miércoles, 14 de julio de 2010

¡Hasta pronto!


El hombre, llamado a morir un día, tiene frente a sí dos perspectivas; la resignación o la rebeldía hecha de un deseo de vivir lo que queda por vivir. (Maud Mannoni)

Las personas somos como las carreteras, con rectas, curvas, subidas, bajadas... tomo esta frase leída alguna vez para intentar escribir algo, los últimos días se me hace cuesta arriba, no tengo ilusión por hacer nada, sólo dejar pasar el tiempo enclaustrada en mi caparazón como una tortuga, intentando sacar fuerza de flaqueza con la dichosa angustia que siempre llega unos días antes de ir al taller de reparaciones…

Con los años algunos rasgos que nos han caracterizado durante toda nuestra vida empiezan a relucir con más fuerza y esta alondra se vuelve testaruda; siempre fui una persona independiente, la soledad no me da miedo y convivir con la leucemia ya se convirtió en una lucha también individual… enferma, pero consciente de que no debo arrastrar a otras personas mientras pueda, de lo contrario sería como una hoja al viento…

Esta vez se complicó todo, en la otra cara de la moneda están mis padres a los que la vejez llegó a los 85 años; los adultos no siempre sentimos ni actuamos como “viejos”, y es que entre nosotros hay “viejos” de 20 años y “jóvenes” de 90, pero los años no perdonan y además de mis problemas personales tendré que llevar el peso de lo que invariablemente tenía que llegar…

Cuidar a un anciano enfermo puede resultar una gran carga emocional y física, ya pasé la experiencia: sólo ellos sufren, sólo ellos tienen necesidades; la atrofia de facultades y una sensibilidad muy agudizada al dolor les hace tremendamente egoístas, pasas a un segundo plano.

Saber que tengo que volver a empezar me tiene entre la espada y la pared con la sensación de sentirme emocionalmente atrapada, y a la vez culpable, porque nadie mejor que yo sabe de la necesidad de ser escuchada, comprendida... porque nos sostenemos en las miradas de cariño pero la generosidad también tiene límites.

Bueno, iré paso a paso, intentando aceptar lo que no se puede cambiar.

viernes, 9 de julio de 2010

Aventura...


Imágen de: www.taoss.com.mx/mundografico

A veces las obsesiones se presentan de forma fulminante y surge la bestia biológica de carne y hueso que se esconde dentro de cada uno de nosotros. Se crea la motivación y buscamos una razón interna para actuar.

Eso le ocurrió a Patricia, deseaba sentirse hermosa, dejarse invadir por la admiración y el deseo del otro. Oscurecer el razonamiento como si bajara la persiana y la luz se difuminara, bailando entrelazada a ese cuerpo que sin darse cuenta volvió a traerle ilusión, el deseo, unas manos acariciado su piel con avidez y le fueran quitando los prejuicios que se habían ido asentado como telarañas en las paredes de habitaciones que no se abren.

Todo en su vida era predecible, un día igual al siguiente, eso tenía sus ventajas pero se perdía la magia. Patricia quería dormir desnuda y que esas mariposas que sentía en el estómago cuando oía su voz, fueran recorriendo su cuerpo y le dieran la locura que la rutina dejo olvidada en un cajón. No obstante, cuando le tenía cerca se sentía miedosa, esperaba más que actuaba. Le preocupaba el riesgo, quizás de ahí partía el deseo, lo prohibido despierta los instintos…

No buscaba razones para culpabilizarse, sólo sabía que sus días eran radiantes desde el comienzo de aquellas llamadas, de aquellos encuentros casuales…

Aceptado el desafío, desde lejos sonríen, se besan en las mejillas, se miran, uno frente al otro… La tarde lluviosa, ambos presurosos, nerviosos, hablan de tópicos…
Ya están en el ascensor, espontáneamente se dan un beso rozando apenas los labios.

Dentro de la habitación, inseguros, se sientan a los pies de la cama, unen las manos, se acercan, se tocan, se huelen. Sus alientos danzan, se juntan y se dispersan los dos espacios en uno sólo.

- ¡Has venido!, le susurra él.

-¡No debía!, ¡no se que estoy haciendo aquí!… contesta ella.

- Lo que ambos necesitamos… le responde una voz rozando sus labios

El hombre la mira y en sus ojos descubre su firme decisión. En los de él chispitas de colores que son el vértigo que ella necesita…

Ambos no deben, pero no pueden evitar la tentación y no quieren perder el momento; se besan apasionadamente, se funden y danzan, se tocan y se alejan, elevándose y ascendiendo y volviéndose a juntar después...

Se impregnan de un mismo olor, mientras sus cuerpos se sacian, ríen como chiquillos haciendo una travesura... No se sienten culpables, no sienten que traicionen. Es una batalla distinta a su realidad. Ninguno cambiará su vida por el otro, aunque siempre alguno tiene más que perder que el otro, o ¿pierden y ganan los dos?...

Ella dice: - ¡No te amo!, ¿me amas tú?

Él contesta: -Daría por ti lo que no tengo. ¿Es acaso mi culpa amar a quién no debo?...

Se dejaron llevar… los besos brotaban del manantial del abrazo y no había aire de por medio en el pleno contacto: piel, calor, humedad…

La palabra amor no estuvo presente, sólo emitían notas de alturas variables; ninguno buscaba compromiso, pero la distancia había desaparecido, no recordaban haber comenzado a abrazarse ni imaginaban final alguno para aquel fluir de hambres del cuerpo… era su momento en el tiempo.

Se despidieron sin promesas, en cada uno de sus hogares estaban los gestos de la convivencia, las palabras que ya no se repetían porque se daba por echo que el amor estaba presente, el encuentro de un cuerpo amigo bajo la sábana en donde buscar el abrazo que alivie la derrota, la sonrisa tierna de una la soledad compartida.

En el garaje, antes de salir del auto, Patricia se miró al espejo, se aliso el pelo, nada en su apariencia que fuese a alterar el orden de las cosas; lo vivido se quedaba atrás, pensó que todo estaba bien y que era mejor que todo siguiese así, había un orden para todo…

Al cerrar la puerta del ascensor decidió que lo volátil se evaporaría y ella se quedaba con la seguridad, y el calor del hogar. Respiró fuerte y como una tarde más le dio la vuelta a la llave en la cerradura.

martes, 6 de julio de 2010

La vecina...


Hoy al mediodía estábamos con el primer plato y llaman a la puerta…
Abre mi marido y una vecina le dice:

- Tengo vuestro canario en mi casa.

- Imposible, se murió hace tiempo, habrá escapado de algún otro piso o del edificio de al lado.

- No, vosotros teníais un pajarito y yo no lo quiero lo voy a soltar por la ventana.

Al escuchar la conversación salgo de la cocina y le digo:

- No hagas eso, los canarios no saben vivir en libertad y se morirá, mejor pregunta a otros vecinos o lo llevas a la pajarera del parque.

- Ah no! Yo lo tiro ahora mismo por la ventana.

- Bueno mujer no te pongas así, subo al desván a ver si encuentro una jaula y voy a tu casa.

Se marcha mi vecina, mi marido a todas estás, se había vuelto al comedor y muy enfadado me dice:

-¡Lo que nos faltaba! Esta mujer el lunes vino aquí a reclamar el periódico porque no estaba en su buzón, el miércoles te dice que la chica que vive en el piso de arriba trae al novio a su casa y la despiertan cuando hacen el amor, y hoy tienes que adoptar un canario…

-Está muy sola y con nosotros tiene confianza, ¡tranquilo!... Pongo un cartel en el portal y otro en la panadería y seguramente aparezca el dueño.

Con la jaula en la mano voy al piso de mi vecina a recoger al canario, lo encuentro asustadito en una caja de zapatos… Una vez se vio en la jaula empezó a saltar de un palo al otro; era muy jovencito, las plumitas de su cola todavía eran pequeñas, su color amarillo fuerte con una manchita marrón encima de la cabeza y una de sus patitas anillada.

La mujer ni quiso ver el pajarito, me abrió la puerta como queriendo que lo llevara lo antes posible.

Llego a casa, admiramos al canario, le ponemos agua en el bebedero y le doy un poquito de lechuga mientras mi hija preparaba los carteles para salir a comprar alpiste y pegarlos. En eso vuelven a llamar al timbre y ahí tengo otra vez a mi vecina acompañada de uno de sus hijos y tres nietos.

-¡Dame el pajarito que lo quieren mis nietos!

Me voy a la galería traigo la jaula, me la arrebata de las manos y sale rodeada de sus nietos chillando histéricos.

Mi costilla con un enfado tremendo le dice al hijo:

- ¡La jaula me la devuelves!.

Si, si, perdona, mañana te la traigo, ya sabes como es mi madre…

jueves, 1 de julio de 2010

Quisiera que supieras...


Me preguntaba una amiga cual era el secreto de treinta años de matrimonio en armonía…En el momento no supe que contestar. Simplemente le dije: creo que el amor es un encuentro de un «yo» con un «tú» para formar un «nosotros». (Últimamente utilizo mucho las frases, de esta desconozco el autor)
Ahora cuando ya la oscuridad cubre el cielo y me asomo a esta ventana, tarareo una canción…

"Los ojos de mi amado
son de pan tierno
y los míos de hambre
se están muriendo"…


La vida puede cambiar en un instante pero cuando yo no esté me gustaría que quien hizo el camino a mi lado no cerrara los ojos, ni los oídos, ni la piel, y sobre todo no cerrara las puertas de la ilusión y siguiera los impulsos de su corazón porque siempre habrá momentos para los sentimientos cálidos que arropen las noches y los días…

Que supiera que mi mente no había envejecido y seguía permaneciendo joven, impulsiva y soñadora, atrapada fatalmente en un cuerpo que se deteriora. ¿Se han dado cuenta de que las fechas del alma no coinciden con las del calendario? …

Los años pasaron pero yo todavía conservo la ilusión. En la novela de mi vida están escritos muchísimos capítulos a su lado y sigo considerando que es mejor enfrentarse a las realidades que le afectan a uno, en buena compañía.

Aunque parezca mentira todavía existe el amor de dos personas que no sólo buscan penetración sino compenetración. Intimidad real, conocimiento mutuo, entrega desinteresada, balsámica ternura, sobrellevar los defectos, compartir la pena y la impotencia que pueden generar en nosotros infinidad de aspectos del camino, en definitiva, pelear juntos la gran batalla de la convivencia. Esto es el amor con “mayúsculas”…

Una atracción o aventura, de momento, puede parecer maravillosa, pero a la larga es fácil que caiga en las mismas dificultades, incluso en la apatía de un matrimonio estable que no supo buscar minutos para la mutua compañía. Las aventuras sexuales sin amor, duran más o menos pero antes o después terminan, y generalmente, con la misma rutina que utilizamos como excusa para acallar la conciencia.

El amor con “mayúsculas” no excluye los conflictos. Pero hay que tener tesón e intentar solucionarlos. Aclarar las cosas sin herir. Más que buscar culpables, hay que buscar soluciones. A lo largo del camino nos vamos auto conociendo y compartiendo conocimientos con y del otro. Es una fusión sublime y merece la pena.

El desquiciamiento del hombre y la mujer en este momento de la historia cada vez va a más. Estamos instalados en una estupidez y una mentira absolutas. La gente no sabe realmente qué hacer con su vida. No cruza el río, se deja llevar por él. Es todo muy preocupante parece que sólo el egoísmo es el diosecillo de barro que impera; el placer al cuerpo y del cuerpo, el éxito social, el bienestar, y nos olvidamos de lo más importante: el amor no tiene urgencia, sino lentitud; una lentitud de caricias, de miradas, de sentimientos “con pasión” o “compasión”… ahí, uno al lado del otro para apretar fuerte la mano si es necesario, y a la vez la suficiente generosidad para caminar juntos pero libres.

Cuando tenga que dejarte para siempre, recuerda nuestras emociones, sonríe o llora con el recuerdo de las experiencias compartidas… si ya no hay vuelta atrás dame el lugar que me corresponde en tu corazón, y sigue caminando…