viernes, 22 de abril de 2011

La Colonia Tovar

Lo que hemos vivido forma parte de nuestra forma de ser, las ciudades, y los pueblos que hemos visitado dejan una huella a la que siempre vuelves aunque sea viajando con los recuerdos y la imaginación…

Aproximadamente a 45Km. de Caracas capital de Venezuela, hay un pueblo que sirve de escape a quienes viven durante la semana el ajetreo del tráfico, el trabajo, los estudios y las prisas de una pobladísima ciudad.

Subiendo la carretera al Junquito, la niebla cubre el cielo azul del valle; el paisaje de montaña, las quebradas y riachuelos se reflejan en los ávidos ojos de una multitud de caraqueños que los fines de semana además de pasear por el centro del pueblo, compran flores, verduras, frutas… ¡Uhm!,recuerdo especial para las tartaletas de fresas.

La Colonia Tovar, es un lugar de cuento de hadas, al dar la vuelta a una esquina puedes encontrar a Hansel y Gretel pero las casas no son de chocolate, son de madera; los techos rojos, las ventanas con cortinas de encaje, y en algunas puertas un robusto hombretón de ojos azules, piel blanquísima y sombrero tirolés vende exquisitas mermeladas y encurtidos vegetales.

Es como si al trópico hubieran trasplantado un trocito de la Selva Negra. Las casas y calles conservan la arquitectura de un pueblo alemán, ni el paso de los años, ni las visitas de turistas, ni la mezcla de razas lograron borrar esa impronta.

Se fundó en 1843, Venezuela estaba desvastada por la guerra de la independencia, despoblada y con mucho terreno para cultivar. Gobernaba José Antonio Páez y El Congreso Nacional sancionó una ley de inmigración que preveía una política de intercambio cultural y económico entre Venezuela y Alemania. Una vez seleccionada la zona donde se habría de instalar la colonia, teniendo en cuenta las similitudes geográficas y climáticas; los pobladores de una región campesina de Alemania con grandes problemas económicos, ubicada Kaiserstuhl, dentro del Gran Ducado de Baden, deciden buscar nuevas oportunidades en Venezuela.

Las tierras pertenecían al Conde de Tovar, quien las donó a los 390 primeros habitantes. Inicialmente, se producía café pero fueron derivando a una agricultura intensiva de alta productividad y rentabilidad; talleres artesanales de cerámica, fábricas de embutidos, galletas y dulces, incluso la primera industria cervecera.
No sólo labraron la tierra, conservaron muchas de sus tradiciones ancestrales, su lengua: el badischen, su gastronomía, vestimentas, bailes... En la actualidad todos ellos, descendientes de tan esforzados pioneros, están incorporados totalmente a la realidad venezolana. En 1964 fue decretada como zona de interés turístico.

6 comentarios:

  1. Viajar es llenar nuestro equipaje de vida. La nuestra que se transforma durante el viaje y la de todos los que nos acompañan durante el mismo.
    Conocer otros lugares es abrirse a otras culturas. Saber de su historia es entender su forma de vida.

    Gracias, Alondra por compartir tu experiencia y tus conocimientos. Debe ser un lugar digno de visitar y grabar en la mente.

    Un beso , amiga.

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  2. qué lugar espectacular!! y a tan solo 45 km...qué placer!

    ansiaría que llegue el finde para ir siempre allí.
    precioso, realmente!!!
    buen finde.
    kisses

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  3. Es un lugar curioso sin duda. Un buen contraste con Caracas, como viajar a otro país sin salir de Venezuela.

    Un abrazo

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  4. Que hermosa descripción, dan ganas de entar a la pantalla y conocer de cerca. Me encantó leerte.
    Un beso grandote

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  5. Acabas de venderme un sueño, es decir, un lugar alque yo querría ir. Es un lugar que ha dejado las huellas de unas gentes que han cambiado el clima con sus hábitos de trabajo ¿o es el clima el que favorece las condiciones? Esto demuestra que hay que confiar siempre en la capacidad de los hombres. Un abrazo de Franziska

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  6. Un lugar precioso, con una historia de fuerza y ganas, un lujo.

    besos

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