viernes, 28 de enero de 2011

Hoy digo que...


¡Extraño a mi amiga Carmela!, ella no es una amiga social de esas que van y vienen. Desde hace veinticuatro años es especial, incluso superamos la barrera de la distancia cuando estuvo en el extranjero, las cartas y las fotos daban cuenta del paso de las estaciones y los años.

A su regreso, nuestra amistad creció, tenemos muchas cosas en común, muchos momentos que nos dejaron sin aliento, y otros que nos dieron energía para seguir; debo reconocer que ella más que yo, es de las que tienden la mano en un mundo donde a veces la gente parece dispuesta a darte el empujón final y precipitar nuestra caída…

Hoy me puse a contar, y hace casi un año que no tenemos nuestros cafés terapéuticos a pesar de vivir a diez minutos una de la otra, y es que por “a” o por “b”, los domingos por la mañana dejaron de ser nuestros.

Las visitas a exposiciones, las conversaciones ante una humeante taza de café eran tremendamente gratificantes; no somos monotemáticas, tan pronto hablábamos de ese libro que estábamos leyendo, de la última película que vimos, o de aquello que en el momento nos estaba afectando.

En nuestras conversaciones pusimos muchas veces el ejemplo de ser como el queso de un sándwich que unía las dos partes del pan: una capa eran los hijos, la otra los padres… Puede resultar cruel para el que no haya vivido la experiencia de atender a un anciano pero es una tarea dura y la convivencia difícil. De forma inconsciente, también voluntaria, utilizan los sentimientos y caemos en una manipulación emocional por su victimismo… No tiene fácil salida, por un lado cómo vas a decir no, tendrías que luchar con perturbadores sentimientos de culpa pero por otro lado implica renunciar a nuestros espacios a nuestras propias necesidades.

¿Y los hijos?, al crecer y en cierta forma independizarse se terminó el orden y los horarios, vienen y se van cuando menos lo esperas y eres tú quien cambia los planes; para un día que vienen no les vas a dejar comer una pizza y mejor te quedas a cocinar para que se alimenten con algo equilibrado, además, tienen muchas cosas que contarte aunque al final si le das tu opinión sensata, no los comprendes, y se termina con bronca porque no estás dispuesta a decirles lo que quieren oír…

Carmela y yo somos tremendamente respondonas ante las injusticias sociales, y defendemos con pasión nuestros pensamientos o simplemente polemizamos con algún vecino porque no paga la cuota del arreglo del ascensor, pero jamás usamos la descalificación. Sin embargo, con la familia somos débiles, sufrimos lo que el destino impone simplemente porque somos víctimas de lo que creemos, y lo que pensamos, aunque valoramos mucho la vida que escogimos. En esa dicotomía nos encontramos: intentamos unir y no entrar en conflicto.

Queremos ser fuertes y lo conseguimos, pero solo nosotros sabemos cuál es el precio que pagamos. Con el tiempo, comenzamos a percibir que todo aquello que durante años hemos tenido muy bien guardado, empieza de alguna forma a pedir, por no decir gritar, que necesita salir… Llevamos una vida sin escucharnos por escuchar a otros, dejamos de ser nosotras mismas para ser la compañera perfecta, la madre comprensiva, la hija responsable, y así es como perdemos la esencia de lo que somos verdaderamente.

Sé que me lees y aunque sea como “anónimo” puedes contestar alguna vez… Hemos cedido ante los compromisos, la falta de tiempo, el trabajo; pero de alguna forma debemos volver a nuestros domingos por la mañana, volver a disfrutar de esas dos horas donde nos quitábamos una la palabra a la otra, o nos escuchábamos con afecto… Prometo levantarme más temprano y volver a sembrar, cultivar y dejar que florezcan nuestros momentos mágicos.

sábado, 22 de enero de 2011

Tesoros del corazón...


En mi niñez no me contaban cuentos, los adultos siempre estaban trabajando. Los niños pasábamos muchas horas frente a un televisor. También leíamos a Mafalda, Supermán, Zipe y Zape, el Pato Donald... Luego, en mi caso, llegaron los libros de Julio Verne en especial, esa Isla Misteriosa de la Colección Juvenil Cadete, Editorial Mateu, que conservo como un tesoro a pesar de su papel desgastado y amarillo.

Los sábados y domingos en la cuarta calle de la Urbanización Las Fuentes, con sus casas coloniales de pequeños jardines se escenificaron mis cuentos infantiles.
Cuando el sol se iba ocultando en el horizonte, en las paredes de los patios quedaba un resplandor naranja que envolvía los árboles de guayabas y las pérgolas llenas de enredaderas con flores. Al igual que muchas otras urbanizaciones caraqueñas era un cúmulo de influencias: nada era ajeno, ni propio, los gustos y sabores se fusionaban bajo la magia positiva del calor y la música.

En la Quinta Florángel vivía Doña Candelaria, para los adultos “La doñita”, para los niños “la abuela”… Toda su vida había transcurrido en Carora, Estado Lara. Había sido cocinera en una casona solariega de una plantación de caña de azúcar, y de tanto escucharla, teníamos una foto mental de sus costumbres de antaño y la arquitectura del lugar; incluso nos parecía estar en el Cerro de la Cruz, cantando con ella las Salves a la Cruz de Mayo y observando la ciudad. El ritmo de sus palabras y su hermosa voz cumplía el dicho de que en cada Caroreño hay un músico presto a un concierto, una fiesta, una parranda casera o una serenata.

“La doñita” salía al jardín y se sentaba en una hamaca después de la siesta, y allí se quedaba a diario dando maíz a las palomas, escoltada por su fiel perro “Flojo” hasta que al caer la noche, sus nietos auténticos, le ayudaban a regresar al sillón de bambú junto a la ventana, sus enormes e hinchadas piernas no tenían la vivacidad de su voz.

Ricardo, ya casi adolescente, era uno de sus cuatro auténticos nietos. Presumido y altanero, siempre quería ser quien organizara los juegos. Además era amigo de los empujones y sus hormonas en ebullición lo tenían como gallo de pelea. Un día que la agarrada nos estaba dejando a las niñas sin lazos, y a los niños con raspaduras después de probar el suelo “la abuela” nos llamó y dijo:

-Descansen mis niños y tomen un poco de limonada, vean que para ser héroe tienen que ser águila y tener una mata de centavos.

Como sus historias nos gustaban mucho, picados por la curiosidad empujamos la verja del jardín y nos fuimos sentando a su lado espantando a las palomas, mientras “Flojo” seguía adormilado asomando la cabeza bajo la hamaca. Y así comenzó…

Había una vez un niño llamado Dominguito, como todo muchacho era muy aficionado a los centavos, bueno esta afición también dura en la vejez, un día en que jugaba con su hermano correteando por la casa, tuvo un pensamiento, una inspiración. Se detuvo y le preguntó a su hermano que se llamaba Ricardo:

-¡Oye!, ¿los centavos nacen?

Ricardo era mayor que Dominguito y todo un hombre de negocios a la hora de comerse las golosinas de su hermano, siempre le decía poniéndole las manos sobre los hombros:

-Mira Dominguito, hagamos un negocio.

-¿Qué negocio?

-Tú me das ahora la mitad de ese dulce y yo te daré uno entero cuando el padrino me dé plata.

-Si, pero que sea bien grande, como éste.

-Está dicho.

Y Ricardo se comía la mitad del dulce; media hora después, por cualquier dime o direte, Ricardo se desligaba del convenio.

Dominguito volvió a preguntar a su hermano:

-¿Ricardo los centavos nacen?

Ante la inusitada pregunta Ricardo entrecerró los ojos y se puso a reflexionar…

-Pues mira, sí nacen.

-Y entonces, ¿dónde están las plantas?

-¡Tonto! muy bien guardadas para que no las roben.

-¿Tú las has visto?

-No, pero me han contado.

-¿Y qué será lo que se siembra?

-Pues deben ser los centavos.

-Ah… pues yo voy hacer la prueba.

-¿Tienes centavos?

-Si, tengo cinco guardados.

-Bueno, vete por ellos y no se lo digas a nadie, es un secreto de los dos.

Ricardo tomó un palo, Dominguito otro, se arrodillaron y emprendieron la obra.

-No muy profundo Dominguito, así está bueno, como para sembrar cebollas.

Hecho el hoyo, Dominguito puso sus cinco centavos y los cubrió con la tierra. Pusieron una señal en el lugar, y ambos se pusieron hacer planes de mil doradas ilusiones para cuando la planta creciera.

Dominguito se acostaba preocupado con aquello, y en sus inocentes sueños veía la planta de centavos grande y llena de racimos de monedas. Todos los días iba a cerciorarse si ya aparecía algún retoño.

Como pasaban los días sin asomar nada, consultó a Ricardo sobre remover la tierra para ver como iban naciendo, Ricardo con cara muy seria decía que no era conveniente, pues se romperían los retoños que debían estar por salir.
Un día, en que venía el heladero con su camioneta musical, Dominguito, creyendo que ya no nacería la planta, corrió al lugar marcado, metió las manecitas en la tierra con febril agitación, abrió un hoyo y otro hoyo, buscó aquí y más allá; rebuscó por todas partes y nada… Mucho tiempo hacía que la semilla, por artes del bribón de Ricardo, había tomado la forma de un paquete de caramelos...

- Ohhhhhhhhhh!!!!!!!, dijimos todos los niños y hasta “Flojo” levantó su cabeza. Y cuando todos mirábamos a Ricardo como si él fuera el autor de la fechoría. La abuela con su voz pausada dijo:

-El cuento sigue… Veinte años después, Dominguito era un verdadero hombre de negocios, un día llamó a su hermano Ricardo y le dijo:

-¿Te acuerdas Ricardo de aquella planta de centavos?

-Ricardo soltó una carcajada, ¡y de los sabrosos caramelos que me produjo también me acuerdo!

-Pues mira, yo he persistido en la idea: la planta de centavos existe. He cultivado este campo con esfuerzo, lo sembré de café, maíz y otros frutos, y ya ves que cosecho centavos todos los días.

Y es que saben mis niños, decía “la abuela”, al final Dominguito tenía razón las plantas de centavos existen. Se siembran en todas partes: en el campo, en las fábricas, en los talleres; se riega con el sudor de la frente y pronto crecen, prosperan, y dan el codiciado fruto. La planta de los centavos es el trabajo

-¿Por qué hay que ser águila para ser héroe?, dijo Ricardo haciéndose el listillo.

“La abuela”, pasando su rugosa mano por la cabeza de su nieto le dijo:

-Las águilas madrugan por eso comen gusanos.

Como siempre, todos íbamos a comenzar a preguntar a la vez cuando sobrevino un trueno y la tarde se puso oscura y tenebrosa. Corriendo nos fuimos a nuestras casas. Ricardo y su hermano pequeño, ayudaron a ponerse en pie a “la abuela”, le dieron su bastón de madera de samán, plegaron la hamaca, y junto a “Flojo” el perro de raza indefinida que sólo se movía cuando lo hacía su dueña (de ahí su nombre) entraron en la quinta Florángel.

Años más tarde supe que "la abuela" hacía su particular versión del cuento popular venezolano La mata de Centavos. En este instante cierro los ojos y siento el aroma a canela… Bien decía Maupassant: "Eres un trocito del paisaje de tu patria en cualquier lugar donde te encuentres"

miércoles, 19 de enero de 2011

Excursión dominguera...

Hoy todo se planifica, queremos minimizar riesgos e incluso hacemos que otros sean como locomotoras que nos lleven de viaje cómodamente.
A veces, un simple día, donde las cosas surgen sin pensar puede ser gratificante porque no has tenido tiempo ni de aburrirte ni de agotarte, simplemente las horas fueron diferentes y mentalmente llegas a casa renovado…


La primera parada Mondoñedo: es una ciudad monumental, sus calles angostas y empedradas, sin tráfico, te permiten un agradable paseo o sentarte en rincones bucólicos como en la Plaza de España al lado de la estatua de Álvaro Cunqueiro, hijo predilecto de la ciudad; poeta, novelista, autor teatral, traductor, periodista y gran conocedor de la gastronomía española. En 1964 ingresó en la Real Academia Gallega con su discurso Tesouros novos e vellos, una pieza clásica de la literatura gallega contemporánea.

Desde su lugar privilegiado la estatua mira la Plaza Mayor. La historia cuenta que allí ocurrió la decapitación del Mariscal Pedro Pardo de Cela, mezcla de noble, rebelde, revolucionario mitificado por el pueblo, y contrario a la corona de Castilla que resistió largos asedios hasta que fue traicionado por sus vasallos.



Presidiendo la Plaza la esbelta fachada de la Catedral, Monumento Nacional desde 1.902. Catedral arrodillada por sus perfectas proporciones y su poca altura, según nos cuenta un lugareño que paseaba por la plaza y nos dio conversación... Fue construida sobre bases románicas y tuvo reformas góticas y barrocas, se empezó a construir en el siglo XIII y hasta el siglo XIV no se terminaron del todo las obras.





Estaba cerca el mediodía y nos fuimos a comer a la costa lucense. Luego, con nuevas fuerzas iniciamos un paseo por “Las Catedrales”, en este caso el nombre de una playa. La erosión del mar creó una gran variedad de formas en las rocas y sus arcadas se asemejan a la arquitectura de las catedrales. La marea estaba alta pero sus pasarelas de madera nos permitieron un interesante paseo a pesar del viento que soplaba con fuerza.








Después de saborear un café en Ribadeo cruzamos el Puente de los Ángeles que une Galicia con Asturias.



Por supuesto, visita obligada a Castropol, un hermoso pueblo marinero que se asienta sobre un promontorio; cuidado, limpio y muy bien conservado.



…Y ahora mi oficio es soñar, y no se si soy yo quien sueño, o es que por mi sueñan campos, miradas azules, palomas que juegan con un niño, o una mano pequeña y fría que me acaricia el corazón. (Obra: Al otro lado de las montañas, Alvaro Cunqueiro)



Al subir al auto y poner rumbo a casa, fijé la vista en el horizonte y me traje el reflejo del sol en el mar a pesar de las nubes.

lunes, 17 de enero de 2011

Ayuda a la protectora de animales...


San Antonio Abad aconsejaba a sus monjes que pensaran cada mañana que tal vez no vivirían hasta el fin del día, y que ejecutaran cada acción, como si fuera la última… Dicen que, en una ocasión, se le acercó una jabalina con sus jabatos que estaban ciegos. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre lo defendía de cualquier alimaña que se le acercara. Por eso devotamente se le invoca como patrono de todos los animales.





Hoy lunes en mi ciudad se celebró esta festividad, para nosotros es San Antón Lacoeiro, el protector de los animales de compañía. Como todos los años la Sociedad Protectora de Animales con el señor García Calleja al frente, organizó un acto en la Plaza Mayor: se bendijeron las mascotas y luego fue la subasta de diversos productos donados por casas comerciales, cuyos beneficios se destinan a cubrir algunas de las muchas necesidades de la Protectora.
Un año más Paco Rivera no faltó a la cita y puso voz a la presentación de los lotes, y José Manuel Pol ayudó a controlar las pujas. Lúa ya recibió su bendición, y yo me vine a casa con un lote de vino, chorizos, y queso.

viernes, 14 de enero de 2011

La aurora boreal…


Hay una canción de Nino Bravo que dice: “A veces llegan cartas que te dan la vida, que te dan la calma”… Ahora ya no esperas con ansia el cartero, ni existe el ritual de abrir el buzón con esperanza de que el corazón te vaya a salir del pecho porque la letra manuscrita amada está por fin allí, subes las escaleras de dos en dos, abres la puerta de casa, te sientas, rompes temblorosa el sobre y te bebes las palabras…

Las distancias se esfumaron a golpe de clic. Y todo ese proceso es inmediato, pero las cartas siguen llegando, y siempre hay alguna que logra un cortocircuito en tus cables mentales, y se cruzan palabras que hace que la vida siga con el motor a muchas revoluciones…

Realidad y virtualidad tan bellas y tan crueles… Vivimos en el mundo de las prisas, y siempre hay olvidos, damnificados por el camino. Esta alondra prefiere quedarse con las palabras a las que te acercas porque descubres que la persona en cuestión guarda un tesoro de sentimientos, no siempre quiere o sabe mostrarlos por miedo a que lo hieran, pero intuyes que sólo necesita un empujoncito; la flauta, si quitamos las orejeras suena a nuestro lado; las torres de cristal pueden romperse, el corazón siempre necesita otro corazón, y la piel la suavidad, el aroma de otra piel cómplice.

No creo que en la sociedad la mayoría sean estúpidos, ni que los medios a nuestro alcancen propaguen la estupidez. La gente es siempre la que decide, y el saber te hace inconforme pero más libre, y con mayores recursos para superar las dificultades.

La ilusión puede ser un aleteo que haga olvidar por un instante algo que atormente, simples castillos en el aire pero el universo está al alcance de la imaginación, sólo hace falta despegar desde el tejado.

Sin olvidar poner ladrillos a nuestra vida real, disfrutemos de la belleza de la aurora boreal, al igual que los Esquimales creamos en un sendero estrecho, sinuoso y con todos sus peligros pero que nos conduzca a regiones celestiales, demos la bienvenida a la llegada de los nuevos espíritus que sean caricia balsámica en nuestras vidas.

martes, 11 de enero de 2011

Recordando a Domingo…

En Internet se logran construir auténticas comunidades virtuales, espacios de interacción humana aunque sea una máquina quien nos pone en contacto. Tuve la suerte de ser socia de una página que hoy recuerdo más por sus satisfacciones que por sus dolores de cabeza.

Un día llegó Domingo, era un chico joven y desenfadado que se quedó con nosotros un tiempo y dio frescura a un lugar donde la media de los integrantes subía de los cuarenta.

A pesar de mis muchas peticiones no quería participar en el concurso de cuentos cortos, me decía que le iba lo inmediato, su imaginación no daba más que para plasmar tres líneas a lo sumo, y un día cansado de mi insistencia me retó: - “si eres capaz de hacer un cuento que me refleje, lo publicamos con el seudónimo de Sunday”. Cuando recibió en su buzón privado mi escrito me contestó con la frase final de la historia.

Como muchos amigos de este mundo de Internet, Domingo, se perdió en el laberinto y no volví a encontrarlo, con algunas modificaciones, pues en esta página me gusta adornar las palabras y yo no soy tan directa como la personalidad que asumí para escribir el cuento, les dejo:


De nuevo en la calle…

Jueves noche, día de movida en ciudades universitarias y como siempre dispuesto a pasarlo bien. La pandilla, después del encuentro en el futbolín del barrio seguimos rumbo al “TK”, como siempre abarrotado, era el primer lugar de la noche, la música atronadora, los precios asequibles, el Miky con una sonrisa te llena el vaso de cerveza con sus dos dedos de espuma o un cubata bien cargado; el humo nublando el ambiente y en la pista de baile las chicas mueven las caderas con una cadencia explosiva.

Con el vaso en la mano me acerqué bailando, mantenía la distancia pero me dejaba ver, iba enlazando la cuerda lo justo para entrar en el terreno. Mi especialidad eran el grupo de no más de tres o cinco chicas.

Primero, el juego de miradas, situación cómica de tantas veces repetida; luego el acercamiento moviendo el cuerpo al compás de la música, por último hablar, la frase no necesita elaboración, lo primero que te viene a la cabeza: -¿tienes fuego?, la respuesta: una risa cantarina y un movimiento negativo con la cabeza.

El disyokey es amigo, y una seña es suficiente para cambiar el heavy y la música chunda, chunda bakaladera por el rock, y el blues que dejen escuchar las burradas de los colegas o como en este caso sirvan de celestinos.

¡Objetivo cumplido!, el cambio de ritmo hizo que las cuatro chicas se sentaran en los taburetes de la barra. Mi grupo se acercó según el código de normas no escritas pero de obligado cumplimiento: si nos tenemos que apoyar lo hacemos y si toca bronca también.

Las fuimos rodeando, como siempre era este menda la primera voz:
- ¿Qué festejáis?, pregunté intentando intimar con decisión con la delgada de pelo negro; sus manos jugando con la larga melena eran señal de que no le era indiferente…

Horas después salimos del “TK” formando un grupo alegre y seguimos la marcha por varios garitos. Al final de la noche la valentía que da el alcohol hizo que la estatua de pelo negro se volviera de carne y hueso y me dejara acompañarla a su casa. Caminando abrazados para sujetarnos mutuamente cruzamos el parque, eran las seis de la mañana y mis ganas de besarla le ganaban a las de irme a dormir.

Nos apoyamos en un frondoso árbol y el espacio entre los dos era ya mínimo. Ella acercó las caderas y el roce me hizo valiente, me apoderé de sus labios mientras mis manos se introducían debajo de su abrigo abierto. Los toqueteos nos encendieron a los dos…

En la sombra de las tinieblas que pronto dejarían paso al día, el banco cercano sirvió para que un caballo desbocado y una amazona experta galoparan con la fuerza de la juventud.

Nos vimos por la semana, ella compartía apartamento con una compañera de la universidad, y durante un mes se convirtió en refugio: reímos, hablamos, y los instintos fueron amos y señores.

Ahora lo dejamos, ¿por qué?, no se decirlo, empezamos a discutir por tonterías; era demasiado posesiva, celosa, y por mi parte ni yo mismo me entiendo, siempre me falta algo para seguir con una relación.

Con treinta años a mis espaldas las circunstancias no ayudan a que siente la cabeza. Tengo un trabajo de porquería que nada tiene que ver con los estudios que realicé, vivo en casa de mis padres, de lo contrario, el alquiler se llevaría todos mis ingresos; al igual que mis colegas estamos congelados en la adolescencia, y quemando noche tras noche una vida que no sé que rumbo va a tomar…

La voz de mi tutor en el instituto parece resonarme en el cerebro: -¡deja ya de ponerte otra vez con la misma cantinela macho, intenta ubicarte!

lunes, 3 de enero de 2011

¡Gracias amigos de palabras compartidas!...


Este nuevo año quiero comenzar dando las gracias: por la ilusión, por la sonrisa, por las palabras compartidas, por cada nuevo día, porque las fronteras sólo sean líneas imaginarias que no corten la libertad…

Cuenta la leyenda que Los Reyes Magos fueron guiados por una estrella. Para esta alondra todos tenemos nuestra particular estrella: es la voz interior, esa que nos guía aunque no siempre escuchemos, y tomamos direcciones alternativas y nos perdemos entre el laberinto de las cosas fugaces...

Lo importante es no perder la ilusión, no dejar nunca de creer y soñar; la vida no siempre es fácil y si perdemos la ilusión perdemos lo mejor de nosotros mismos.

Mi deseo para la noche mágica de los Reyes Magos es que el mundo camine de la mano de la tolerancia, nadie está en posesión de la verdad absoluta y menos en cuestión de fe.