martes, 29 de junio de 2010

Una vida por delante...

Hoy pasé la tarde tumbada en el sofá, cansada de estar cansada… lo peor es la sensación de no querer hacer nada, absolutamente nada...
Las buenas intenciones que escribo a mis amigos de palabras compartidas, la energía que intento regalar a los que quiero me suenan a eslogan y bla, bla, blá…

Para intentar entretener este estado de ánimo pongo una película. El director retrata muy bien historias de seres humanos normales y corrientes con sus flaquezas y, al mismo tiempo, su capacidad para vencer cualquier problema.

Género: Drama
Director: Lasse Hallström
Protagonistas: Robert Redford, Morgan Freeman, Jennifer López y Josh Lucas
Duración: 107 min


La historia comienza, cuando una mujer es maltratada por su compañero y la hija le dice: -dijiste que si había otra vez nos iríamos, ¿que esperas?...

En la huida la niña se entera que tiene un abuelo y que su madre anda dando tumbos porque no se perdona que ella condujera el coche cuando su padre murió en el accidente.

El abuelo, amargado, porque nadie debería sobrevivir a un hijo, malvive en compañía de otro hombre que había trabajado para él y por estar una noche lleno de alcohol no le pudo salvar del ataque de un oso.
Excelente la escena en que la niña les dice: -Yo tuve una profesora que era lesbiana, ¿vosotros sois gays?...

Es una película de sentimientos en donde adivinas el final… pero te gusta porque te das cuenta que a veces te sientes tan mal que no te decides hacer un cambio porque crees que mereces lo que te pasa… porque crees que si hay un pastel a ti te dieron el trozo más pequeño… porque darías parte de tu vida por recuperar un minuto especial... y al final siempre hay una razón para todo.

En la película ves que nadie tiene una receta para ser feliz o resolver problemas, se afrontan desde distintas perspectivas: Robert Redford desde el pesimismo y el resentimiento; Jennifer López desde la resignación y la lucha, y Morgan Freeman desde el optimismo y la valentía.

Aunque los años pasan, Robert Reford sigue siendo el número uno, opinión personal. La verdad es que todos bordan el papel, incluso el oso, metáfora de vencer el miedo, de olvidar viejas heridas, de dejar marchar a los fantasmas y perdonar aunque eso signifique reconocer que te has equivocado.

jueves, 24 de junio de 2010

Todo puede ser...


Resumen personal de un artículo de Carlos Fresneda, periodista residente en N.Y. publicado en la revista Integral.

Tus certidumbres se desmoronan. Te sientes como un árbol en invierno, tembloroso y desvalido, en medio de un violento temporal. Estás en crisis. Donde menos los piensas “un manual de economía” obtienes la respuesta: “Una crisis es una tremenda ocasión que no podemos desperdiciar” (Paul Romer, Universidad de Stanford)Sigues el consejo y te conviertes en frío analista económico de tus circunstancias, estudias las causas como el Ibex 35 que determinaron la subida fulgurante que precedió a la gran caída, como lleva ocurriendo desde mucho antes del crack del 29.

Ciertamente las acciones como las emociones, se inflan por encima de su valor real. No conviene torear una crisis cuando estás en medio de un vendaval. Mejor dejarse voltear, morder el polvo si hace falta, y luego ya vendrá el tiempo de sacudirse. Según los economistas no hay quien nos libre de un buen batacazo cada diez años. En una palabra, el fantasma de la Gran Depresión está siempre presente.

Cuando el invierno dure más de la cuenta y no ves el momento en que vuelvan a brotar las hojas, entonces cambias de disco y pones el Roadhouse Blues de Jim Morrison: “El futuro es incierto, el final está siempre cerca”… comienzas a decirte cosas que nunca te dijiste, te asomas al mundo con otras pupilas y conviertes la crisis en aprendizaje.

En momentos de crisis puedes estrellarte sin paracaídas o rozar la cima de lo imposible... En momentos de crisis aprendió el hombre a volar, se encendió la luz o saltó la chispa de la relatividad… ”En medio de la dificultad, surge la oportunidad”, palabra de Albert Einsten.

martes, 22 de junio de 2010

Entre amigas...

Si no eres lo suficientemente previsora, y te dejas llevar por todo lo que conlleva la vida en común de pareja, puedes encontrarte alejándote de tus amigas de toda la vida y adoptando los amigos de tu esposo, cosa que él no hace con el mismo agrado.

María, tuve el buen acierto de conservar no las de la niñez perdidas en la distancia, pero si las de su época universitaria. Quizás porque algunas coincidieron en la misma ciudad pero sin ellas, sabe que no sería la misma persona, fuerte en su debilidad.

Los viernes a las siete de la tarde, cinco mujeres con formas de ver la vida y profesión diferente se reencuentran en la misma cafetería. Después de los saludos de rigor y las novedades de la semana, la tertulia nunca sabes que camino llevará...

La tarde es gris, y la llovizna pertinaz, hay caras de aburrimiento. Una pregunta aparece rompiendo el aire:
-¿Qué pediríamos si nos concedieran un deseo? …

María no lo dudó fue la primera en decir: - un viaje a…

Susana mirando la tarta de chocolate que le había traído el camarero dijo bajito: - ponerme bikini este verano.

Los deseos iban surgiendo y producían un efecto lúdico, alrededor de la mesa eran mujeres que robaban un par de horas a sus vidas organizadas para recordar su libertad individual, tan lejana que incluso en algunos momentos les parecía mentira haberla vivido.

Una mano removía lentamente la cucharilla del café, otra parecía buscar algo en la taza vacía, alguna se retiraba el pelo y lo recogía en un moño imaginario; el silencio planeaba en el aire, la mente volaba a tiempos donde la ilusión juvenil daba alas para creer que iban a cambiar el mundo.

La primera voz dijo que el amor es una trampa para la mujer: -te das cuenta demasiado tarde, suerte si te sale bien y tienes un compañero que te permite una convivencia agradable.

La segunda voz sonó triste y comentó que después de tres relaciones fallidas y con rollitos esporádicos tampoco estaba para entonar ¡aleluya!...

Lo que empezó como un juego de “qué harías…” siguió con tal cantidad de medias verdades que se dieron cuenta que los años no las había cambiado tanto.

Inés, tenía negocio propio y decía: -Si ahora quedara sola nada de complicarme con una nueva pareja en convivencia, él en su casa y yo en la mía como dos novios eternos, de esa forma disfrutaría de las ventajas y evitaría los inconvenientes de soportar las pequeñas o grandes manías; añoro llegar a casa y tumbarme en el sofá, no estar pendiente de esas labores que no puedes evadir cuando estás en pareja. Le pediría a mi hada madrina tomar un bocata y una copa de vino ante el televisor, poner la música en la cocina sin que te digan: "¡baja el volumen, no oigo el partido!"

La profesional de la medicina, aceptaba la idea y sobre todo no tener que recoger los juguetes esparcidos por el suelo de unos niños que debían haber llegado antes y estaban consentidos en exceso.

La maestra, echaba humo, no sólo de su cigarro; los nuevos padres la tenían al borde de un ataque de nervios con tanto diálogo fácil, mientras los pequeños no recibían ningún punto de referencia y por el contrario demasiada atención olvidando que atravesar dificultades estimula… ¡Menos mal que los suyos ya estaban en la universidad!...

La divorciada, después de un año de liberación, estaba harta de al llegar a casa simplemente la recibiera el gato, con un hijo estudiando en el extranjero prefería la compañía aunque hubiera pequeñas discusiones.

Indudablemente, las cosas se ven según el cristal con que las mires o te toque mirarlas... Al final, todas volvieron a las anécdotas del piso compartido en época de estudiantes. No había compromisos, la convivencia no te gustaba, te ibas para otro y solucionado.

Entre ellas hubo una gran complicidad, en algún momento podía volar el libro de derecho romano o la pantufla en forma de oso contra la mesa de estudio, pero todo quedaba en un arranque espontáneo para liberar la adrenalina de haber perdido el tiempo y dejar tanto que estudiar para el final de curso. El desorden no tenía importancia; no lavar los platos hasta que los necesitaran tampoco, que alguien pusiera tu falda favorita o gastara tu crema de dientes no significaba un más allá de: - "¡ya te vale!"...

Las risas se adueñaron de la mesa, hablaban quitándose las palabras unas a otras… Cuando se agotó la tarde una vez más agradecían la merienda-terapia. Con los besos de ¡hasta la próxima semana! sentían en el fondo del corazón que la empatía de nuevo había hecho el milagro, y María les recordó la frase que invariablemente decía cuando iban al cine: -"esos no saben que la vida les empieza ahora, después de la palabra FIN"

viernes, 18 de junio de 2010

Tesoros en la red...

Foto realizada por Sibaris

Este poemario llegó a mis manos dedicado por un amigo de palabras compartidas igual que vosotros, se llama José Antonio Mialdea. Nos conocimos en un foro donde alondra comenzó su vuelo.

Mi impulsividad me llevó a decir que sus poemas me “inquietaban” y es que las palabras que otros crean puedan reflejar lo que aflora en nuestra alma, y en ese momento la mía estaba llena de fantasmas.

Debo confesar que soy lectora voraz de prosa, y pocos eran los autores poéticos que lograban emocionarme; en las diferentes respuestan que ambos fuimos dejando en "El Refugio", así se llamaba el lugar, surgió la curiosidad de leer con ojos nuevos esa formula musical de verter palabras, y es que el poeta del que hablo, tiene el don de abrir una lucecita en los corazones.

Guardo alguna de sus frases:

... “Siempre defenderé que la luz de un poema, su brillo, poco tiene que ver, en muchas ocasiones, con quien lo escribe, sino más bien con el corazón hermoso que lo lee.”…
... “No sólo es el texto el que te aporta a ti, sino que tú también le aportas todo lo que llevas dentro de ti”…

El poemario es pequeño, apenas 62 páginas en edición rústica. La ilustración de la portada está basada en un dibujo de quién les escribe, gracias a la magia de Internet el poeta logró que mis manos volvieran a dibujar unas “manos” intentando interpretar lo que él deseaba.

Tiene una maravillosa presentación de Pere Ballart Fernández que nos pide que no escuchemos como se oye llover, más bien que nos dejemos empapar por sus palabras dejándolas caer sobre nuestro corazón…

En el prólogo Antonio habla de sus vivencias: experiencia y memoria no se pueden entender una sin la otra.

Os aseguro que leer estos poemas es sentir el olor a tierra mojada, el sonido de la tormenta en los cristales, y querer correr bajo la lluvia de la mano de la persona amada…

Para conocer a Antonio Mialdea:

Soñarte así…
Ya sabes que te sueño en los perfiles del mundo.
Allí esperaré tus besos cada tarde.
Soñarte es morir, lo sé, pero no importa.
Morir así es como rescatarme
del sueño de tener que vivir clavado en la memoria,
de aquellos besos -¿recuerdas?- que lloraron
en el aire




El No-Lugar donde te sueño

Alargaré mis brazos como ramas
y con ellos rodearé el mar, tus fantasías
y aquella tarde en que por vez primera
de una gota de agua nació el fuego.
Alargaré mis brazos si me dejas
defender la soledad con que te escribo
cada verso, cada tarde, cada océano
acurrucado en las sombras de tu cuerpo.
Alargaré mis brazos muy callado
y regresaré al mismo silencio donde siempre
te recuerdo las mismas veces que te olvido:
el no-lugar donde te sueño.
Ese no-lugar donde te sueño
es tu voz sobre las olas meciendo la tristeza,
el amor invisible que navega a tu lado
sin apenas rozarte.
La noche que sonríe mientras te hiere
con rituales que recorren la flor de tu cuerpo.
Tu ser-de-vuelo, tu secreto en el mar
ahora se desangra y te abre los labios
para que yo muera en ellos de manera inexacta
como la voz sobre las olas cuando mece tu tristeza
en un tiempo en que tú ni eras todavía.


Nota: este texto es de mi autoría, con algunas variaciones fue publicado en http://unpuentedepalabras.blogspot.com/ y en la página Web saborconestilolatino.

sábado, 12 de junio de 2010

Para ti: que te arropaste con palabras...


Hay momentos de la vida que las palabras muestran que estamos obcecados, obsesionados; la vemos como un drama no como una comedia. Nos sentimos abúlicos y caóticos, estamos más en contra que a favor; nos ahogamos en un vaso de agua, nos obstinamos con nuestras razones y nos complicamos con nimiedades.

Cansados de portarnos bien lanzaríamos piedras contra el lugar de trabajo para dejar de ser anónimos y esclavos. Los años pasan y por dentro nos vemos igual, ¿qué demonios es la normalidad?, a veces le dirías: "sinceramente querida me importa un bledo", y otras: "¡todavía te quiero!", el fantasma sigue acechando en la sombras aunque lo niegues...

Nos comemos el tarro, nos patinan las neuronas buscando grietas en el techo, escribimos palabras para vaciar el alma, y el corazón es una cueva oscura; los días rutinarios, en las noches insomnes perderíamos la memoria para formatear de nuevo.

¿Cómo olvidar la hostil existencia y poner proa hacia el sur buscando el puerto?, seguimos arrodillados mirando el mar perdidos en un islote, esperando que alguien nos encuentre; esperando, siempre esperando el momento oportuno y ese nunca llega; dejemos las excusas y olvidemos "el ahora no puedo" y de alguna manera, aquí, allá, empecemos hacer camino al andar...

No te detengas… (Walt Whitman)
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.

martes, 8 de junio de 2010

Esencia...



Pintura de: Ernest Descals




En la calle Primavera todavía quedan dos casas de planta baja, una está cerrada y con las paredes desconchadas, el cartel “se vende” descolorido. La otra acapara toda la esquina, su primer dueño hizo de ella hogar y trabajo e instaló el bar “La Esquina”, toda una institución; fue cambiando ventanas, manos de pintura, pequeñas ampliaciones pero ahí sigue con el espíritu popular y típico. Manuel lo dejó en herencia a su único hijo, buen deportista pero mal estudiante, eso si trabajador incansable como su padre.

Manolo es amable y simpático con unas manos enormes; el rostro bonachón, los parpados permanentemente hinchados que señalan una vida detrás del mostrador manteniendo un local de los que ya pocos quedan: con alma, con ese aire nostálgico, tradicional, y de miles de aromas; donde se reúnen a diario los clientes que ya son amigos a contarse sus penas, jugar la partida de cartas o simplemente dejar pasar el tiempo.

Junto a la puerta de los servicios el viejo futbolín, entre éste y la ventana una enorme cuba hace de mesa, es el lugar preferido de la clientela juvenil, en verano la ventana también es una barra improvisada.

En la mañana la calle huele a café, y ni un sitio libre en las sillas de madera alrededor de pequeñas mesas de mármol con pies de hierro forjado; en “La Esquina” pides un café, lo pruebas y ya tienes claro que volverás.

De vez en cuando Manolo entra a la cocina, el reino de Dolores, madrileña de pura cepa que con dos ingredientes tan simples como un pan de chapata y calamares rebozados te hace el mejor bocadillo que nunca hayas probado. Manolo aparece con dos grandes bandejas llenas de tapas de tortilla, chorizo asado y unas banderillas exquisitas. Las deja sobre la barra y dice: ¡ronda!, y la clientela se las van pasando de unos a otros en un ritual de concordia.

Hace un año cuando Manolo barría y limpiaba las mesas para el cierre, entraron dos individuos que navaja en mano le exigieron la recaudación. Él, con la escoba todavía en la mano los enfrentó causándole rotura de tibia a uno de los ladrones, mientras el otro escapó dejando a Manolo sangrando con la navaja clavada en un costado.

Después de quince días de hospital se volvió abrir el bar “La Esquina” y su dueño enseñaba orgulloso la herida de guerra… poco le duró la alegría, el atraco desembocó en un juicio, la fiscalía acusó a Manolo y al ladrón de sendos delitos de lesiones. La condena ocho meses de prisión y multa de 500€, para ambos.

Hace un mes después de pagar la multa, el abogado le dijo que no se preocupara que no pisaría la prisión porque no tenía antecedentes penales. Eso para él no cuenta, el sentimiento interno de honor es su tesoro, su única presunción: ¡pobre pero honrado!, el narcótico de las clases humildes, una mentalidad amamantada y que le permitía ser feliz.

Se volvió cabizbajo, el rostro rubicundo empezó a mostrar unas ojeras cada día más pronunciadas, su redonda panza desapareció en un visto y no visto, dejaron de escucharse las sonoras carcajadas, servía como un autómata, si alguien intentaba animarlo sus únicas palabras eran: ¡me han quitado la honra!...

Moralmente él defendió lo suyo, tenía toda la razón, pero legalmente el nombre se ventiló en los juzgados, en las páginas de sucesos y eso para un hombre de honor es picadura de serpiente…

Hoy el bar “La Esquina” no subió las verjas, en la calle no huele a café, un cartel pegado en la puerta avisa: “cerrado por defunción”. Ayer, a Manolo le falló el corazón de tanto darlo.

lunes, 7 de junio de 2010

La fantasía es creación y osadía…

Cuando te alcanza la soledad es como si tuvieras un saco muy pesado de días, meses, años y los llevaras sobre la espalda… piensas: ¿dónde se quedaron los sueños, todo lo que una vez anhelaste, todo lo que creíste alcanzar, todo lo que por un momento saboreaste?…

Irene se encuentra así, y la mañana de domingo remolonea en la cama, no le apetece levantarse pero hay que ponerse las pilas; tiene que seguir, es un nuevo día y sabe que no debe perder el tiempo en desazones, en adormecer los sentidos.

La vida se escapa con cada día que nace y a veces, busca reconocer en el espejo a esa mujer nueva que sobrevive de ilusiones prefabricadas, incluso lo hace tan bien que llega a creerlas. Se siente terriblemente sola pero últimamente no soporta la compañía porque es una soledad interior que busca para volar sentada en las nubes de la imaginación intentando evitar el dolor, huyendo de algunos recuerdos, aunque sobrevuelen con ella deseos insatisfechos y tenga la necesidad de mecerse en el viento…

En su película mental a veces moldea un él y una fantasía; en sus brazos le llevará al delirio de una pasión solitaria… Va escribiendo su propio guión, no hay actores que improvisen, todo es perfecto, las manos recorren la anatomía complaciendo los cuerpos, las bocas acaparan, las piernas se enredan, los aromas se confunden…

Logra poner un pie en la alfombra, en el cuarto de baño abre el agua caliente, el vapor empaña el espejo, sólo hay una silueta, no se definen los contornos, lentamente baja los tirantes del camisón, su cerebro necesita desconectar y hace ondas con el pie probando la temperatura en la bañera.

La piel se eriza, el sexo palpita, gira a tope la llave del agua para que el ruido esconda los gemidos, las manos intentan imitar habilidades desconocidas... Aliviada de ese estado de deseo logró hacer morir y resucitar con fuerza los sentidos, todo se diluye como el agua que cae del grifo y se va por el desagüe.

viernes, 4 de junio de 2010

El farolillo rojo


Imagen ♫ Paranoias ♫

Lola era una buena persona con muy mala suerte. Aquella calle antes plagada de bares oscuros y mujeres pintadas en altos tacones, había sido su mundo durante los últimos treinta años. Como cada día daba paseos arriba y abajo subida en zapatos de tacón, ni un posible cliente a la vista. La mañana había sido mala, a primeras horas de la tarde sólo tuvo un servicio. Ejercer su trabajo ya no era fácil, apenas un callejón pequeño donde quedaba un único local que le alquilaba un mísero cuartucho. Los obreros se afanaban levantando el pavimento y ya habían descargado los tubos para el cambio de alcantarillado y demás servicios. Era la última casa en pie antes de ser pasto del furor de la construcción. Los sonidos, los olores del pasado se habían evaporado.

El barrio iba cambiando la estética y la competición era escasa, apenas tres compañeras se cruzaban con ella desgastando el empedrado, todas abundantes en carnes y años mal vividos. Esperando siempre esperando…

Lola naciera en un pueblo de Cáceres, en sus buenos tiempos era “la castellana” con su risa provocativa, bajando copas de anis, era la favorita del “ganso azul”, el mejor lupanar del barrio. Ahora, para el nuevo mercado del oficio más viejo del mundo, instalado en burdeles confortables, generalmente a las afueras de la ciudad y con la competición de carne joven llegada de otros países, ya no era rentable, ni tan siquiera para las labores de limpieza.

Los nuevos habitantes de aquella calle que se iniciaba junto a la Catedral, no eran los que antes venían a comprar un poco de afecto, o rematar sus fiestas etílicas. Eran gente con la billetera llena para pagar los terrenos que antes ocuparon locales a media luz. El barrio era distinto; remodelaron habitáculos miserables y ya no lo poblaban los marginales, ni inmigrantes que encontraban un camastro en alguna pensión de mala muerte. Ahora vivían jóvenes con su primer trabajo, universitarios; había centros de ocio para los pensionistas; niños con sus mochilas escolares, supermercados, cafeterías lujosas, y la juventud que antes se iniciaba con ellas, se reunían en grupos a beber en los espacios verdes y mejor huir antes de que el alcohol los volviera agresivos. Quién iba a protegerles si eran una lacra social y ya no eran bien vistas en su zona que de la noche a la mañana había pasado a ser de las más apetecibles residencialmente de la ciudad. Se buscaba el turismo y los gobernantes decidieron poner manos a la obra; no era conveniente ese submundo marginal junto a los monumentos a mostrar.

Lola no bajó de nuevo la calle, el cristal de la boutique de lencería fina le devolvió su imagen y sonrió con tristeza, apuró el paso para llegar a tiempo a la cena del hogar social; la sopa caliente y el mendrugo de pan… Hacía frío y en la buhardilla donde vivía sólo un brasero daba calor, ya debía dos meses de luz, y no había perspectivas de solución. Mañana era domingo se pondría su ropa más vieja y abriría la mano a alguna moneda a la salida de una iglesia, los limosneros también tenían sus puestos fijos buscaría no enfrentarse con ninguno, cuando el día les iba bien eran clientes potenciales que no podía darse el lujo de perder...

miércoles, 2 de junio de 2010

Con el viento...


En algunas ocasiones asaltas mi pensamiento. Vuelvo a vivir con intensidad aquellos primeros momentos cuando te conocí…

Estabas detrás de una mesa llena de papeles y tus ojos y los míos se encontraron. Sentí como si el universo hiciera explosión, fue entonces cuando sucedió, en aquel preciso instante; jamás he conseguido explicarme como sin querer, sin buscarnos, ese azar caprichoso nos puso frente a frente y nos reconocimos entre los millones de personas de aquella ciudad. Aún no lo sabíamos pero ya nuestros destinos se habían cruzado.

Creo que me quedé porque tú lo quisiste sin embargo tu seriedad me causaba temor, buscaba pasar desapercibida. Los días se hicieron meses, ocultos en la aparente cotidianidad surgieron roces de tus dedos al entregarme un expediente, ojos que se encontraban en los pasillos, en el ascensor, junto a la máquina de café… Las palabras simplemente de cortesía o de obligación pero la expresión neutra de tu cara gritaba en una comunicación visual que dominabas atravesando el cristal transparente de la mía.

El primer beso tan falto de experiencia por mi parte, lleno de miedo y sobrado de amor, surgió en nuestra primera fiesta navideña. Todas las secciones se habían unido y el bullicio nos mezcló. Me sacaste a bailar y después, en mi caso, aquel ron fuerte, me dio la soltura que el miedo y la inexperiencia me negaban.

En el aparcamiento, la frondosidad de los árboles matizaban la luz de las farolas. Había aceptado que me llevaras a casa y sin te quieros, ni palabras hermosas, te acercaste y me besaste dentro del auto. Un violento golpe de lágrimas inundó mis ojos, no podía contenerlo, era como cuando la lluvia del trópico cae con fuerza y arrasa todo…

La historia fue tormentosa, muchas luces y muchas sombras. No importaba nada, estar unas horas juntos era suficiente…

Hoy, repasando los recuerdos, zambulléndome en ellos, comprendo que te busqué en otros labios, en otra piel, en otros abrazos; graso error no te podía desplazar, simplemente hincaba las rodillas bajo la inmensidad del mundo.

Todavía, alguna vez, la brisa del verano parece traerme tu aroma, en el mar se reflejan tus ojos y si cierro los míos tu sonrisa tierna y maliciosa a la vez, cruza como un fotograma de película en momentos inesperados…

Como ladrón escondí tus recuerdos, los fantasmas se quedaron mucho tiempo debajo de una máscara, y creí interpretar un personaje nuevo porque en la vida todo es nuevo cuando se rompe el hechizo del que eres prisionero.

martes, 1 de junio de 2010

Simbad...

Dedicado a: Hadamadrina
Su frase favorita:
Aférrate a los sueños, porque si ellos mueren, la vida se convierte en un pájaro con sus alas quebradas que deja de volar (Anónimo)

El mejor momento para escribir, es sin duda, aquel en el cual no deseas hablar. No se a quién estoy plagiando, pero no importa, en este momento esas palabras son mías.
Los días comienzan a crecer y yo sigo invernando como el caracol, el caparazón se hizo fuerte con los años, y lo uso como una cueva impenetrable para esconder la angustia. Pero las cosas no desaparecen porque dejes de pensar en ellas, el miedo, ese maldito miedo sigue agazapado y va minando la capacidad para lamer heridas. Después de todo lo que alcancé, de todo lo que perdí en el camino, de todo lo que ayudé a construir, sigo exigiéndome demasiado a mi misma.

Sentado en su barca él miraba como el cielo se llenaba de estrellas, también era un superviviente, poca infancia y una adolescencia dura. No había tiempo para los sueños, su vida había sido una continua lucha. Ahora empezaba su otoño y nos encontramos de uno y otro lado del puente.

Inclinado sobre la borda, introdujo la mano en el agua, la pasó mojada por su pelo y encendió el motor. Puso proa hacia mi orilla, para llegar no hacía falta mapa; navegaba por sueños y memorias, eran los únicos habitantes, no había casas, ni gente, sólo arena dorada y agua de color esmeralda que ocultaba los cuerpos, y sólo devolvía palabras.

Simbad es alto, fibroso, moreno, de mirar penetrante, y hablar pausado. Cuando amarra su barca, mi caparazón laberíntico comienza a filtrar la luz y las olas al romper contra las rocas me envían gotas de agua, el milagro nocturno impulsa la metamorfosis... Mi cabello como el sol del verano, los ojos color chocolate, perfumo la piel con flores silvestres y espero al hombre para danzar bajo el manto de estrellas.

No hay miedo, soy etérea, me siento tan liviana que floto en el espacio al menos hasta que suene el despertador. Nada hay tan sensual como unir los cuerpos sobre la hierba húmeda, el reflejo de la luna en las gotas de sudor, la brisa que calma el calor de la piel y huele a canela y nacen palabras nuevas que bailan unas sobre otras y saben a besos… los cuerpos se cimbreaban como las palmeras con el viento del norte, el mundo es el de siempre pero lo hacemos diferente en este cruce de caminos en el aire.

Kilómetros de distancia y silencios para planear caricias que aproximan al paraíso, donde la ilusión nos anida en una nube, y las lágrimas son calidas y suaves porque surgen con el arrullo de los amantes.