jueves, 30 de septiembre de 2010

Otros protagonistas...


Como todas las mañanas Don Ignacio Sánchez Retiro cruzó la calle apoyado en su bastón, compró el periódico y con él bajo el brazo siguió la acera hasta llegar al banco que había junto a un árbol; se sentó, apoyó el bastón a su lado, sacó unos lentes de culo de vaso y se dispuso a pasar las horas hasta la hora de comer. De vez en cuando levantaba los ojos de la lectura para saludar a los vecinos que le daban los buenos días e incluso un poco de conversación.

Había llegado al pueblo en los años cincuenta, compró una casa de piedra que ocupaba toda una esquina de dos calles muy concurridas. Por una hizo la entrada a la vivienda, por la otra puso su negocio “Funeraria Retiro” Por aquel entonces los muertos se velaban en las casas y el negocio funcionaba, él y su mujer Enriqueta se encargaban de montar los túmulos y de todo el papeleo, luego también conducía el féretro a la iglesia y al cementerio en un coche que siempre aparcaba en la explanada de entrada a su oficina y comercio de ataúdes.

Enriqueta murió al dar a luz, Don Ignacio tomó como ama de cría a una madre soltera que trabajaba unas horas en casa del médico, Virtudes, que ejerció de madrina cuando bautizaron al niño con el nombre de Enrique en recuerdo de la difunta madre.

Pedro, el hijo de Virtudes y Enrique crecieron a la par bien alimentados por la leche de una mujer que hizo honor a su nombre. En su infancia nada les faltó y mientras los demás niños le tenían miedo a los muertos, Enrique y Pedro jugaban entre las cajas de madera a indios y vaqueros

Cuando terminaron el bachiller Don Ignacio apadrinó a Pedro para entrar en el seminario y a su hijo le planteó hacer estudios de Técnico de Anatomía Patológica y Tanatopraxia Restaurativa, los tiempos cambiaban y además de la práctica había que colgar títulos en las paredes, y antes de ampliar y construir el tanatorio a las afueras del pueblo tenía que saber si continuaría el negocio en la segunda generación.

El joven Enrique acepto feliz, necesitaba cambiar de aires, en el pueblo las chicas no soñaban con ser la mujer del “de la funeraria” y no había tenido ningún escarceo amoroso. Subió al tren liberado como si fuera de vacaciones…

De sus estudios en la capital no sólo trajo el título, también apareció con Aurora, la hija de la dueña de la pensión donde vivía. Aurora nada más abrirle la puerta todavía con la maleta en la mano, le echó el guante, le importaba poco o nada que las manos que la acariciaran anduvieran entre muertos, ella estaba muy viva y no pensaba heredar la pensión y seguir haciendo camas ajenas.

La boda fue rápida, antes de que la barriga se notara en el entallado vestido blanco que ella quería lucir; la madre de la novia vino de la capital como árbol de navidad con todas las joyas que dormían bajo llave en la espera de una ocasión especial... El banquete en el mejor restaurante del pueblo se convirtió en una fiesta donde todo vecino comió y bebió a la salud de los novios.

La entrada de la funeraria se clausuró y la rampa dio lugar a un hermoso jardín, el bajo se convirtió en una bonita vivienda para los recién casados y el negocio se trasladó a un lugar más adecuado con tanatorio para velar los muertos e incinerador.

Pero no fueron felices y comieron perdices… Aurora cuando parió a su hija aceptó el nombre de Enriqueta pero cuando la niña tenía un año le pidió el divorcio, necesitaba alegría, un hombre menos responsable y menos bueno, hablando claro: Enrique le aburría soberanamente….

A Don Ignacio cuando la vio marchar se le empezó a encoger el cuerpo, él vivía para la continuidad de la vida en su mundo en descomposición, no ver crecer a sangre de su sangre le fue coagulando la que corría por sus venas.

Enrique, desolado y hundido en el espesor de la soledad, siguió con el negocio con cara de auténtico enterrador de esos que se pone tristes si no hay muertos, mientras otros están tristes porque se murió.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Vivir es...


Las cadenas no me gustan, hoy alguien me pidió que compartiera este escrito y resulta que ya lo tenía, en mi segundo foro lo había posteado una buena amiga de la red: "mami52"

Pertenece a Miguel Ángel Cornejo. Busqué en San Google sobre el autor y me dice que es un Conferencista Internacional, especialista en liderazgo, alta dirección y productividad. Autor de numerosas publicaciones.

No dejaré opinión personal mientras no tenga más claro ese liderazgo que según parece tiene, no conozco otros escritos del autor. Ahora bien, considero que volver a leer cosas que sabemos pero que no siempre nos paramos a pensar nunca es perder el tiempo...

Vivir, es vibrar cada instante, ante la emoción de percibir la maravilla de la creación que nos rodea.

Vivir, es entender que cada minuto que transcurre no volverá, es atraparlo intensamente, porque forma parte del tiempo que sabemos que ha quedado en el ayer.

Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros, es vibrar en la bondad y llevar a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Vivir, es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es aprender más cada día, es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros un ser mejor que ayer, un ser que justifica su existir.

Vivir, es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado, es perdonar sin réplica una ofensa, es aspirar la presencia del otro, es besar con pasión a quien nos ama.

Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.

Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad y aunque se tengan mil argumentos para contradecirlo o justificarlo, finalmente solo escucharlo, es tener la capacidad de regocijarme ante sus triunfos y realización.

Vivir es sentir que nuestro existir no fue vano y en la medida en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.

Vivir es vibrar y sentir, es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El juego del "4"


Hoy mi querida amiga de palabras Melody me invitó a jugar el juego denominado “4”.

Leo que es una especie de test para conocernos un poco más.

Estas son las reglas del juego:

-Nominar a la persona que te nominó, poniendo el link

Con mucho gusto, os encantará conocerla. http://melodypaznovelas.blogspot.com/


-Nombrar 4 personas para que jueguen

Aclaro que cumplo la regla pero no hay ninguna obligación de seguir el juego.

Sibaris http://unpuentedepalabras.blogspot.com/

Pilar http://abaloriospvv.blogspot.com/

MariCarmen http://elteatrodelavida-jose.blogspot.com/

Y si pasa por aquí Dorian de
http://dorianvillas.blogspot.com/


Contestar las siguientes preguntas:

4 cosas que siempre llevo en mi bolso

Billetera con pocos billetes y alguna moneda suelta.
Teléfono móvil, a veces, siempre lo olvido en casa para enfado de los míos.
Una pequeña libreta y bolígrafo
Y por supuesto los imprescindibles pañuelos de papel


4 cosas favoritas de mi habitación

La cama
Las fotos de mis pajaritos
Un cuadro que pinté con unos Apamates en flor.
Y mi Chanel Nº 5

4 cosas que me gustan ahora mismo

Pasear con mi perrita Lúa
Buscar un poquito de tiempo para leer vuestros blogs.
Escuchar música tumbada en el sofá
La tranquilidad de no estar pendiente del reloj.


4 cosas que siempre he querido hacer

Uff!!!, no se me ocurre nada…
Bueno si, volver a mi querida Caracas ese viaje haría por las 4, 5, 6,7, etc., etc., cosas.


4 cosas que no sabías de mí

No salgo de casa sin poner rimel en las pestañas y un poco de color en los labios.
Me cuesta llorar aunque algo me duela, física y emocionalmente muchísimo.
No soy chismosa y parezco el confesionario de mis amigas.
Odio las tareas de casa pero cocino bien.

4 canciones que no puedes quitarte de la cabeza

Recuerdame, La Quinta Estación
Estuve a punto de… Miguel Bosé
Tenía tanto que darte, Nena Daconte
Cuando brille el sol, La Guardia

Y llegamos al final del juego, creo que soy bastante predecible jejejeje…

martes, 21 de septiembre de 2010

La niña...


Esperando su llamada de: ¡llegué bien!… voy a verter palabras para que el tiempo se haga más corto.

Todo comenzó en el mes de Julio donde su notable no llegó para tener plaza fija y con la dichosa crisis tampoco se moverán las listas de sustituciones, Aly decidió dar un cambio a su vida.

Del nido ha sido la más estudiosa, la que aprendió a volar con más facilidad; dinero que juntaba dando clases particulares, dinero que empleaba para aprovechar los viajes de bajo coste y conocer Londres, Paris, Roma… Siempre teníamos que convencer a papá de que eso también era formación para la vida. Los padres aceptan de buen grado lo que proponen los varones pero a su niña se niegan a verla crecer. Es como si tuvieran un gen ancestral que les dice: yo te protejo de todo, pero a cambio tú sigue siendo siempre mi niña pequeña, así no voy a envejecer…

El cambio de vida llegó hoy, después de muchas negociaciones, papá la acompañó a la estación de autobuses. No estará muy lejos, dos horas de auto son suficientes para aplacar la “morriña”.

Sinceramente el experimento de ser padres, con los aciertos y las muchas meteduras de pata, ha sido el trabajo más gratificante de esta empresa que fundamos hace ya bastante tiempo… Pregonamos con el ejemplo un modo de vida, ahora vamos observando que la relación de respeto se mantiene y hemos ganado la de la amistad gracias a eso de dar: consejitos los justos.

Aly, después de muchos años de noviazgo irá a compartir apartamento con ese hombre que nunca la hizo llorar. Tendrá un trabajo a media jornada que cubrirá sus gastos, ya sabe por su madre que a veces hay que hacer parir el dinero en la cartera; en fin, nuevas responsabilidades y distintas alegrías.

Ayer en la noche le hicimos la última petición:

-“Tienes que prometer no dejar de estudiar, tienes que lograr realizar tu vocación”…

Con la mochila cargada de ilusión tendrá una vida independiente. Aquí, en el nido, seguirá el amor incondicional, las dependencias siempre son transitorias...

Como hice en ocasiones anteriores con sus hermanos, me tragué las lágrimas, nos abrazamos y esta vez fue a dúo la hermosa frase: “no ir deprisa, no ir lento, ir simplemente a la vez que el tiempo”.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Ana...

Ana tiene hoy el pensamiento cautivo por fotografías en blanco y negro, fue una niña buena de esas de sonrisa entre tierna y triste; de vestidos impecablemente limpios, de no romper juguetes, de no levantar la voz, la niña que se llevaba a todas partes por su buena educación.

¿Dónde estaba la espontaneidad infantil?..., siempre mirando a los adultos buscando su aprobación. Cumpliendo a pies juntos los esquemas e interpretando las miradas con una sabiduría natural. Ella sabía quién la quería, que la admiraban y odiaban sus amigas, que no debía resultar pesada ni molesta, incluso si alguien la ignoraba actuaba en consecuencia mirando al suelo o al cielo.

Ana era feliz en su inocencia, protegida y jugando en la calle, envidiando a la traste de su vecina que rompía los vestidos al subirse a un árbol, y se manchaba las manos haciendo castillos de barro.

La adolescencia cambió su pelo de amarillo a marrón, de la calle pasó a la casa, los libros y la televisión; las alas siempre recortadas, las piernas juntas, la mente entumecida, la timidez como disfraz; los sentidos bajo candado, los niños con los niños, las niñas con las niñas no pudiera ser que algún beso se perdiera en una esquina.

Muñeca de carne y hueso, creyendo en cuentos en donde piden tu mano y lo que entregas es la vida; hada madrina sin varita que multiplica la carne haciendo albóndigas en la cocina. Producto de una sociedad de diploma de moralina, donde incluso en el confesionario controlaban la fantasía.

Hoy Ana ya no quiere ser perfecta, cumple la rutina y los esquemas pero ya no es esclava, soltó eslabón por eslabón la cadena que la amarraba a esa sensación de control, aprendió que seguridad no es lo mismo que libertad; en la calle y en la casa hay que convivir con dioses y demonios, ya no se deja manipular, ya secó su piel de tanta lluvia de identidad ajena.

martes, 14 de septiembre de 2010

Angustia...


Hoy debo tener cuidado, me inquietan los fantasmas, la mente es una madeja de lana enmarañada, oscilo como la lámpara de una vela a punto de apagarse por el viento...

Dejo que hable Mario Benedetti

Como árboles

Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser míos

después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
sino por una vida
al menos por un rato
o por un parpadeo

en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza

hay deseos profundos y nonatos
que prolongué como coordenadas
hay fantasías que me prometí
y desgraciadamente no he cumplido
y otras que me cumplí sin prometérmelas

hay rostros de verdad
que alumbraron mis fábulas
rostros que no vi más pero siguieron
vigilándome desde
la letra en que los puse

hay fantasmas de carne
otros de hueso
también los hay de lumbre y corazón
o sea cuerpos en pena almas en júbilo
que vi o toqué o simplemente puse
a secar
a vivir
a gozar
a morirse

pero además está lo que advertí de lejos
yo también escuché una paloma
que era de otros diluvios
yo también destrocé un paraíso
que era de otras infancias
yo también gemí un sueño
que era de otros amores

así pues
desde este misterioso confín de la existencia
los otros me ampararon como árboles
con nidos o sin nidos
poco importa
no me dieron envidia sino frutos
esos otros están
aquí
sus poemas
son mentiras de a puño
son verdades piadosas
están aquí
rodeándome
juzgándome
con las pobres palabras que les di

hombres que miran tierra y cielo
y a través de la niebla
o sin sus anteojos
también a mí me miran
con la pobre mirada que les di
son otros que están fuera de mi reino
claro
pero además
estoy en ellos

a veces tienen lo que nunca tuve
a veces aman lo que quise amar
a veces odian lo que estoy odiando
de pronto me parecen lejanos
tan remotos
que me dan vértigo y melancolía
y los veo minados por un duelo sin llanto

y otras veces en cambio
los presiento tan cerca
que miro por sus ojos
y toco por sus manos
y cuando odian me agrego a su rencor
y cuando aman me arrimo a su alegría

quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
de otros.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Su escenario...

La calle tiene múltiples funciones… desde principios de verano esta alondra tuvo hasta ayer todos los días un encuentro mágico, su particular concierto.

El casco antiguo de la ciudad es zona peatonal y en la acera frente a la panadería un músico callejero ponía unas gotas de arte al ir y venir de la vida cotidiana.
Sobre las diez de la mañana doy el primer paseo a Lúa, es increíble como los perros se adaptan a las costumbres de sus dueños…

Él estaba preparando su escenario: una pequeña silla desmontable, la caja de su guitarra delante para recoger las monedas que puedan dejar los transeúntes, pocos son los espectadores… y sin otra decoración empezaba a rasgar una guitarra, a dar rienda suelta a su sentir...

El primer día le dejé cincuenta céntimos que me habían sobrado del pan y la leche. Tocaba con tanto arte que me disculpé.

-¡Lo siento no traigo cartera!

- ¡Gracias señora!, en media hora es usted la primera, además antes se paró a escuchar y eso es importante para mí.

- Me gustaba la canción, además tocaba sin mirar, con los ojos cerrados. Le contesté.

-Eso es porque cuando suena “la rubia” me elevo, casi me quema el sol. Hablaba con acento del sur.

- Pues ¡hasta luego!, buena mañana… y continué hasta mi casa.

A las tres de la tarde seguía allí, volví a escucharle… A las nueve le dije ¡hasta mañana!...

Al día siguiente le regalé un croissant de los que había comprado, y me dijo que aprovecharía para acercarse a la cafetería y así le serviría de desayuno, esa mañana había llegado tarde al comedor social.

Todos los días nada más dar la vuelta a la esquina me sonreía y parecía que tocaba con alegría. A veces le dejaba un euro, otras simplemente le escuchaba... Estaba fascinaba por ese halo de libertad de un artista tan real.

Un día, creo que fue al mediodía cuando pasaba menos gente, se levantó, apoyó la guitarra amorosamente en la caja y me tendió la mano:

-Me llamo Rodolfo y soy de Málaga. Mañana me contrataron para tocar en un Pub, ¡anímese! Y venga a verme.

-¡Lo siento! no puedo ir, le deseo que todo salga como ud., quiere.

Y así fue pasando el verano, tenía una forma de transmitir la música que otros vecinos se sintieron fascinados. El joven de la tienda de teléfonos también cotorreaba con él, y el de la zapatería; incluso alguna noche quedaba sentado en la barra del restaurante vegetariano con acompañamiento de palmas.

En época de rebajas, en una foto de la prensa local salía la calle, y como algo más del paisaje estaba él, recorté la foto y se la llevé, desde aquel día la tenía sobre la caja abierta.

Esta semana no salí, el tiempo gris hizo mella en mi cuerpo. Ayer lloviznaba pero después de mediodía decidí que debía pasear mis pensamientos… Antes de llegar a la esquina, escuche el sonido de “la rubia”. Estaba en el hall de una boutique de ropa juvenil resguardándose de la lluvia. Nada más verme se levantó y dijo que seguía camino pero me había esperado estos días para despedirse, había sido su oyente más fiel y quería dedicarme una canción.

Volvió a sentarse y empezó acariciar las cuerdas de la guitarra; no me pareció bien mirarlo desde arriba y me senté en el bordillo de la acera, a mi lado Lúa parecía un perro flauta. Él sonrió, y sus manos hicieron vibrar las cuerdas. La canción según me contó la había aprendido en los meses que pasó en nuestra comunidad y sinceramente me emocioné…



Nos dimos de nuevo la mano y nos deseamos lo mejor…

lunes, 6 de septiembre de 2010

La lejanía...


Las fotos pertenecen a http://www.panoramio.com/ realizadas por: vaticano

Es bueno gozar del recuerdo cuando no se puede hacer otra cosa. Eso me ocurrió hoy escuchando un viejo casette que ayer encontré haciendo limpieza en este lugar donde escribo, y que a su vez está en un single de vinilo con dedicatoria que perdió la guerra en la estantería de la música contra los formatos digitales: CD y DVD de mis hijos.

La primera canción que empezó a sonar fue “La Lontananza” de Domenico Modugno, con ella me llegó una pintura difuminada donde una jovencita en altos tacones de plataforma y un vestido minifaldero, caminaba entre las quintas floridas del Paraíso, mientras la ciudad se modernizaba con un descomunal complejo de edificios al que se le dio el nombre de Parque Central.

En aquella época gobernaba Rafael Caldera, todo el mundo pensaba que el país era estupendo. La ciudad, intentaba dejar el patio, la placita del vecindario, la bodega de la esquina, por las modas gringas de espacios cerrados como las tiendas Sear, y la cuarta calle se quedaría sola porque pronto pasaría cerca una de las grandes autopistas de nombre animal con muchas patas: el pulpo, la araña…

De la misma forma convivían dos juventudes: Una con el chip mental de llegar virgen al matrimonio, hacerse respetar y nada de toqueteos con los muchachos; el novio o los amigos se recibían en casa, al cine o a los bailes se llevaba “chaperona”, llamábamos así a la persona que, obligatoriamente, acompañaba a la pareja de novios para evitar tentaciones, resultaba indeseable, pero había que acatarla, era la costumbre de muchos padres como el mío.

La otra juventud tenía colores luminosos, protestaba contra la guerra, las normas sociales asfixiantes y pregonaba el amor libre, la paz e incluso se atrevían con una calada de hierba, la famosa cultura hippie sobre todo después de la concentración de Woodstock.

Paquín para mis padres era un mal ejemplo, y eso que no era de los patoteros que iban en moto con brillantina en el pelo; él tenía un escarabajo rojo, pelo largo, barba y además era mayor; hacía su segundo año en la universidad y lo perseguían chicas con las que podía salir con libertad pero cuando venía a buscar a su hermano, mi compañero de colegio, se fijó en aquella niña de larga melena catira, tímida y que a lo lejos se notaba que bebía los vientos por él.

En los bailes donde sonaba la música de Steve Wonder, los boleros, las guarachas del maestro Frómeta, me sacaban a bailar sus amigos que para mi padre vestían adecuadamente, lo que no sabía era que luego en el centro de la pista cambiábamos de pareja.

Por la semana nos veíamos a escondidas, cuando por la tarde iba a clases de inglés, me enseñó a besar en el zoológico del Pinar y me cuidaba como un jarrón de vidrio que podía romperse, aunque también me abría los ojos a un mundo diferente al de las novelas rosa.

Así llegó mi cumpleaños número diecisiete; la fiesta y los invitados la organizaban los padres y por lo general venían sus amigos y los hijos de sus amigos que no siempre te caían bien, por supuesto ni Paquín ni su hermano estaban invitados.

El cumpleaños coincidió en sábado, en Caracas siempre es primavera por esa razón aunque era el mes de diciembre el día anterior habían venido a poner unas carpas en el jardín. Mi padre era un hombre que debía tener una agenda mental donde no se cambiaba nada y los sábados tocaba mercado en el colorista Quinta Crespo. El día anterior se hacía la lista para la semana y la niña también tenía que ir porque era una lección de economía doméstica.


Paquín, aprovechó que no había nadie en casa y dejó un ramo de flores colgado en la verja de la entrada. Las flores eran como él, sencillas, recogidas en algún descampado y predominaban las lilas. Nada más llegar mi corazón empezó a latir muy fuerte y las tomé amorosamente, no me hacía falta tarjeta, sabía quien era el remitente. Mi padre muy católico pero también muy supersticioso pensó que eran flores de cementerio, alguien nos deseaba algún mal, y me obligó a echarlas en la basura y sin descargar el auto se fue a la cercana iglesia de Coromoto por agua bendita, mientras yo a escondidas guardaba una de aquellas flores lilas entre las páginas de un libro que Paquín me había prestado.


Todavía conservo el libro: Siddhartha de Hernan Hesse, lo traía junto al single de la lontananza cuando tiempo después nos despedirnos; él se marchaba a Paris y yo iniciaría mis estudios universitarios. Había un texto subrayado:

“La mayoría de los seres humanos son como las hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan al suelo.

Otros casi son como estrellas, siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta.”


Debo reconocer que fue adivino, dijo que yo era de los últimos y que pondría la familia por encima de mi futura profesión, que no lucharía contra molinos de viento. Si se equivocaba y me convertía en una astuta abogada y con el tiempo nuestros caminos volvían a cruzarse, me regalaría un ramo de orquídeas, pero si era una burguesa con familia numerosa haríamos el amor debajo de un puente.

De Juan Antonio Pérez Bonalde:

“Caracas allí está. Sus techos rojos, su blanca torre, sus azules lomas, y sus bandas de tímidas palomas, hacen nublar de lágrimas mis ojos.”

jueves, 2 de septiembre de 2010

Eso no estaba ahí...



En el verano la naturaleza es una necesidad vital. Pasar un día al aire libre, cerca del mar, la montaña, el río, un parque, nos recarga las pilas para el resto de la semana.

Si el paisaje lo podemos disfrutar en nuestra localidad pedimos nos acondicionen senderos urbanos, espacios verdes para el esparcimiento pero a la hora de usarlos se nos olvida que estamos obligados a cuidarlos, a no realizar actividades que contaminen el ambiente.

Para lograrlo es necesario concienciar nuestros actos y tener una verdadera voluntad de cambiar en algo las injusticias que cometemos. A veces, pienso que no es fácil la tarea, todos decimos que nos preocupa el deterioro del planeta y siempre estamos dispuestos a echarle la culpa al otro, que si levantaron grandes moles de cemento paralelas a la playa, que si los incendios provocados, industrias contaminantes…

¿Y nosotros?, poca educación y poco respeto, por no decir ninguno… Las zonas de descanso, las áreas recreativa de montes u otros lugares se parecen cada día más a un vertedero…

Desde este lugar me gustaría pedir un poco de respeto por el Medio Ambiente, no cuesta nada guardar la basura en una bolsa y luego tirarla en una papelera o contenedor y si no hubiera, tampoco sería problema traerla de vuelta a casa.

No podemos arreglar los grandes problemas pero en las pequeñas cosas si podemos hacer algo ¿no les parece?