sábado, 18 de septiembre de 2010

Ana...

Ana tiene hoy el pensamiento cautivo por fotografías en blanco y negro, fue una niña buena de esas de sonrisa entre tierna y triste; de vestidos impecablemente limpios, de no romper juguetes, de no levantar la voz, la niña que se llevaba a todas partes por su buena educación.

¿Dónde estaba la espontaneidad infantil?..., siempre mirando a los adultos buscando su aprobación. Cumpliendo a pies juntos los esquemas e interpretando las miradas con una sabiduría natural. Ella sabía quién la quería, que la admiraban y odiaban sus amigas, que no debía resultar pesada ni molesta, incluso si alguien la ignoraba actuaba en consecuencia mirando al suelo o al cielo.

Ana era feliz en su inocencia, protegida y jugando en la calle, envidiando a la traste de su vecina que rompía los vestidos al subirse a un árbol, y se manchaba las manos haciendo castillos de barro.

La adolescencia cambió su pelo de amarillo a marrón, de la calle pasó a la casa, los libros y la televisión; las alas siempre recortadas, las piernas juntas, la mente entumecida, la timidez como disfraz; los sentidos bajo candado, los niños con los niños, las niñas con las niñas no pudiera ser que algún beso se perdiera en una esquina.

Muñeca de carne y hueso, creyendo en cuentos en donde piden tu mano y lo que entregas es la vida; hada madrina sin varita que multiplica la carne haciendo albóndigas en la cocina. Producto de una sociedad de diploma de moralina, donde incluso en el confesionario controlaban la fantasía.

Hoy Ana ya no quiere ser perfecta, cumple la rutina y los esquemas pero ya no es esclava, soltó eslabón por eslabón la cadena que la amarraba a esa sensación de control, aprendió que seguridad no es lo mismo que libertad; en la calle y en la casa hay que convivir con dioses y demonios, ya no se deja manipular, ya secó su piel de tanta lluvia de identidad ajena.

10 comentarios:

  1. Creo que a casi todos, de una forma u otra nos "bañaron" en lluvia de identidad ajena. Quizá por eso me siento tan identificada con tu relato, con la diferencia de que era yo la que desde mi terraza envidiaba a mis amigas por estar en la calle.

    Precioso relato.

    Besos

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  2. antes, las mujeres debían ser así. intentar cuestionar ¨algo¨ de lo que era común en aquellas épocas, nos costaba ser mal vistas.

    me alegra que Ana...de alguna forma, se haya atrevido a quebrar las reglas.
    seguramente, debe sentirse mucho mejor: eligiendo, equivocándose y pensando por ella mísma.
    hermoso post!!

    kissess

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  3. Era duro ser niña.
    Habìa juegos de niñas, ropas de niñas, lecturas de niñas, palabras de niñas... y las que salìan de ese camino señalado se tildaban de marimacho.
    Tu historia me llevò lejos en la memoria de una infancia feliz pero muy encasillada.
    Me encantò leerte.
    Besos

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  4. Nos ahorras el dolor, el sufrimiento, la renuncia y la soledad que acompaáron cada golpe de martillo, cada eslabón roto que se llevó parte de su muralla.

    Vale la pena ser libre, pero tiene un alto precio, y no asegura más que eso, la libertad.

    Besos

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  5. Se mujer siempre fue un problema, incluso hoy en día lo es. Bellas pañabras mi niña .
    Un beso enorme

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  6. Bello post, como siempre me hace pensar.....UFFF!!!! qué complicado es aveces todo...y qué difícil.Un beso. Mari Carmen.

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  7. cuánto tenemos todas de Ana!
    recorrió un largo camino para poder elegir y no ser manipulada
    me encantó!

    beso grande

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  8. Como se dice: nunca es tarde cuando la dicha es buena.

    Siempre hay tiempo de rectificar.

    Cariños y buen domingo.

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  9. Pues muy bien por Ana, llegó el momento de ser una misma.
    Muchos besos.

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  10. Mi querida Alondra me encanta lo que has escrito y como lo has hecho, tiene experiencia compartidas por todas las congéneres en mayor y menor medida, si te das cuenta mi blog nació bajo la premisa de libertad, de vivir una vida propia, de Vivir, y quien vive de verdad no busca seguridad, busca libertad, la seguridad implica renuncia, pero también de alguna manera tranquilidad, siempre hay que pagar un precio, un abrazo Amiga

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