domingo, 20 de mayo de 2012

Llegada y despedida...

En el pueblo donde vive la familia Rodríguez, de un lado de la carretera principal está el Hospital, del otro el Tanatorio. Por esas extrañas circunstancias de las que culpamos al azar, la noche anterior la familia Rodríguez recibió con alegría un nuevo miembro en el hospital, por la mañana, se reunieron para despedir en el tanatorio a otro. La vida jamás se detiene, cambia de aspecto, cambia de rostro...


Ayer se fue Lola, sobrevivió 13 años a su enfermedad y al final se fue en un suspiro. Su hermana lloraba silenciosamente, en sus manos un rosario, tiene el consuelo de creer en un cielo y Lola se lo había ganado. Su hija apenada por no recibir su última mirada se culpaba de algo donde ella no tenía arte ni parte, lo que importa es lo que hizo antes, como vivió y apoyó a su madre. El marido sin acabar de creerse que el fin hubiera llegado después de convivir tantos años con una muerte anunciada.

Para Lola del cáncer se encargaba la quimio, los médicos; nunca conocí a una persona que tuviera tanta fe para seguir todas las indicaciones, y se enfrentó a procedimientos invasivos como cirugía, quimioterapia y radiación dejándose llevar sin una duda. Tenía una actitud positiva, voluntad para luchar y desde luego no escondía el nombre ni los efectos.

Los rituales de la muerte me dejan frío en el alma pero con los años comprendí que la muerte es parte de la vida y no queda otra que organizarla como quien organiza otro evento más de nuestro paso por este planeta: los servicios religiosos, tradiciones, flores, ayudan a la familia a paliar el dolor y sentir que se honra a la persona que falleció.

No quise verla en el ataúd, soy de las que prefiero recordar a quienes aprecio como fueron y como digo a los míos: -"en mi velorio cajón cerrado". Ante la muerte no soy capaz de derramar una mísera lágrima por mucho que lo sienta, incluso las palabras se evaporan; es un estar presente, acompañar, escuchar e incluso por momentos miras alrededor y tienes ganas de gritar: ¡Es el último viaje, la última estación, un poco de respeto!...

En fin, la muerte nos iguala y para conjurar el miedo no es nada raro ver a las personas sonriendo y hablando unas con otras como si nada triste hubiese ocurrido. Pero el murmullo, el abrazo, la palabra, la visita de esos rostros conocidos sirve de algo: es compañía  para los vivos, la difunta es sólo un muerto y parafraseando al poeta: ¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!

5 comentarios:

  1. Preciosas palabras!!! Me han calado hondo, y es que yo he perdido ya a muchos de los mios: mi padre cuando tenía 9 años, mi madre cuando tenía 32, mi primer sobrino recien nacido... Bueno, y los abuelos, pero eso es más facil de digerir. Aun así, demasiados entierros. Y nunca he llorado en ninguno de ellos. No puedo. Les lloro después, cuando les echo de menos, cuando estoy sola en casa, cuando encuentro algo en un cajón que me los recuerda... Cada uno intenta asimilar la muerte y adaptar la perdida a la vida como puede, supongo.

    Como creo que tienes un blog precioso, me quedo para seguirte.

    Yo, por mi parte, invitarte a que visites el mio: http://maramaruja.blogspot.com donde comparto mis recetas y trucos caseros.

    Un saludo,

    Mara

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  2. La parca se ha llevado demasiados seres queridos
    Sigo quedando perpleja
    .......
    Un abrazo

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  3. ME HAS EMOCIONADO CON TUS PALABRAS, QUIEN NO HA PASADO EN SU VIDA ALGO SEMEJANTE NO LAS ENTEDERA YO POR DESGRACIA LAS HE VIVIDO Y LAS SIGO VIVIENDO; MIS FELICITACIONES PARA EL RECIÉN LLEGADO A ESTE MUNDO Y MI MAS SENTIDO PÉSAME PARA LA QUE SE FUE DE EL.

    UN ABRAZO

    SERAFINA

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  4. Querida amiga: Hacía tiempo que no venía a visitarte.
    Hoy me tropiezo con una entrada triste, de esas que hacen vibrar con fuerza mi corazón.
    Todas las despedidas son dolorosas, yo todavía sufro por la partida de seres a los que he querido con toda el alma.
    No me gustan los velatorios, son un mero acto social, los que verdaderamente sienten su pérdida, son los que siempre han permanecido a su lado, el resto...
    Estoy de acuerdo contigo ¡qué solos se quedan los muertos!
    A los acompañantes, tendríamos que decirles que se fueran a charlar a otra parte.
    Cariños sinceros.
    Kasioles

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  5. Hoy quiero regalarte un cofre lleno de abrazos, para cuando te invada la melancolía lo habrás y descubras el afectuoso sentimiento que en su interior te estará aguardando…

    Porque ayer has sido tú el puerto que albergo mis ilusiones, dibujando nuevos horizontes, iluminados siempre por el constante aprecio de la amistad.

    Hoy como ayer
    Me paseo de tu mano
    Dando las gracias
    Por haberte conocido.

    María del Carmen

    (Yo también soy incapaz de llorar en momentos duros y noi yo mism lo comprendo, y luego por simplezas me rompo)

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