martes, 29 de marzo de 2011

Náufragos...

Imagen extraída de: cuentosprescindibles.blogspot.com

Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho.
(Francisco de Quevedo)


La ilusión, ajena a la voluntad, puede desencadenar en nuestras vidas organizadas una obsesión de forma fulminante, y dejar salir la bestia biológica de carne y hueso que se esconde dentro de cada uno de nosotros.

Eso le ocurrió a Helena y Alexis, la casualidad, la noche confidente, las horas compartiendo cigarrillos en un balcón o simplemente el lugar, y el momento adecuado, hizo que se escaparan prejuicios que se habían ido asentado como telarañas en las paredes de habitaciones que no se abren.

La vida de Helena era predecible, un día igual al siguiente, eso tenía sus ventajas pero se perdía la magia. Su mente encendió la luz roja de riesgo y como de ahí parte el deseo, lo prohibido despierta los instintos, no quiso hacer nada por dejar de intercambiar sueños e imágenes fantaseadas en voz baja.

Alexis decía que el mundo había cambiado y los hombres de cierta edad, se sentían amenazados, se les pedía que fueran poetas y a la vez amantes impulsivos, y era tan sencillo en realidad; hombres y mujeres deseamos lo mismo: sentirnos hermosos para los demás y dejarnos invadir por la admiración y el deseo del otro, oscurecer el razonamiento como si bajáramos la persiana y que la luz se difumine, y bailar entrelazados las notas de una canción, sintiendo los músculos tensos por el deseo.

A Helena, le dolía la cordura, el tren llegaba a su estación y quería subir, auque sólo fuera hasta el apeadero siguiente. Cuando uno madura es necesario tener un bagaje interno de cosas positivas, de sabiduría para no comportarnos como niños, eso le sobraba, pero se estaba volviendo hostil de tanto convivir en soledad; necesitaba un amor de piel, una pasión suave como el aire y fuerte como un huracán, que cegara su mente, y le contagiara locura.

Alexis, creía que el juego tendría un final previsto como sus cosechas de maíz: preparar la tierra, sembrarla y recoger el fruto, simple como la naturaleza. La mujer que tenía a su lado era especial, reunía cualidades que no estaban por lo general al alcance de su mano, le llenaba de orgullo que se hubiera fijado en él y le ofrecía la confianza necesaria para curar heridas pasadas, dueño de tantos deseos insatisfechos, el miedo vivía escondido en su pantalón, su cuerpo no respondía a los deseos que surgían en su corazón.

Eran dos barcos a la deriva por una tempestad interior, deseando encontrar una isla que le ofreciera la seguridad de la tierra para secarse al sol; los dos mirando su problema, no al del otro, los dos egoístas intentando buscar luz en el deseo.

En circunstancias normales ninguno se hubiera fijado en el otro, el campo y la ciudad sólo se encuentran los fines de semana. Llegado el momento, las palabras de amor no estuvieron presentes, sólo notas de alturas variables; piel, carne, calor, humedad... hambres del cuerpo que fluyeron para llevarles a las profundidades de si mismos.

Al amanecer, un beso huidizo en la puerta había ahogado palabras de despedida, no querían decir nada, no necesitaba decir nada, cada gota de sudor estaba hecha de fantasía y pasión… ¿Hay algo más sincero?

Camino a casa Alexis iba impregnado del aroma y la suavidad de aquella mujer, la lucha de los sentidos abrió todos los poros de su piel y había encontrado la seguridad física que otra le había robado. Para un hombre poder responder al deseo formaba parte de su seguridad. Era demasiado evidente, siempre estaban en desventaja, las mujeres podían fingir y algunas eran excelentes actrices. Pero a los hombres su seguridad emocional, su ego, su humor, sus luchas todo dependía de lo que se entendía por hombría en la sociedad que el había vivido, un miembro erecto.

Helena ya en su auto, cerró los ojos, en ese instante no quería pensar en la llegada a su mundo, ni en el mañana; había sido protagonista de un cortometraje, un personaje que la vida le había ofrecido interpretar y nada mas… Se miró al espejo, nada en su apariencia que fuese a alterar el orden de las cosas, respiró fuerte, y enfiló la cuesta, el semáforo estaba en verde.

Alexis y Helena, solo fueron dos nombres y una historia en la gran ciudad.

(Palabras y sentimientos repetidos de un cuento anterior con nuevos protagonistas)

El que no sabe gozar de la aventura cuando le viene, no se debe quejar si se le pasa.
Miguel De Cervantes Saavedra

viernes, 25 de marzo de 2011

La prima de Lúa


Pasaba por aquí y os cuento que sigo con mi chapa y pintura, hasta finales de mes no sabré si paso la ITV.
Estos días mi hija vino a pasar unos días a casa y claro con ella Rasca, otra perrita adoptada del refugio de animales en su nueva ciudad.
Esta alondra estaba muy preocupada, últimamente no tengo mucha paciencia y temía que la convivencia con Lúa no fuera buena, al fin y al cabo Lúa es la reina de la casa.
Ha sido genial, las dejamos olerse tranquilas y desde el principio se aceptaron. Adonde va Lúa va Rasca, incluso duermen las dos, cada una en su camita en el mismo lugar de la casa donde lo hacía Lúa, les cerramos la puerta y no hay lloros ni peleas…
¡No me lo puedo creer!, incluso Lúa no protesta si Rasca se apodera de algún juguete o de su cama en alguna ocasión, eso si, Lúa es muy golosa y le roba las golosinas que Rasca esconde.
Las dos se echarán de menos cuando se separen. Es una bonita experiencia y ambas salen favorecidas: Lúa muy activa y juguetona, le está enseñando cosas a Rasca, más tímida y miedosa.

Gracias por vuestro afecto y compañía, y poder demostrar que las palabras pueden ser caricias balsámicas

jueves, 17 de marzo de 2011

Reflexiones con los dedos sobre el teclado...

Dicen que en las tertulias de amigos se debe evitar hablar de política y deportes si no queremos terminar enfrentados... Esta alondra ha ido dejando opiniones sobre estos temas en los blogs de amigos que todavía no perdieron la ilusión de que un mundo mejor es posible.

En este lugar ha sido el gran ausente… Hoy, a pesar de la apatía, me pregunto: ¿qué virus extraño entra en el cuerpo de alguien que asienta sus posaderas en los despachos del poder y usa coches oficiales?, la aparente persona normal, y llena de ilusión por arreglar problemas empieza a cambiar y a tener tendencia al despotismo. El tan cacareado diálogo político se convierte en un monólogo de críticas, igual que en un partido de tenis no paran de pasarse la pelota... ¡Por favor olviden lo accesorio y vayan a lo importante!...

Estos días escucho la radio y veo la televisión, las noticias se suceden a mucha velocidad, unas se comen a las otras, observo que ya no nos inculcan la información de forma sutil para que los sentimientos parezcan haber nacido en nuestro interior espontáneamente, ahora las descargas son de alto voltaje para que la gente se parezca a un rebaño de ovejas consumidoras y consumidas.

El capital que puede producir empleos se va a fabricar a países con mano de obra barata (yo diría esclavista) y luego nos lavan el cerebro de que consumir es llevar al país adelante... Las mafias se convierten en negocios, y actividades criminales aprovechándose de la laxitud del ordenamiento jurídico, la ineptitud y la corrupción, con frecuencia presentes en el ejercicio de la función judicial y de los órganos de vigilancia y control, y a la tolerancia o complicidad política y social. Los medios de comunicación critican la trata de blancas, y a la vez, publican los anuncios donde se comercia con mujeres.

La crisis es el mayor patrocinador de las mafias, y que decir de la red de venta de armas y transferencia tecnológica. Esta información no sólo es secreta para la población, también lo es para los diputados de las Cortes Generales, que al desconocer la información no pueden ejercer su papel de control sobre las actuaciones del gobierno, impidiendo así un seguimiento de verificación en el cumplimiento de la ley, asumiendo un compromiso de avanzar en un programa que establezca un tratado sobre comercio de armas.

¿Cumplen las penas los maltratadores, violadores?, ¿cómo es posible que el estado tenga que resarcir económicamente a un terrorista?... Se bajan los sueldos y encarece la cesta de la compra, y los impuestos se organizan mal…

Señores dejen de enviarnos globos sondas para que la gente no hable de lo importante, y póngase a trabajar que para eso tienen el privilegio de un buen sueldo y viajar en coche oficial, no para que salgan tantos minutos en televisión o se pasen el día berreando como niños en patio de recreo.

Mientras tanto, los ojos se llenan del horror de nuestros semejantes. El mundo nos avisa que somos dioses con pies de barro, desarrollamos mucha tecnología pero seguimos siendo vulnerables a los desastres de la naturaleza, cada vez que ocurren se pierden vidas y recursos irrecuperables… ¡Humanos arrogantes! mientras le pase a otros seguimos sin cuidar la tierra y los mares que nos dan y nos quitan la vida.

“No progresas mejorando lo que ya esta hecho, sino esforzándote por lograr lo que aún queda por hacer". Khalil Gibran

miércoles, 9 de marzo de 2011

La otra dimensión...



Aquel curso sería mi primer año como universitaria, la opción elegida : psicología. Una vez más, la Universidad Central estaba en huelga y yo tenía que buscar un trabajo, esa era la condición de mi padre si quería hacer estudios superiores: -¡te los pagas tú!...

Debo decir que hasta ese momento iba por la mañana al instituto, y por la tarde a una academia para sacar el título de secretariado. No me pregunten cómo me las arreglaba… pero mis notas no bajaban de notable, quizás el riesgo de que me obligaran a dejar los estudios, el dinero escaseaba, hacía que mi cerebro trabajara a toda velocidad.

Mi primer trabajo fue en un despacho de abogados, y allí entre legajos, discusiones de divorcios y unas cuantas escrituras de propiedad manuscritas con mi hermosa caligrafía; me planteé no seguir esperando e inscribirme en derecho en el nocturno de una universidad privada.

El horario laboral era cómodo: de 9 a 1 y de 3 a 5, contando media hora de autobús podía ir a casa a comer el taper que mi madre me dejaba preparado.
Aquel día era uno más de regreso al trabajo; 2:30 de la tarde, el autobús se detiene en un semáforo que daba paso a la utopista, desde la avenida amplia, bordeada de quintas que habíamos recorrido. Miraba por la ventanilla abstraída en un hermoso apamate florido que sobresalía del alto muro de la mansión a mi derecha. Un ruido espantoso rompió mi paz interior… desde ese instante sólo recuerdo el árbol caído sobre el tejado de la casa, parte del muro en el suelo ocupado por un helicóptero ladeado de las fuerzas militares, y una de sus aspas había cortado el techo del autobús, llegando casi a rozar los tres sillones anteriores a donde yo me encontraba.

Sinceramente no recuerdo mucho más… parece que me bajé y empecé a caminar hasta mi casa, allí me acosté abrazada a mi perro de peluche, y en la modorra el sonido de un teléfono de forma insistente, más tarde la voz de mi madre preguntando que me pasaba… No hablaba, y llamaron al médico, dijo que estaba bajo un fuerte shock, que me dejaran descansar y me dieran tila. Las noticias de la noche resolvieron el misterio de mi extraño comportamiento.

Al día siguiente amanecí como si nada hubiera ocurrido y me contaron el accidente: “Los militares estaban levemente heridos, la mansión se encontraba vacía y en el autobús a excepción de unas cuantas crisis nerviosas y rasguños, todos los pasajeros y el conductor sin novedad".

Muchas veces he intentado regresar a ese momento y el vacío es absoluto, la imagen que viene a mi memoria es la del hermoso apamate, y la base del helicóptero ladeada, las horas restantes están perdidas en el espacio y el tiempo.

(Publicado anteriormente en http://unpuentedepalabras.blogspot.com/)

Un abrazo afectuoso para todas/os mis amigos de palabras prometo regresar pronto y no repetirme.

martes, 1 de marzo de 2011

¿Premio o Castigo?...


Foto: Maismar

Tiene una enfermedad incurable y va a más, ni la prudencia que deberían dar los años suaviza los síntomas…

La fiebre empieza a subir el sábado por la noche cuando su objeto de deseo acapara el hall de casa; las manos acarician el sillín, y recorre toda su geografía buscando alguna holgura o ruido extraño.

Amanece el domingo y es igual que la borrasca de las azores descargue con fuerza, el agua y el barro es placer añadido a las pedaladas. Si el calor abrasa, el uniforme le deja un original bronceado que puedes reconocer a primera vista en las piscinas y playas: pies, y torso blanco; manos a lo cebra y piernas como si peleara con un gato.

La enfermedad tiene un nombre: mountain bike, MTB, y sólo tiene alivio compartiendo experiencias en la naturaleza. Mi costilla necesita esa droga dominguera, el síndrome de abstinencia le provoca un desbordamiento de las emociones.

Cada vez el virus es más contagioso, unos pocos tienen cita previa, pero en la puerta de la muralla empiezan a proliferar los biciclistas hasta tal punto que hay que pasar lista, no vaya ser que se pierda algún enfermo, causa esgrimida para que la llegada cada día se retrase un poco más…

A las 10:30 el grupo es piñón fijo aunque rueden sobre maquinas de última generación. “Al maestro” el nombre le va que ni pintado, es un dinosaurio de la bici y no hay componente que desconozca.

Empiezan a rodar, algún jovenzuelo despistado incluso lleva GPS., es al primero que se bautiza en el río; no hay ruta establecida, el cerebro del sufridor es como una brújula cuyo imán siempre lleva a las subidas, los caminos sin piedras son los peligrosos: averías, reventones y arañazos entorpecen el funcionamiento de unas “masquinas” hechas para sufrir.

Cuando las huellas serpenteantes hicieron la mitad del recorrido viene el merecido descanso a las piernas, no a la lengua viperina de las bromas. El avituallamiento empieza aligerar la carga de la espalda y el estómago se llena de turrón, barritas energéticas, dátiles, y agua isotónica del porta bidón que hay que rellenar en la fuente más próxima.

El uniforme muestra las señales del campo de batalla, subiendo y bajando senderos se divisa nuevamente la ciudad. Todavía falta dejar relucientes las yeguas de hierro, pero el chute de adrenalina, las risas, y anécdotas, hará más llevadera la larga semana. La unidad amigable del grupo quedó probada una vez más.