viernes, 27 de agosto de 2010

Demasida quietud...


Estos días me apetece releer viejos libros, ver viejas películas… La vida es complicada, alegría, dolor. Todavía no llegó Noviembre, para mi el verano está pasando sin disfrutar lo que más adoro: el mar...
Los días de finales de agosto son hermosos, un milagro cada día cuando sale el sol y rompe la bruma, cuando se va ocultando poco a poco en la montaña lejana. Por las noches, tan limpias, las estrellas brillan como haciéndote guiños, y la luna es enorme, como una bola de luz allí al Este de mi ventana.

Sweet Novenber

Director: Pat O´Connor
Protagonistas: Keanu Reeves, Charlize Theron

Posiblemente para algunos sea mejor y más poética que “Otoño en Nueva York” el problema es que si ves primero una la compararás con la otra y viceversa.
La fotografía de la ciudad de San Francisco me encantó, hay escenas muy hermosas y tiernas con una luz que tan pronto te hace sentir viva como melancólica, y es que la ciudad es ideal para un cuento de hadas. Por un lado: moderna y materialista y por el otro innovadora y bohemia.

Así son los personajes de la película, totalmente distintos… Nelson Moss un exitoso profesional del mundo de la publicidad, trabajador compulsivo obsesionado por los bienes materiales, Sara Deever una chica vegetariana, protectora de los animales, despreocupada y liberal, claro que desde el inicio de la historia sabes que guarda un secreto, al menos para mi era previsible.

Indudablemente se conocen por casualidad y esa chica medio loca y muy tierna dispuesta a disfrutar cada instante de la vida, se impone en la vida de él y lo invita a vivir juntos el mes de Noviembre... ¿Por qué? "es un tiempo lo suficientemente largo como para ser importante, pero al mismo tiempo lo suficientemente corto como para no ser un problema”.

Me gustó como metáfora: “cuando el amor llega a ese momento perfecto darle fin, para que no termine en rutina, para conservarlo en el recuerdo para siempre”… Cuántas veces no idealizamos ese tipo de relación; libre, sin expectativas, sin presión, sin ataduras.

El final por supuesto acorde con esta filosofía, no voy a desvelarlo para que vean la película. Simplemente diré que te deja esa sensación de cuando ves en el cielo una estrella fugaz. Valoro la cualidad de la protagonista: el placer de dar, él, quizás es quién sale mejor parado de la situación, tiene la oportunidad de continuar con su vida de antes pero sabe que puede y debe desarrollarse como persona.

jueves, 26 de agosto de 2010

Otra vez...


¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?

Los motivos de los conflictos siempre son los mismos: la raza, la nacionalidad, la riqueza y la religión, porque en vez de respetar hay que excluír lo diferente.

No voy hablar de las guerras, no voy a entrar en si está bien o mal que las fuerzas desplegadas en países en conflicto se eternicen en situaciones cada vez más estancadas.

El Capitán José Mária Galera, el Alférez Leoncio Bravo y el traductor Ataollah Taefik Alii, han muerto en la base afgana de Qala-i-Naw, víctimas de un atentado terrorista.

Me pongo en el lugar de sus madres, porque la ley natural es que los hijos sobrevivan a los padres. La muerte de un hijo debe ser una de las experiencias más devastadoras… Intento imaginar el rechazo a la noticia, ese dolor desgarrador cuando en lugar del abrazo al hijo que llega, te entreguen un féretro, una bandera, y una cruz de distintivo colorista…

Nada puede ejercer de anestesia emocional... ¡Mi más sentido pésame!.

martes, 24 de agosto de 2010

Nada es para siempre...

Hoy me gustaría tener un bebedizo mágico que pueda calmar tu dolor, ese grito interior que ahoga porque falta su presencia; la cotidianidad de caricias y besos, de indefinidos momentos donde la sonrisa todavía no se quedó dormida en el recuerdo.

La tarea de olvidar no es fácil, no hay recetas milagrosas; rascar el gotéele resulta trabajoso, la mente no es una pizarra donde se escribe con tiza, se tallan las vivencias con punzón y siempre quedan grietas por mucho empaste que pongas; buscas la llave de la luz y sólo hay cables sueltos que te dan calambres en el corazón; eso de el tiempo dirá…, es un comentario odioso. En los sentimientos no hay términos medios: se ama o se intenta olvidar…

Los especialistas, dicen que hay que deshacer el lazo con el pasado y seguir adelante, que quienes se quedan añorando no pueden construir el futuro. Aunque después del adiós se tenga la sensación de estar en ruinas no debemos entregarnos a la nostalgia.

Sin embargo es imposible olvidar, la memoria es un cofre que se va llenando de experiencia. Aprenderás a vivir sin esa persona, sin los momentos, sin las vivencias que no se deben manchar con rencores, porque es hermoso mirar las huellas que hemos amado, y con el tiempo, si ese que no termina de pasar, aprenderás que no fueron inútiles los días y las noches que le diste.

La vida sigue y tú eres libre, no hace falta que corras; detente, haz un alto en el camino y recoge las pequeñas cosas... Intenta llevar la experiencia en tu corazón como algo hermoso que has vivido. Es una más de las lecciones que todavía te quedan por aprender. Como decía Alfonsina Storni:
“Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será".

jueves, 19 de agosto de 2010

Conversaciones en el balcón...


¡Ay hija!, tiempos malos eran los que yo viví…

La que habla es mi madre sentada en un sillón en el balcón, lentamente se recupera de la operación de corazón abierto, rodeadas de geranios pasamos las tardes recordando anécdotas, hoy fue como una lección de historia.

…Cuando yo nací estaba en el poder Primo de Rivera, las tierras del campo eran de terratenientes, los jornaleros trabajaban de sol a sol, y los sueldos eran muy pequeños; otros se enriquecían con el estraperlo. Tu abuelo cuando venía de la RENFE tenía un taller y arreglaba paraguas, y utensilios caseros, eran un chapuzas como dicen ahora, pero entre eso, y las clases particulares a sus compañeros que no sabían ni firmar, íbamos saliendo adelante.

Con la República, mi padre, tu abuelo, pudo ejercer de maestro en una aldea cercana, a donde iba todos los días en bicicleta pero el país no mejoró; dijeron que iban hacer una reforma agraria que prohibiera a los propietarios de tierras que echaran a los campesinos que tenían arrendadas las tierras. También querían obligarlos a contratar para el trabajo a jornaleros del municipio, y si no cultivaban sus tierras se las iban a confiscar, pero al final todo quedó en nada. El pueblo siempre lleva las de perder y las organizaciones obreras se enfrentaban a grupos de pistoleros al servicio de los intereses de los patronos.

Me acuerdo que también había mítines para las elecciones, las mujeres iban a votar por primera vez, cantaban algo así como: ¡arriba los pobres del mundo!... Les regalaban unos chuscos de pan blanco y mi madre, tu abuela, nos llevaba a tu madrina y a mí para hacerse con más bollitos, luego los guardaba en una faltriquera debajo de la chaqueta y a la noche parecía Noche Buena.

Después del Alzamiento Nacional, tu tío como cumplía 18 años fue reclutado para la guerra, ¡ay!, cuánto sufrimos… Tu abuelo tenía fama de rojo y en la calle vivía un fascista de las JONS que era un bicho, la escuela se convirtió en una forma de adoctrinar a la población en los valores del régimen y le dieron la escuela a ese hombre que ni maestro era.

Aún no tenía 13 años y tuve que trabajar de niñera de una familia pudiente, donde la señora era secretaria de la Sección Femenina, cuidaba niños cuando no era ni adolescente.

Cuando acabó la guerra los presos políticos trabajaban para empresarios privados, el estado era el perceptor de la soldada y muchos se hicieron ricos empleando a estos hombres que eran como esclavos, tu abuelo siempre dijo que ellos fueron los que rehicieron España...


Ahora en la noche, no quiero que se pierdan estas palabras. Las madres de mi generación, tenían un papel insignificante en la sociedad, su trabajo no se valoraba; fuimos las hijas las que luchamos contra fundamentalismos y por valores democráticos.
Esas madres son heroínas silenciosas, nosotras ruidosas a favor de un feminismo de igualdad al lado del hombre. Hoy deseo a mi hija y a las mujeres de este siglo que sigan luchando de modo pacífico con las palabras; seguras pero cálidas… Nuestros hijos son nuestra esperanza en un mundo que los quiere arrastrar al fatalismo y a la resignación.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Deshojando margaritas...


Esta tarde después de ver el modelito veraniego de mi hija y escuchar a mi madre decirle que a dónde iba con esos pantalones rotos, pienso en lo hermoso de las etapas de la vida.

Al iniciar la juventud nos preocupa un granito inoportuno, pero derrochamos el tiempo, las desilusiones son pequeños inconvenientes. No obstante empieza el gusanillo de la inseguridad... ¿qué le gusta a los demás de nosotros?...

Te acercas a los veinte y aunque seas universitaria sigues luchando contra las pequeñas imperfecciones; te fastidia no poder ponerte la ropa que se ponen tus amigas, la herencia genética o la comida basura te devuelve una imagen gordita o demasiado flaca.

Pasas de los treinta y ya tienes que disimular un aspecto cansado por los excesos, y a los cuarenta, intentas que el maquillaje borre la arruguita del entrecejo o las patas de gallo, mientras luchas con la operación bikini y presumes del lugar al que fuiste de vacaciones, aunque en realidad cambiaras el piso de la ciudad por uno junto al mar y pasaras el mes poniendo lavadoras, cocinando, intentando que los niños no se perdieran en la multitud, eso si, tienes colección de vídeos para presumir y dar la paliza a los amigos.

Según vas subiendo la escalera y te acercas al medio siglo encuentras que el espejo te devuelve una imagen que no se corresponde con la que tienes formada de ti, entonces o aprendes a convivir con esa “señora” o te dejas un dineral en potingues buscando algo que ya no existe…

Lo bueno de los años es que empiezas a valorar las pequeñas cosas, a los amigos de verdad que siempre sobran los dedos de la mano para contarlos; lo que diga la gente deja de tener tanta importancia y aunque por dentro estés pensando: ¡menudas batallitas me está contando!, tienes una sonrisa amable porque ya aprendiste a dominar los impulsos.

En fin, todos tenemos cualidades únicas que de alguna manera hacen que la química funcione, en cada uno de nosotros hay algo que, sin importar la edad, incluso aunque el espejo nos devuelva una imagen corrientita y una apariencia discreta, llamará la atención y puedes encontrar una mirada de admiración que haga tu día brillante.

Lo hermoso es que te quieran sin intentar cambiarte, si intentamos mostrar algo que no se corresponde con la realidad por agradar, no seremos felices, ni haremos feliz a nadie, simplemente intentaremos vivir una obra de teatro y al bajar el telón no sonaran los aplausos.

lunes, 9 de agosto de 2010

Decíamos ayer...


Iré paso a paso, intentando aceptar lo que no se puede cambiar…

Después del torbellino emocional y físico de esta ausencia, la luz de la pantalla me permite encontrarme con todos vosotros: “mis queridos amigos de palabras compartidas”… Últimamente me siento frágil a pesar de mi coraza de hierro, y os confieso que incluso he vertido alguna lagrimita leyendo tantos mensajes de afecto… ¡GRACIAS!, ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!, por estar al otro lado de la ventana, sois como un bálsamo mágico capaz de curar todas las dolencias.

Las manos en el teclado primero acarician, como intentando reconocer el tacto de algo querido, las ideas se agrupan, todas quieren salir a la vez por lo tanto no sé cual saldrá primero…

He pasado la revisión en el taller de reparaciones, cuando tienes cáncer aprendes a vivir en libertad condicional y así estaré hasta finales de septiembre.

La experiencia con mi madre en el hospital nos alteró lo cotidiano a todos los integrantes del nido, pero me sirvió para comprobar, una vez más, el orgullo que siento de tener tres hijos que han intentado compaginar sus vidas para facilitar la de esta alondra, y ese amor precisamente, es la sal que realza el sabor del guiso que llevo treinta años cociendo lentamente.

Intentando recuperar el equilibrio entre mi mente, mi cuerpo, y mi corazón, poco a poco volveré a dejar que la imaginación se convierta en la loca de este blog. Ahora mismo voy a tomar un cafecito y enterarme si los geranios siguen floridos en cada una de vuestros lugares.