despacio, vaya tembleque tengo en las manos, al llevar la sopa del plato a la boca se caen todos los fideos, sólo faltaba que me la dieran ellos por eso cierro la boca y no quiero abrirla, ¡ay señor! los días pasan sin pena ni gloria...



En el mes de Julio, como todos los años A. se fue de vacaciones a la playa con su marido. En Agosto hizo una comida familiar para celebrar sus 87 años muy bien cumplidos. A. no solo presumía de ellos, es que nadie le echaba esa edad. Siempre impecable, todas las semanas a la peluquería y activa como recién jubilada.

En el mes de Octubre tuvo una caída aparentemente tonta pero desde ese momento empezó a caminar con dificultad, incluso se le olvidaban pequeñas cosas. El médico de familia la envió al hospital, le hicieron todo tipo de pruebas y aparentemente eran cosas de la edad... A la semana se volvió a caer y no se le entendía lo que hablaba, la ambulancia la llevó de nuevo al hospital y la mala noticia se confirmó "ictus".

Ahora A. habla con claridad pero ya no es la misma persona, le afectó el pensamiento y la memoria, no reconoce a sus seres queridos, tampoco sigue una conversación, su comportamiento no tiene capacidad para reconocer el peligro. Sufre alucinaciones y aunque le muestres que en el lugar que indica no hay nada se enfada y protesta; tiene largas conversaciones con su hermana muerta y personas que conoció en momentos del pasado; su capacidad de juzgar distancias y de hacer los movimientos es torpe y temblorosa, sin ayuda no se vale por si misma...

Su indefensión produce una pena infinita, sus diálogos con el marido repiten una y otra vez las mismas frases sin dar el brazo a torcer uno y el otro. En momentos de lucidez pide a su virgen que baje la mano por ella,  solo desea el silencio para terminar sus días con un sentimiento de paz consigo misma y con el mundo. Cuando su cerebro se envuelve en la niebla no tiene felicidad ni dolor, sólo sueño; el dolor está en quienes le rodean...

Llevar a una madre a una residencia de ancianos puede parecer una decisión acertada cuando sus condiciones de demencia y las tuyas físicas, no pueden asumir las tareas de responsabilidad y dedicación. Pero el amor de la familia no se puede sustituir por el afecto de una enfermera. Recoges sus cosas y en el estómago hay un nudo que no te deja respirar, te sientes culpable por no acompañarla en su último caminar, cuando más te necesita...


8 comentarios:

  1. HAY QUE HACERSE CARGO, NO SOMOS SUPERMUJERES PODEROSAS
    NO LO PODEMOS TODO
    QUE DURO!
    UN ABRAZO GRANDE
    Besos

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  2. Un post desgarrador.No puedo decir más, sólo que quiero volver a leerlo.
    Un beso fuerte amiga.

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  3. Dios tenga misericordia de nosotros, porque vamos hacia all'a

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  4. Me ha gustado mucho tu entrada de hoy. La decisión de poner a una madre en una de esas residencias es una de la más duras que algunas personas tienen que tomar. Hay veces que no queda otro remedio pero si hay la más minima posibilidad debemos evitarla.
    Yo cada día le doy gracias a Dios por poder estar con mi madre y acompañarla en sus ultimos pasos como un día ella me acompañó en los primeros.
    Un beso y gracias por seguir escribiendo.

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  5. Las circunstancias a veces son las que toman las decisiones. No cabe duda de que es doloroso e incluso traumático pero el hecho de que vivan en una residencia no significa que nos olvidemos de su existencia, ni mucho menos.
    Saludos desde Tenerife y te dejo enlace de mi espacio para cuando gustes.
    http://gofioconmiel.blogspot.com.es/

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  6. Mi querida Alondra, hoy tu trinar es muy triste y yo me he abrazado a tí y he llorado contigo durante un instante.

    Reconozco ése dolor del que hablas y sientes. Mi sentimiento es idéntico con respecto a mi primera madre (ya sabes, mi abuela). Cada vez que voy a visitarla a su residencia, el sentimiento de culpabilidad me invade. Ella que fué una mujer fuerte y valerosa (aún lo sigue siendo, con su carácter intácto), ahora depende de manos y gestos extraños.

    Como bien dices, no solo son los sentimientos que se mueven con dolor, es la sensación de dejarlas indefensas y rabiosas a la vez, por aquellos momentos en que sientan que han pedido su dignidad al dejarse hacer y llevar por manos que ni son las suyas ni serán nunca la de los suyos.

    Es desgarrador este sentimiento y duele, vaya que si duele!

    Te dejo mi cariño inmeso para tí y para ella un abrazo grande grande.

    Besos guapa!

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  7. Es realmente cruel ver como la vida se escapa de quienes amamos cuando aún los tenemos enfrente, su cuerpo respira, pero su alma se ha escapado como agua entre las manos.
    Al dolor de la pérdida adelantada, se une con facilidad la culpa, infundada pero real que te asalta en cada rincón.
    Un fuerte abrazo

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  8. Excelente reflexión.

    Felices Fiestas! Paz, amor y sabiduría.
    David

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