martes, 26 de julio de 2011

El verano no es sólo sol...


Ayer en compañía de mi costilla y Lúa hicimos una escapada a la playa. El pueblo: Cedeira, y como el sol no se dejó ver en todo el día nos dedicamos hacer turismo, por lo general pocas veces aprovechamos para ver el casco antiguo y es bellísimo, conserva su pasado medieval con calles estrechas y empinadas.

Los vecinos de una ventana a la otra conversaban y te daban los buenos días, y por supuesto retazos de conversaciones nos acompañaban mientras nos dirigíamos a la parte alta para ver la hermosa iglesia de Santa María do Mar, de estilo gótico marinero, y construida en el siglo XV.

A pesar de que la bruma no es lo más deseable cuando vas a la playa disfrutamos mucho el día. El paseo marítimo muy bien cuidado, Lúa encontró muchos de su especie. Por cierto, las mascotas son como los niños, ideales para entablar conversaciones…


Antes de llegar al puerto decidimos retomar fuerzas y nos sentamos en la terraza de un restaurante que se ubica en los bajos de la Casa del Mar, las vistas de la ensenada alimentaban el alma. Este año la economía no está para dispendios pero imposible ir a Cedeira y no probar los percebes, ese crustáceo que se encuentra pegado en las rocas más castigadas por el mar, los mejores se recogen en los peligrosos y bellos acantilados de este pueblo marinero. La dificultad para llegar y extraer los percebes de las rocas justifica de sobra su precio. El trabajo duro del percebeiro queda reflejado en la multitud de cruces que aparecen en la costa, recuerdo de las víctimas de este mar bravío.



En fin, un día es un día, y pedimos una ración. Su aspecto es un tanto extraño, parece una pezuña, la rompes, rechupeteas, succionas, y sientes todo el sabor a mar con el vértigo de la fuerza de las olas; recién hechos, tibios, es algo sublime.

El albariño nos soltó la lengua y mantuvimos una animada conversación sobre los tópicos… ¡Ah los tópicos!, esas expresiones repetidas tantas veces, triviales, temas que parecen no tener importancia pero no dejan de ser útiles.

Sirven para romper el hielo, llegas al portal de casa y encuentras a un vecino, das los buenos días, entras en el ascensor ¿y qué haces para cortar el espacio ahogante?, sueltas: ¡Vaya verano más frío!, y listo, con su respuesta o simple murmullo entre dientes ya se abrió el bendito ascensor en tu planta.

Por la mañana en la panadería nada más entrar dices: ¡que gusto entrar aquí con el aire acondicionado, hace un calor!… y cuando menos lo piensas ya te tocó el turno porque las respuestas empiezan a fluir. El señor mayor que se ahoga por el asma; el cartero que llega a casa literalmente cocido a pesar del uniforme de verano; la abuela que compra dos empanadillas porque va aprovechar y llevar a la nieta a la piscina…

Esas pequeñas cosas que los jóvenes llaman cotilleos, y ponen mala cara porque la dependienta despacha con más lentitud, son un todo, y tienen sabor a pueblo entrañable...

-¡Hola Luisa!, hoy me pones una chapata que viene a comer mi hijo.

-Y qué tal señora Lola, ¿ya dio a luz su hija?-

-¡Ay!, ya salió de cuentas, ayer la ingresaron en el hospital porque tenía la tensión alta.

Como siempre, con prisas, la dueña del puesto de revistas pregunta si no les importa que la despachen, dejó el quiosco sólo y quiere un par de magdalenas, mientras rebusca unas monedas suelta:

-Saben quién se ha muerto?, incluso la que ya estaba en la puerta vuelve a entrar…

-¿Quiéeeeeeen?...

-Don Raimundo, el del estanco.

Todos a una, preguntan:

-¿Cómo ha sido?

-Así, de repente, el corazón.

-¡Ay señor, señor!, tan joven, es que no somos nadie…

Hay tópicos para dar y regalar: críticas a la juventud que son todos unos vándalos, según Don Antonio, cuya pared amaneció llena de garabatos de los grafiteros. Los maestros que tienen muchas vacaciones y la de Luisito suspendió al pobre niño, dejando a toda la familia sin veraneo y mira que tienen una buena casa en la playa que le dejaron los suegros…

-¡Ay! ¿Se enteraron que el farmacéutico ya anda ennoviado?...

-¿Cómo? ¡Si la pobre Asunción levantara la cabeza!, una santa la difunta, tan trabajadora…




A la hora de la sobremesa frente a un humeante café, no hay nada como lo intrascendente para hacer la digestión.

6 comentarios:

  1. No hay como lo intrascendente para hacer la digestión, no podrías haberlo dicho mejor. Y no solo en los pueblos esta el cotilleo a la orden del día te lo aseguro, esas conversaciones son memorables jjja.
    El viaje hermoso, viaje contigo mi amiga, no conozco Cedeira asíq ue agradecida!
    Besotessss muahhk

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  2. Preciosa entrada, amiga mia. Ay esas tierras gallegas! No os he contado que la semana de Navidad del pasado año, estuvimos haciendo el camino de Santiago?, bueno, en realidad, el camino lo hicieron mi chico y nuestro amigo Max. Desde Sarria hasta Sandiago, 111 Km más o menos en cuatro días crudos de invierno. Nosotras les acompañamos los dos días primero del fin de semana. Bueno, quiero decir, ellos caminaban y nosotras con el coche y la carga que luego habrían de portar ellos en mochilas, hacíamos turismo...y comíamos pulpo con cachelos y centollos y...qué buena gente los gallegos!

    Desde la primera vez que fuí, allá por 1980, con veinte años: Vigo, Cangas del Morrazo, Moaña, Samil, O Grove, La Toja...todo un maravilloso viaje. Yo soñaba con llegar a La Toja. Por aquél entonces, existían unos anuncios sobre los jabones que llevan el mismo nombre. Sus imágenes, eran de la isla golpeada por las olas del atlántico...Fue una decepción. Cruzábamos el puente desde o Grove a La Toja, cuando me dijo mi tío: Mira, ahí tienes tu isla soñada.
    Dónde? pregunté. No era tal. La marea estaba tan baja, que el agua necesitaba casi medio kilómetro para alcanzar la isla...En toda la tarde que estuvimos paseando y haciendo preciosas fotos entre las ortensias que llenaban de colores la isla, no llegó a subir la marea. Nos marchamos sin que yo viese cumplido mi sueño.

    Volví, muchas veces más. La última en que fui de vacaciones, a la zona de Lugo: Foz, Fazouro, Sargadelos, Burela, Ribadeo (límite con Asturias occidental), Monforte...Al regresar, mi niña mayor lloraba, y entre sueños gritaba:que no me quiero ir a Madrid!!! tenía 5 años.

    Todo ésto me has hecho recordar. Gracias por traerme tan gratos recuerdos de tu tierra.

    Besos, guapa!

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  3. Mi querida Alondra: Envidia sana me das de ese día marinero porque pasear a la orilla del mar (aunque no haga sol) es un placer para los sentidos y más si lo acompañas con unos percebes y una botellita de Ribeiro :)

    En serio, para mí pasear por esos pueblos que saben a historia y que no han perdido eso tan bonito llamado humanidad, me llena el alma y en cuanto a esas conversaciones en las que todos conocen a todos a mí me encanta porque son tan frías las grandes ciudades...

    Me apunto el nombre del pueblo aunque si voy por Galicia, te asetearé antes a preguntas para que me informes.

    Gracias por ese paseo y por esas conversaciones.

    Brisas y besos.

    Malena

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  4. Que hermoso paseo! y que preciosas tus fotos
    Besos grandotes

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  5. ¿y no le disteis las gracias al sol por esconderse y regalaros este día?

    Me encanta cuando te saludan por la calle.


    Besos

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  6. Alondra, vengo a despedirme. mañana cierro por vacaciones.

    Os dejaré un regalo especial, para que os acordéis de mí durante la ausencia.

    Volveré en septiembre, en cuanto la burocracia de inicio de curso me deje tiempo libre.

    Hasta entonces, te dejo un abrazo inmenso y muchos besos, uno por cada día que no nos veamos en nuestro balcón.

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