martes, 8 de junio de 2010

Esencia...



Pintura de: Ernest Descals




En la calle Primavera todavía quedan dos casas de planta baja, una está cerrada y con las paredes desconchadas, el cartel “se vende” descolorido. La otra acapara toda la esquina, su primer dueño hizo de ella hogar y trabajo e instaló el bar “La Esquina”, toda una institución; fue cambiando ventanas, manos de pintura, pequeñas ampliaciones pero ahí sigue con el espíritu popular y típico. Manuel lo dejó en herencia a su único hijo, buen deportista pero mal estudiante, eso si trabajador incansable como su padre.

Manolo es amable y simpático con unas manos enormes; el rostro bonachón, los parpados permanentemente hinchados que señalan una vida detrás del mostrador manteniendo un local de los que ya pocos quedan: con alma, con ese aire nostálgico, tradicional, y de miles de aromas; donde se reúnen a diario los clientes que ya son amigos a contarse sus penas, jugar la partida de cartas o simplemente dejar pasar el tiempo.

Junto a la puerta de los servicios el viejo futbolín, entre éste y la ventana una enorme cuba hace de mesa, es el lugar preferido de la clientela juvenil, en verano la ventana también es una barra improvisada.

En la mañana la calle huele a café, y ni un sitio libre en las sillas de madera alrededor de pequeñas mesas de mármol con pies de hierro forjado; en “La Esquina” pides un café, lo pruebas y ya tienes claro que volverás.

De vez en cuando Manolo entra a la cocina, el reino de Dolores, madrileña de pura cepa que con dos ingredientes tan simples como un pan de chapata y calamares rebozados te hace el mejor bocadillo que nunca hayas probado. Manolo aparece con dos grandes bandejas llenas de tapas de tortilla, chorizo asado y unas banderillas exquisitas. Las deja sobre la barra y dice: ¡ronda!, y la clientela se las van pasando de unos a otros en un ritual de concordia.

Hace un año cuando Manolo barría y limpiaba las mesas para el cierre, entraron dos individuos que navaja en mano le exigieron la recaudación. Él, con la escoba todavía en la mano los enfrentó causándole rotura de tibia a uno de los ladrones, mientras el otro escapó dejando a Manolo sangrando con la navaja clavada en un costado.

Después de quince días de hospital se volvió abrir el bar “La Esquina” y su dueño enseñaba orgulloso la herida de guerra… poco le duró la alegría, el atraco desembocó en un juicio, la fiscalía acusó a Manolo y al ladrón de sendos delitos de lesiones. La condena ocho meses de prisión y multa de 500€, para ambos.

Hace un mes después de pagar la multa, el abogado le dijo que no se preocupara que no pisaría la prisión porque no tenía antecedentes penales. Eso para él no cuenta, el sentimiento interno de honor es su tesoro, su única presunción: ¡pobre pero honrado!, el narcótico de las clases humildes, una mentalidad amamantada y que le permitía ser feliz.

Se volvió cabizbajo, el rostro rubicundo empezó a mostrar unas ojeras cada día más pronunciadas, su redonda panza desapareció en un visto y no visto, dejaron de escucharse las sonoras carcajadas, servía como un autómata, si alguien intentaba animarlo sus únicas palabras eran: ¡me han quitado la honra!...

Moralmente él defendió lo suyo, tenía toda la razón, pero legalmente el nombre se ventiló en los juzgados, en las páginas de sucesos y eso para un hombre de honor es picadura de serpiente…

Hoy el bar “La Esquina” no subió las verjas, en la calle no huele a café, un cartel pegado en la puerta avisa: “cerrado por defunción”. Ayer, a Manolo le falló el corazón de tanto darlo.

7 comentarios:

  1. A veces hacer lo mejor no te da buen resultado...El pobre Manolo actuó como debía...pero a veces la ley deja un poco de lado a las personas "buenas" y por culpa de otros quedan marcados para siempre...Su honor fue manchado y para él fue lo peor que le pudo pasar...Es triste pero a veces muy real....Un beso Mari Carmen.

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  2. Es muy injusto, estos chorizos de Marbella se llevan un montón de millones, van a juicio, como están acostum,brados a estos tejemanejes se quedan tan panchos, están un tiempo en la carcel y cuando salen tienen dinero para vivir toda su vida sin dar un palo al agua.
    Un hombre honrado defiende su negocio, le meten multa, por pelos se escapa de la carcel y encima le quitan lo único que el valora más que su vida... justicia divina es lo único que nos hace falta.
    Besos.

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  3. Cuando iba leyendo tu entrada, me iba emocionando con el relato porque me imaginaba un bar pequeñito y acogedor como los que había antes, y ya no existen, donde se reunen los amigos, con un propietario que lo atiende todo en plan familiar, pero al ver el final de la historia, me he llevado un gran disgusto porque es muy triste comprobar que un hombre deja su vida poco a poco, defendiendo sus intereses, que es el pan de su casa.
    Como sabes soy de Marbella, Erika lleva razón en lo que dice en su cometario, yo he vivido muy de cerca lo que dice, y lleva toda la razón.
    He visto tu comentario a mi entrada, me ha encantado lo que me has puesto, es cierto que nuestro patrón es nuestro abogado en el cielo, por eso le rezo todas las noches. soy muy devota de San Bernabé, pero no creo que nunca llegue a ser pregonera en las fiestas de mi ciudad.
    Un fuerte beso, gracías por visitarme, guapisima.

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  4. Que tristeza Pajarita, que sucedan estas injusticias, que te llevan a dudar y a enfurecerte con la vida. Con esa "justicia" hecha por hombres, pésimamente usada en manos de quienes la detentan.
    Excelente relato, tu descripción del bar y su cosntumbre, me traslado a los cáfes de aquí en Buenos Aires. La honradez de Manolo a tantos que conocí y conozco, cuyo único "pecado" fue trabajar a brazo partido,sin robar y sin hacer mal alguno, en un mundo, donde esos valores cada vez son menos apreciados.
    Besos con alas.

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  5. Mis queridas amigas de palabras compartidas: el cuento nació de una noticia real leida en la prensa; junto a la casa de mis padres, en un pueblo cercano hay un bar tal cual lo describo, el dueño no se llama Manolo y gracias a dios disfruta de buena salud, pero es un hombre de bien y comparando la noticia con su vida detrás de la barra, mi imaginación creó el cuento con un final dramático...
    Es decir, todo parecido con la realidad es producto de la imaginación de esta alondra que en días grises vuela muy bajo.
    Vuestros comentarios han sido muy acertados, cada día observamos como la justicia no es igual para todos. Besitos

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  6. Real o no....podria serlo el escrito es genial y no muy diferente a lo que puede pasar ...

    Me ha gustado muchisimo...

    Por hoy dejo la lectura de tus post aqui ...en cuanto pueda vuelvo ...

    un beso y felicidades

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  7. Mi querida Azul, me encontré tus respuestas sin moderar y te doy las gracias porque has leido todos los post, ¡eres única!, ya sabes: "cuando quieras y cuando puedas"...
    Un abrazo

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